Ved aquí la fuente de todo bien
La puede rezar cualquiera
Ved aquí la fuente de todo bien, Jesús en el Sacramento, el cual dice: Qui sitit veniat ad me. ¡Oh, cuántas aguas de gracias han sacado los santos de esta fuente del Santísimo Sacramento, en el que dispensa el Señor todos los méritos de su pasión, como anunció el profeta: Haurietis aquas de fontibus Salvatoris (Is. c. 12)!
La condesa de Feria, aquella gran discípula del V. P. M. Ávila, siendo ya religiosa de santa Clara, llamada la esposa del Sacramento por las frecuentes visitas que repetía delante de su Majestad, habiendo sido preguntada en qué empleaba tanto tiempo, dijo: «Allí estaría yo toda la eternidad». ¿No está allí toda la esencia de Dios, que será el pasto de los bienaventurados? ¡Buen Dios! ¿Y qué se hace delante de él? ¿Y qué no se hace? ¿Se ama, se alaba, se le pide y dan gracias? ¿Qué hace un pobre delante de un rico? El enfermo, ¿qué hace delante del médico? ¿Qué hace un sediento cuando se ve delante de una fuente cristalina? Un hambriento, ¿qué hace delante de una espléndida mesa?
¡Oh Jesús mío amabilísimo, dulcísimo, dilectísimo, vida, esperanza, único tesoro y amor de mi alma! ¡Cuánto os ha costado permanecer con nosotros en este augusto Sacramento! Vos debisteis morir primeramente para después poder quedaros sacramentado sobre nuestros altares. ¡Cuántas injurias habéis sufrido en este augusto Sacramento, solo por asistirnos con vuestra presencia! Todo lo ha vencido vuestro amor y el gran deseo que habéis tenido de ser amado de nosotros.
Venid, pues, Señor, venid y entrad en mi corazón; cerrad la puerta para siempre, para que no entre jamás criatura alguna a tener parte en aquel amor que os es debido, y quiero daros entero: Vos solo, Redentor mío amado, entrad en mí; Vos solo poseed mi corazón. Si alguna vez no os obedezco perfectamente, castigadme con rigor para que quede advertido y enseñado a complaceros como queréis. Haced que yo no desee jamás ni busque otro gusto que el daros gusto a Vos, visitaros con frecuencia y recibiros en la sagrada comunión. Busque quien quisiere otros bienes, que yo no amo ni deseo otro que el tesoro de vuestro amor. Esto solo quiero buscar al pie de los altares. Haced que yo me olvide de mí mismo, y que solo me acuerde de vuestra bondad. Serafines sagrados, no os tengo envidia por la gloria que gozáis, mas sí por el ardiente amor que profesáis a vuestro Dios y mío. Enseñadme lo que debo hacer para amarlo y darle gusto.
Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.
Las dos frases latinas son de la Biblia: Jn 7,37 e Is 12,3. La condesa de Feria fue discípula de san Juan de Ávila («V. P. M. Ávila»).