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Visita XXIII · día 23

Visita al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, de san Alfonso María de Ligorio.

Letra100 %

1. Al llegar ante el Sagrario

Actos que deberán practicarse antes de toda visita al Santísimo Sacramento.

Señor mío Jesucristo

La puede rezar cualquiera

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de día y de noche en este Sacramento, todo lleno de piedad y amor, guardando, llamando y recibiendo a todos aquellos que os vienen a visitar: yo os creo presente en el Santísimo Sacramento del altar; os adoro desde lo más profundo de mi nada, y os doy gracias por cuantos beneficios me habéis hecho, especialmente por haberos dado a mí en este Sacramento, por haberme dado por abogada a vuestra Santísima Madre María y por haberme llamado a visitaros en esta santa iglesia. Yo saludo vuestro amantísimo corazón, y deseo hacerlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este gran don; el segundo, por recompensar en algo las infinitas injurias que en este Sacramento habéis recibido de vuestros enemigos; el tercero, porque con esta visita intento adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado y sois menos reverenciado y más abandonado. Jesús mío, yo os amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber desagradado tantas veces en mi vida pasada a vuestra bondad infinita: propongo con vuestra divina gracia no ofenderos más en adelante; y al presente, miserable cual soy, todo me consagro a Vos, me doy a Vos, renuncio en Vos toda mi voluntad, todos mis afectos, todos mis deseos y todas mis cosas. Desde hoy haced Vos de mí y de todas mis cosas lo que fuese de vuestro santísimo agrado; solo busco y quiero vuestro santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de vuestra santísima voluntad. Os encomiendo las almas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. También os encomiendo a todos los pobres pecadores. Finalmente, Salvador mío amado, es mi ánimo unir todos mis afectos con los afectos de vuestro amorosísimo corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre: le pido en nombre vuestro que por vuestro amor los acepte y los oiga.

2. Visita XXIII · día 23

Padecen grandes fatigas los cristianos por visitar los lugares de Tierra Santa

La puede rezar cualquiera

Padecen grandes fatigas, y se ponen en muchos peligros los cristianos por visitar los lugares de Tierra Santa, donde nuestro amantísimo Salvador nació, padeció y murió. Nosotros no tenemos necesidad de emprender tan dilatado viaje, ni exponernos a tantos peligros, pues está el Señor inmediato a nosotros, y habita en una casa pocos pasos distante de la nuestra. Se juzgan muy felices, dice san Paulino, los peregrinos con traer de aquellos santos lugares un poco de polvo del pesebre o del sepulcro donde fue sepultado Jesucristo. ¿Con qué ardor deberíamos nosotros visitar al Santísimo Sacramento, donde está el mismo Jesús en persona, sin tantas fatigas y tantos peligros? Una persona religiosa, a quien Dios dio grande amor al Santísimo Sacramento, escribió en una carta suya, entre otros estos sentimientos: yo he visto, dice, que todo mi bien me viene del Santísimo Sacramento. Yo me he dado y consagrado todo a Jesús sacramentado. Yo veo un número innumerable de gracias que no se dan porque no se va a este divino Sacramento. Yo veo que nuestro Señor tiene un gran deseo de dispensar sus gracias en el Sacramento. Oh misterio santo, ¿qué es lo que hay aquí sino esta hostia en que Dios da más a conocer su poder? Porque esta hostia tiene todo aquello que Dios ha hecho siempre por nosotros. Nosotros no envidiamos a los bienaventurados, porque tenemos en la tierra al mismo Señor con más maravilla de su amor. Haced vosotros que aquellos a quienes habláis se dediquen todos al Santísimo Sacramento. Yo hablo así, porque este Sacramento me hace salir de mí. Ni puedo dejar de hablar del Santísimo Sacramento que tanto merece ser amado. Yo no sé qué hacerme por Jesús sacramentado. Oh Serafines, vosotros estáis dulcemente ardiendo de amor alrededor de vuestro Señor y mío; y con todo, no por amor vuestro sino por mi amor este Rey del cielo se ha querido poner en este Sacramento. Dejad pues, oh Ángeles amantes, que yo arda, o vosotros encendedme con vuestro ardor, para que juntamente con vosotros yo también arda. Oh Jesús mío, haced que yo conozca la grandeza del amor que profesáis a los hombres para que a vista de tanto amor crezca más en mí siempre el deseo de amaros y daros gusto. Os amo, Señor amabilísimo, y quiero siempre amaros solo por agradaros.

Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.

Las líneas que empiezan «yo he visto, dice, que todo mi bien me viene del Santísimo Sacramento» son de la carta de una religiosa, que san Alfonso cita sin decir su nombre; el libro no dice quién es.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, en Vos creo, en Vos espero, a Vos amo, a Vos me doy.

Al fin se hará la comunión espiritual. Después se hará la visita a María Santísima delante de alguna imagen suya.

3. Comunión espiritual

Acto para la comunión espiritual

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos.

Más breve

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, os creo en el Santísimo Sacramento: os amo y os deseo; venid a mi corazón; yo os abrazo; no os separéis jamás de mí.

4. Visita a María Santísima

Delante de alguna imagen suya.

Oración de san Agustín

La puede rezar cualquiera

Acordaos, oh piadosísima María, que jamás se ha oído hasta ahora en el mundo que alguno haya recurrido a vuestra protección, y haya quedado abandonado por Vos. Dice san Bernardo: Quæramus gratiam, et per Mariam quæramus; quia quod quærit invenit, et frustrari non potest. Busquemos las gracias siempre por medio de María, porque ella consigue cuanto pide, y sus súplicas no pueden encontrar repulsa. Oh Madre de Dios, pedid por todos, pedid también por mí, que siendo más pecador que los otros, tengo mayor necesidad de vuestra intercesión.

El libro atribuye esta oración (la conocida «Acordaos», o Memorare) a san Agustín; la parroquia no puede confirmar esa autoría. Expresiones de la piedad antigua: la salvación viene de Cristo, y María nos lleva a Él; a Ella se le pide intercesión.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

Sub tuum præsidium confugio, Sancta Dei Genitrix.

«Bajo tu amparo me acojo, santa Madre de Dios». El libro la señala con la abreviatura «Eccl.».

Otro día del mes

El libro tiene una visita para cada día, hasta el 31. En los meses de menos días, las últimas no llegan a ser «la de hoy»: puedes rezarlas cuando quieras desde el selector.

Amén · la visita de hoy