San Pablo alaba la obediencia de Jesucristo
La puede rezar cualquiera
San Pablo alaba la obediencia de Jesucristo, diciendo, que obedeció a su Eterno Padre hasta la muerte: Factus obediens, usque ad mortem. Phil. 2. Mas en este Sacramento ha pasado adelante, pues ha querido hacerse obediente, no solo al Eterno Padre, sino también a los hombres, y no solo hasta la muerte, sino por el tiempo que el mundo durare: Factus obediens, puede decirse, usque ad consummationem sæculi. El Rey de los cielos baja a la tierra por obediencia al hombre, y sobre los altares parece que se queda para entretenerse con nosotros. Ego autem non contradico. Isai. 10. Aquí está sin moverse por sí mismo; se deja poner donde lo ponen, ya en las custodias manifiesto, y ya en los sagrarios encerrado. Se deja llevar por donde lo llevan, por las casas, por las calles, por los campos, se deja dar en la comunión a quien le quiere recibir, sea justo o pecador. Mientras vivió acá en la tierra, dice san Lucas, que obedeció a María Santísima y a san José, mas en este Sacramento él obedece a tantas criaturas cuantas son los sacerdotes: ego autem non contradico. Dejadme que yo hable hoy con Vos, oh corazón amantísimo de mi Jesús, de quien salieron todos los Sacramentos, y principalmente salió este Sacramento de amor. Yo quisiera daros tanto honor y gloria, cuanta Vos rendís sacramentado en nuestras iglesias al Eterno Padre. Yo sé que Vos desde ese altar me estáis amando con aquel mismo amor con que me amasteis cuando disteis por mí vuestra vida divina entre tantas amarguras sobre la cruz. Iluminad, oh corazón divino, todos los corazones para que os conozca quien no os conoce, libradlos con vuestros méritos, o a lo menos aliviad en el purgatorio aquellas almas afligidas, que ya son vuestras esposas eternas. Yo os adoro, os doy gracias, os amo con todas las almas que a esta hora os están amando en la tierra y en el cielo. Purificad, oh corazón purísimo, mi corazón de toda inclinación a las criaturas, y llenadlo de vuestro santo amor.
Poseed, oh corazón dulcísimo, todo mi corazón, de modo que de hoy en adelante sea todo para Vos, y pueda decir: Quis me separabit a charitate Dei, quæ est in Christo Jesu? Phil. 3. Escribid, oh corazón santísimo, sobre el mío los afanes tan amargos que por tantos años sufristeis sobre la tierra con tanto amor por mí, para que a su vista de hoy en adelante anhele, o a lo menos sufra por vuestro amor con paciencia todas las penas de esta vida. Corazón humildísimo de Jesús, dadme parte de vuestra humildad. Corazón amantísimo, comunicadme vuestra dulzura. Quitad de mi corazón todo aquello que os desagrada: convertidlo todo a Vos para que no quiera ni desee sino solo aquello que queréis Vos. Haced en suma que yo viva solo para obedeceros, solo para amaros, solo para daros gusto. Conozco lo mucho que os debo, y quisiera sacrificarme todo a Vos. Amén.
Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.
Citas bíblicas del texto: Flp 2,8 («obediente hasta la muerte»); Is 50,5 (el libro cita «Isai. 10»: «yo no me resistí»); Lc 2,51 (Jesús obedecía a María y a José); Rm 8,35.39 (el libro cita «Phil. 3»: «¿quién me separará del amor de Dios, que está en Cristo Jesús?»). La obediencia a los sacerdotes de que habla el texto es la de la presencia eucarística en el altar.