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Visita XXVIII · día 28

Visita al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, de san Alfonso María de Ligorio.

Letra100 %

1. Al llegar ante el Sagrario

Actos que deberán practicarse antes de toda visita al Santísimo Sacramento.

Señor mío Jesucristo

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Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de día y de noche en este Sacramento, todo lleno de piedad y amor, guardando, llamando y recibiendo a todos aquellos que os vienen a visitar: yo os creo presente en el Santísimo Sacramento del altar; os adoro desde lo más profundo de mi nada, y os doy gracias por cuantos beneficios me habéis hecho, especialmente por haberos dado a mí en este Sacramento, por haberme dado por abogada a vuestra Santísima Madre María y por haberme llamado a visitaros en esta santa iglesia. Yo saludo vuestro amantísimo corazón, y deseo hacerlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este gran don; el segundo, por recompensar en algo las infinitas injurias que en este Sacramento habéis recibido de vuestros enemigos; el tercero, porque con esta visita intento adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado y sois menos reverenciado y más abandonado. Jesús mío, yo os amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber desagradado tantas veces en mi vida pasada a vuestra bondad infinita: propongo con vuestra divina gracia no ofenderos más en adelante; y al presente, miserable cual soy, todo me consagro a Vos, me doy a Vos, renuncio en Vos toda mi voluntad, todos mis afectos, todos mis deseos y todas mis cosas. Desde hoy haced Vos de mí y de todas mis cosas lo que fuese de vuestro santísimo agrado; solo busco y quiero vuestro santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de vuestra santísima voluntad. Os encomiendo las almas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. También os encomiendo a todos los pobres pecadores. Finalmente, Salvador mío amado, es mi ánimo unir todos mis afectos con los afectos de vuestro amorosísimo corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre: le pido en nombre vuestro que por vuestro amor los acepte y los oiga.

2. Visita XXVIII · día 28

Habiéndonos dado Dios a su mismo Hijo

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Habiéndonos dado Dios a su mismo Hijo, dice san Pablo: ¿qué bien podemos nosotros temer nos haya de negar jamás? Quomodo non etiam cum illo omnia nobis donavit? Rom. 8. Sabemos que cuanto tiene el Eterno Padre lo ha dado a Jesucristo: omnia dedit ei Pater in manus. Joan. 13. Demos pues siempre gracias a la bondad, a la misericordia, a la liberalidad de nuestro amantísimo Dios, que ha querido hacernos ricos de todo bien y de toda gracia con habernos dado a Jesús en el Sacramento del altar: in omnibus divites facti estis in illo… ita ut nihil vobis desit in ulla gratia. 1. Cor. c. 1. Oh Salvador del mundo, oh Verbo humanado, puedo yo pensar que Vos sois mío, y todo mío si yo os quiero: ¿mas puedo decir juntamente, que yo soy todo de Vos si Vos me queréis? Ah Señor mío, remediad este desconcierto y esta ingratitud para que no se vea más en el mundo que Vos habéis de ser mío siempre que yo quiera, y yo no haya de ser vuestro cuando Vos me quisiereis. Ah, no suceda esto jamás, si ha sido así en el tiempo pasado, no sea más en lo venidero. Yo resueltamente me ofrezco hoy todo a Vos: os consagro en el tiempo y en la eternidad mi vida, mi voluntad, mis pensamientos, mis acciones y mis trabajos. Vedme aquí, todo me ofrezco cual víctima por todas las criaturas a Vos, consumidme con las llamas de vuestro divino amor. No quiero, no, que de mi corazón tengan ya más parte las criaturas. Las señales que me habéis hecho ver del amor que me profesabais entonces cuando yo no os amaba, me hacen esperar, que ciertamente me admitiréis ahora que os amo, y por amor me doy a Vos. Eterno Padre, yo os ofrezco hoy todas las virtudes, los actos y los afectos del corazón de vuestro amado Jesús. Aceptadlos por mí y por sus méritos, concededme aquellas gracias que Jesús os pide para mí; yo os doy gracias por tantas misericordias como habéis usado conmigo. Con esto satisfago cuanto debo por mis pecados. Por estos méritos espero de Vos toda gracia, el perdón, la perseverancia, el paraíso, y sobre todo el sumo don de vuestro puro amor. Yo os lo pido por amor de Jesucristo, el cual prometió: Si quid petieritis Patrem in nomine meo, dabit vobis. Joan. 14. No me lo podéis negar, Señor, yo no quiero más que amaros, darme a Vos enteramente, y no verme más ingrato como he sido hasta aquí: oídme, haced que hoy sea el día en que yo me convierta todo a Vos para no dejar jamás de amaros. Os amo, Dios mío, os amo, bondad infinita, os amo, amor mío, mi bien, mi vida y mi todo.

Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.

Citas bíblicas del texto: Rm 8,32 («¿cómo no nos dará con él todas las cosas?»); Jn 13,3 («el Padre había puesto todo en sus manos»); 1 Co 1,5.7 («en todo habéis sido enriquecidos en él… de modo que no os falta ningún don»); Jn 14,14 («si pedís algo en mi nombre, yo lo haré»). Lo que se ofrece al Padre es el corazón de Jesús: la satisfacción por los pecados viene de sus méritos, y los pecados graves se perdonan en el sacramento de la penitencia.

Jaculatoria

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Jesús mío, mi todo, Vos me queréis y yo os quiero.

Al fin se hará la comunión espiritual. Después se hará la visita a María Santísima delante de alguna imagen suya.

3. Comunión espiritual

Acto para la comunión espiritual

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Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos.

Más breve

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Jesús mío, os creo en el Santísimo Sacramento: os amo y os deseo; venid a mi corazón; yo os abrazo; no os separéis jamás de mí.

4. Visita a María Santísima

Delante de alguna imagen suya.

Oh María, cuánto me agrada aquel bello nombre

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Oh María, cuánto me agrada aquel bello nombre con que os llaman vuestros amantes: Mater amabilis, sí, que Vos, Señora mía, sois amable. Vuestra belleza y bondad ha enamorado al mismo Dios: concupiscit Rex speciem tuam. Él es quien os dice: quam pulchra es amica mea, quam pulchra es! Y en otro lugar: tota pulchra es amica mea, et macula non est in te. Pues si Vos sois tan amada de Dios, es preciso que yo miserable pecador, tan beneficiado de Vos, también os ame. Yo os amo, Reina mía amabilísima, y deseo ser uno de los mayores amantes vuestros: aceptad, oh Señora, este deseo mío, y alcanzadme de Dios este amor que os pido, pues que tanto agrada a Dios el amor que a Vos se tiene.

Las frases latinas son del Cantar de los Cantares («qué hermosa eres, amiga mía», «toda hermosa eres, amiga mía, y no hay mancha en ti») y del Salmo 44 («el Rey ha deseado tu belleza»), que la liturgia aplica a María. «Mater amabilis» es «Madre amable». Servir y venerar a María es honrar a la Madre del Redentor; la adoración es solo para Dios.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

Oh amabilísima Madre mía, haced que yo os ame mucho.

Otro día del mes

El libro tiene una visita para cada día, hasta el 31. En los meses de menos días, las últimas no llegan a ser «la de hoy»: puedes rezarlas cuando quieras desde el selector.

Amén · la visita de hoy