← Las 31 visitas

Visita XXI · día 21

Visita al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, de san Alfonso María de Ligorio.

Letra100 %

1. Al llegar ante el Sagrario

Actos que deberán practicarse antes de toda visita al Santísimo Sacramento.

Señor mío Jesucristo

La puede rezar cualquiera

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de día y de noche en este Sacramento, todo lleno de piedad y amor, guardando, llamando y recibiendo a todos aquellos que os vienen a visitar: yo os creo presente en el Santísimo Sacramento del altar; os adoro desde lo más profundo de mi nada, y os doy gracias por cuantos beneficios me habéis hecho, especialmente por haberos dado a mí en este Sacramento, por haberme dado por abogada a vuestra Santísima Madre María y por haberme llamado a visitaros en esta santa iglesia. Yo saludo vuestro amantísimo corazón, y deseo hacerlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este gran don; el segundo, por recompensar en algo las infinitas injurias que en este Sacramento habéis recibido de vuestros enemigos; el tercero, porque con esta visita intento adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado y sois menos reverenciado y más abandonado. Jesús mío, yo os amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber desagradado tantas veces en mi vida pasada a vuestra bondad infinita: propongo con vuestra divina gracia no ofenderos más en adelante; y al presente, miserable cual soy, todo me consagro a Vos, me doy a Vos, renuncio en Vos toda mi voluntad, todos mis afectos, todos mis deseos y todas mis cosas. Desde hoy haced Vos de mí y de todas mis cosas lo que fuese de vuestro santísimo agrado; solo busco y quiero vuestro santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de vuestra santísima voluntad. Os encomiendo las almas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. También os encomiendo a todos los pobres pecadores. Finalmente, Salvador mío amado, es mi ánimo unir todos mis afectos con los afectos de vuestro amorosísimo corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre: le pido en nombre vuestro que por vuestro amor los acepte y los oiga.

2. Visita XXI · día 21

Por este cuerpo entienden comúnmente los santos aquel de Jesucristo

La puede rezar cualquiera

Ubicumque fuerit corpus, illuc congregabuntur et aquilæ. Luc. 17.

Por este cuerpo entienden comúnmente los santos aquel de Jesucristo, y por las águilas, a las almas separadas que se elevan como águilas sobre las casas de la tierra y vuelan al cielo, donde con los pensamientos y afectos siempre suspiran, y donde tienen su continua morada. Estas águilas aquí en la tierra encuentran su paraíso, donde encuentran a Jesús sacramentado; pues parece no pueden jamás saciarse de estarle al rededor. El águila, dice san Jerónimo, percibiendo el olor de algún muerto, va desde lejos a encontrarlo; ¿cuánto más estamos nosotros obligados a correr y volar a Jesús en el Sacramento, como al más apreciable manjar de nuestro corazón? Por eso los santos en este valle de lágrimas han buscado siempre como ciervos sedientos con acelerados pasos a esta fuente del paraíso. El P. Baltasar Álvarez, de la Compañía de Jesús, en cualquier empeño que se hallaba echaba frecuentemente los ojos hacia donde sabía que estaba el Sacramento: lo visitaba con mucha frecuencia, y a veces allí permanecía las noches enteras: lloraba al ver los palacios de los grandes llenos de gente a cortejar a un hombre de quien esperaban algún miserable bien, y tan abandonadas las iglesias donde habita el sumo Príncipe del mundo, que se está con nosotros en la tierra, como en trono de amor, rico de bienes inmensos y eternos, y decía ser demasiadamente grande la fortuna de los religiosos que en sus casas mismas pueden visitar siempre que quieran de noche y de día a este gran Señor en el Santísimo Sacramento, lo que no pueden hacer los seglares. Puesto que Vos, Señor mío amantísimo, aunque me veis tan inmundo y tan ingrato a vuestro amor, me llamáis con tanta bondad para que me acerque a Vos, yo no quiero que me desanime mi miseria, vengo a acercarme a vuestros pies, Vos mudadme todo, separad de mí todo amor que no es para Vos, todo deseo que no os agrada, todo pensamiento que no mira a Vos. Jesús mío, amor mío, tesoro mío, mi todo, a solo Vos quiero agradar, a Vos solo quiero dar gusto: Vos solo merecéis todo mi amor, a solo Vos quiero amar con todo mi corazón. Separadme de todo, Señor mío, y ligadme solo a Vos, pero ligadme de modo que yo no me pueda separar de Vos, ni en esta, ni en la otra vida.

Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.

El lema latino es Lc 17,37: «donde esté el cuerpo, allí se reunirán también las águilas». Los santos Padres lo han leído así: el cuerpo es Cristo y las águilas son las almas que se elevan hacia Él.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

Jesús mío dulcísimo, no permitas me separe de ti.

Al fin se hará la comunión espiritual. Después se hará la visita a María Santísima delante de alguna imagen suya.

3. Comunión espiritual

Acto para la comunión espiritual

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos.

Más breve

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, os creo en el Santísimo Sacramento: os amo y os deseo; venid a mi corazón; yo os abrazo; no os separéis jamás de mí.

4. Visita a María Santísima

Delante de alguna imagen suya.

Oración de Guillermo, obispo de París

La puede rezar cualquiera

A Vos me vuelvo, oh Madre de Dios, a quien toda la Iglesia llama Madre de misericordia. ¿Podréis Vos negar a los pecadores vuestra intercesión, Vos, cuya súplica es siempre grata a Dios, y jamás recibe repulsa? San Bernardo, con verdad dice, que no se hable más de vuestra misericordia, si en algún tiempo se encontrase alguno que habiéndola invocado en su necesidad, Vos le hayáis faltado. Vos no me negaréis vuestra piedad. Yo me prometo que pediréis por mí con mayor cuidado que yo lo hiciera, y me alcanzaréis mayores bienes, por los que yo me atrevo a pediros. Oh Madre de misericordia, vuestra bondad, que jamás ha sido menor para algún protervo, ¿me negará ella su asistencia en el peligro en que me veo de ser condenado?

Expresiones de la piedad antigua: la salvación viene de Cristo, y María nos lleva a Él; a Ella se le pide intercesión.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

O María, tuus sum ego, salvum me fac.

«Oh María, tuyo soy, sálvame»: palabras del salmo (el libro cita «Ps. 118, v. 14»; en las ediciones actuales es Sal 118,94 de la Vulgata), que aquí se dirigen a María para que interceda.

Otro día del mes

El libro tiene una visita para cada día, hasta el 31. En los meses de menos días, las últimas no llegan a ser «la de hoy»: puedes rezarlas cuando quieras desde el selector.

Amén · la visita de hoy