A todas las almas que visitan a Jesús
La puede rezar cualquiera
A todas las almas que visitan a Jesús en el Santísimo Sacramento, él les dice las palabras que dijo a la sagrada esposa: Surge, propera, amica mea, formosa mea, et veni. Cant. 1. Alma que me visitas, Surge, levántate de tus miserias, yo estoy aquí para enriquecerte de gracia. Propera, acércate a mí, no temas mi majestad, que se ha humillado en este Sacramento para quitarte el temor y darte la confianza. Amica mea, no seas más mi enemiga, sé mi amiga ya que tú me amas y yo te amo. Formosa mea, mi gracia te ha hecho hermosa. Et veni, abrázate conmigo, pídeme cuanto quieras, todo te lo concederé.
Decía santa Teresa, que este gran Rey de la gloria había ocultado su majestad bajo las especies de pan en el Sacramento para darnos ánimo, y que pudiéramos acercarnos con menos temor a su corazón divino.
Cuál alegría debe ser la mía, oh Verbo Eterno hecho hombre y sacramentado por mí, sabiendo que estoy delante de Vos, que siendo un Dios de infinita majestad y de infinita bondad, tanto afecto tenéis a mi alma. Almas que amáis a Dios, amadle aun por mí. María, Madre mía, ayudadme a amarle; y Vos, amorosísimo Señor, que sois el objeto de todos mis amores, haceos dueño de toda mi voluntad, poseedla toda. Yo os consagro toda mi mente para que siempre espere en vuestra bondad: os consagro aun mi cuerpo a fin de que ayude a daros gusto: os consagro mi alma para que sea toda vuestra; querría, oh amado mío, que todos los hombres conocieran la ternura del amor que les tenéis, para que vivieran dedicados a honraros y daros gusto, como Vos deseáis y merecéis: viva yo a lo menos siempre enamorado de vuestra belleza infinita: quiero hacer de hoy en adelante todo cuanto pueda en agradaros: propongo de no omitir obra alguna que entienda ser de vuestro gusto, aunque me cueste el perder todas las cosas; dichoso yo si todo lo pierdo por conquistaros a Vos, mi Dios, mi tesoro y mi amor.
Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.
Las palabras latinas son del Cantar de los Cantares (el libro imprime «Cant. 1»; es Ct 2,10): «Levántate, apresúrate, amiga mía, hermosa mía, y ven». San Alfonso las aplica a quien visita al Santísimo; lo que sigue es su meditación.