Jesús en el Sacramento es esta fuente anunciada del profeta
La puede rezar cualquiera
In illa die erit fons patens domui David, et habitantibus Jerusalem in ablutionem peccatoris. Zach. 13.
Jesús en el Sacramento es esta fuente anunciada del profeta para todos abierta, donde podamos, siempre que queramos, sanar nuestras almas de las manchas de los pecados que en la jornada de esta vida se contraen. Cuando alguno comete cualquier defecto ¿qué remedio mejor que recurrir luego al Santísimo Sacramento? Sí, Jesús mío, así propongo hacerlo siempre, sabiendo muy bien que las aguas de esta fuente no solo me lavan, mas también me dan luz, y me dan fuerza para no caer, y para sufrir alegremente las cosas contrarias, y me inflaman juntamente para amaros: ya sé que a este fin aguardáis a que os visite, y recompensáis con tantas gracias las visitas de vuestros amantes. Ea, Jesús mío, lavadme de todos los defectos que he cometido hoy; de los cuales me arrepiento por haberos desagradado: dadme fuerza para no caer más, con darme un grande ardor para amaros continuamente. Oh quién pudiera estar siempre cercano a Vos, como lo hacía aquella vuestra sierva fiel María Díaz que vivió en tiempo de santa Teresa, y tuvo licencia del Obispo de Ávila para habitar en la tribuna de una iglesia, donde casi de continuo asistía delante del Santísimo, a quien llamaba mi vecino, y no salía de allí sino para ir a confesar y comulgar. El V. Fr. Francisco del Niño Jesús, carmelita descalzo, pasando por las iglesias donde estaba el Santísimo, no podía abstenerse de entrar a visitarlo, diciendo, no ser conveniente que pasando un amigo por delante de la casa de su amigo, a lo menos no entre a saludarlo y hablarle una palabra. Pero él no se contentaba con una palabra, se estaba cuanto más le era permitido delante de su amado Señor.
Único e infinito bien mío, yo conozco que Vos a este fin habéis instituido este Sacramento, y estáis en este altar para que yo os ame; para ello me habéis Vos dado un corazón capaz de amaros mucho. ¿Pues por qué yo ingrato no os amo, u os amo tan poco? No, no es justo que sea amada poco una bondad tan amable como sois Vos. A lo menos, el amor que tenéis merece otro amor de mí. Vos sois un Dios infinito, y yo un gusano miserable. Poco es que yo muera por Vos que habéis muerto por mí: Vos os habéis puesto en este Sacramento por mí, y todos los días por mi amor os sacrificáis sobre los altares. Vos merecéis ser amado siempre. Ayudadme a amaros, y hacer aquello que os agrade y que queréis de mí.
Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.
El lema latino es Za 13,1: «aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado». Así empieza el libro: «In illa, dice Zacarías, cap. 13, erit fons patens…». Sobre los pecados graves, la Iglesia pide la confesión sacramental antes de comulgar; esta visita habla de los defectos de cada día.