Oh Pastor amantísimo
La puede rezar cualquiera
Sto ad ostium, et pulso. Apoc.
Oh Pastor amantísimo, que por amor de vuestras ovejas, no contento con haber muerto una vez sacrificado sobre el altar de la cruz habéis querido muchas veces poneros escondido en este divino Sacramento sobre los altares de nuestras iglesias, para estar siempre más próximo a llamar a las puertas de nuestros corazones, y así procurar la entrada. Ah si yo pudiese gozar de Vos con aquella inmediación que os gozaba vuestra esposa de los Cantares cuando decía: sub umbra illius, quem desideraveram sedi. Cant. 2. Ah si yo os amase, si os amase de veras; también desearía yo ahora de noche y día no apartarme jamás de los pies de una custodia, y allí cercano a vuestra majestad, aunque cubierta y oculta bajo la sombra aparente de las especies sagradas, yo también encontraría aquellas divinas delicias, y aquel contento que en Vos encuentran las almas vuestras enamoradas. Llevadme Vos tras los olores de vuestras bellezas, y del amor inmenso que manifestáis en este sacramento: trahe me post te, in odorem unguentorum tuorum. Cant. 1. Sí, Salvador mío, que desde entonces dejaré las criaturas y todos los placeres de la tierra por correr a Vos sacramentado: sicut novellæ olivarum in circuitu mensæ tuæ. Psalm. 127. Oh cuántos frutos de virtud producen a Dios como plantas nuevas aquellas almas felices que asisten con amor alrededor de la sagrada custodia; mas yo me avergüenzo de comparecer delante de Vos, oh Jesús mío, tan desnudo y tan vacío de virtudes. Vos habéis dispuesto que quien viene al altar a honraros no venga sin ofreceros algún donativo: Non apparebit in conspectu meo vacuus. Exod. 23. ¿Pues qué he de hacer? ¿no parecer más delante de Vos a visitaros? Pero no, que eso no os agrada. Vendré pobre cual soy, y Vos me proveeréis de aquellos dones que de mí queréis. Veo que a este fin os detenéis en este Sacramento, no solo para premiar a vuestros amantes, mas para proveer también de vuestros bienes a los pobres.
Ea, comenzad desde hoy, yo os adoro, oh Rey de mi corazón; oh verdadero amador de los hombres, oh pastor demasiadamente enamorado de vuestras ovejas, a este solio de vuestro amor hoy me acojo, y no teniendo otra cosa que ofreceros, os presento mi miserable corazón para que todo sea consagrado a vuestro amor y beneplácito. Con este corazón puedo yo amaros, con este os quiero amar cuanto puedo. Lleváoslo, y ligadlo todo a vuestra voluntad para que de hoy en adelante pueda también yo decir contento como decía vuestro amado discípulo, que él era el ligado de las cadenas de vuestro amor: ego Paulus vinctus Christi. Ephes. 3. Unidme, Señor mío, todo con Vos, y haced que también me olvide de mí mismo para que un día llegue felizmente a perder todas las cosas, y aun a mí mismo por hallaros a Vos. Os amo, Señor mío sacramentado, a Vos me ligo y a Vos me uno; haced que yo os ame, y no os separéis más de mí.
Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.
El lema latino es Ap 3,20: «estoy a la puerta y llamo». Las otras frases latinas del texto son de la Biblia: Ct 2,3 («a su sombra deseada me senté»); Ct 1,3 («atráeme tras de ti»); Sal 127,3 en la Vulgata («como brotes de olivo alrededor de tu mesa»); Ex 23,15 («no te presentarás ante mí con las manos vacías»); Ef 3,1 («yo, Pablo, prisionero de Cristo»).