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Visita XXXI · día 31

Visita al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, de san Alfonso María de Ligorio.

Letra100 %

1. Al llegar ante el Sagrario

Actos que deberán practicarse antes de toda visita al Santísimo Sacramento.

Señor mío Jesucristo

La puede rezar cualquiera

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de día y de noche en este Sacramento, todo lleno de piedad y amor, guardando, llamando y recibiendo a todos aquellos que os vienen a visitar: yo os creo presente en el Santísimo Sacramento del altar; os adoro desde lo más profundo de mi nada, y os doy gracias por cuantos beneficios me habéis hecho, especialmente por haberos dado a mí en este Sacramento, por haberme dado por abogada a vuestra Santísima Madre María y por haberme llamado a visitaros en esta santa iglesia. Yo saludo vuestro amantísimo corazón, y deseo hacerlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este gran don; el segundo, por recompensar en algo las infinitas injurias que en este Sacramento habéis recibido de vuestros enemigos; el tercero, porque con esta visita intento adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado y sois menos reverenciado y más abandonado. Jesús mío, yo os amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber desagradado tantas veces en mi vida pasada a vuestra bondad infinita: propongo con vuestra divina gracia no ofenderos más en adelante; y al presente, miserable cual soy, todo me consagro a Vos, me doy a Vos, renuncio en Vos toda mi voluntad, todos mis afectos, todos mis deseos y todas mis cosas. Desde hoy haced Vos de mí y de todas mis cosas lo que fuese de vuestro santísimo agrado; solo busco y quiero vuestro santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de vuestra santísima voluntad. Os encomiendo las almas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. También os encomiendo a todos los pobres pecadores. Finalmente, Salvador mío amado, es mi ánimo unir todos mis afectos con los afectos de vuestro amorosísimo corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre: le pido en nombre vuestro que por vuestro amor los acepte y los oiga.

2. Visita XXXI · día 31

Qué cosa tan bella era ver a nuestro dulce Redentor

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Oh qué cosa tan bella era ver a nuestro dulce Redentor en aquel día en que cansado del camino se sentó agradable y amoroso sobre una fuente esperando a la Samaritana para convertirla y salvarla. Jesus ergo sedebat sic supra fontem. Joan. 4. Así puntualmente parece que al presente se entretiene con nosotros bajando del cielo sobre nuestros altares, como sobre tantas fuentes de gracias, esperando y convidando a las almas a hacerle compañía a lo menos por algún tiempo, a fin de llevarlas al perfecto amor. Desde todos los altares donde está Jesús sacramentado parece que habla y a todos nos dice: hombres, ¿por qué huís de mi presencia? ¿por qué no venís, y os acercáis a mí que tanto os amo y por vuestro bien estoy aquí humillado? ¿qué temor tenéis? No he venido yo ahora a la tierra para juzgaros, antes estoy escondido en este Sacramento de amor, solo por hacer bien y salvar a todos los que a mí recurren. Non veni, ut judicem mundum, sed ut salvificem mundum. Joan. 12. Entendamos pues que conforme Jesucristo está en el cielo (semper vivens ad interpellandum pro nobis. Heb. 7.) del mismo modo en el Sacramento del altar está haciendo continuamente de noche y de día el piadoso oficio de abogado por nosotros, ofreciéndose víctima al Eterno Padre para alcanzarnos de él innumerables misericordias y gracias; por eso decía el devoto Kempis, que debíamos acercarnos a hablar con Jesús sacramentado, sin temor de castigos, hablándole como a un amigo amado: sicut solet loqui dilectus ad dilectum, amicus ad amicum. Ea pues que así me lo permitís, dejad, oh Rey y Salvador mío, que yo os abra con confianza mi corazón, y os diga: oh Jesús mío, oh enamorado de las almas, yo bien conozco el agravio que os hacen los hombres, Vos los amáis, y no sois amado de ellos; les hacéis bienes y recibís desprecios; les queréis hacer oír vuestras voces y no os dan audiencia; les ofrecéis vuestras gracias y las rehúsan. Ah Jesús mío, ¿y es verdad que yo también me he unido algún tiempo con estos ingratos para así desagradaros? Oh Dios, no puedo negarlo; pero ya quiero enmendarme, y recompensar en los días que me quedan de vida los disgustos que os he dado, haciendo cuanto pueda para agradaros y daros gusto. Decid, Señor mío, lo que quisiereis, todo lo quiero hacer sin reserva: Dios mío, resueltamente yo os prometo no dejar cosa jamás que yo entienda de hoy en adelante ser de vuestro mayor agrado. Aunque hubiese de perderlo todo, parientes, amigos, estimación, salud y también la vida, piérdase todo y déseos gusto. Feliz pérdida, cuando todo se pierde y se sacrifica para agradar a Vos; oh Dios de mi alma, os amo, oh sumo bien, más amable que todo otro bien, y en amaros uno mi pequeño corazón al corazón de María y al corazón de Jesús: os amo con toda mi voluntad, y siempre a Vos solo quiero amar.

Ahora, inmediatamente, las jaculatorias.

Las frases latinas son: Jn 4,6 («Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo»); Jn 12,47 («no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo»); Hb 7,25 («siempre vivo para interceder por nosotros»); y la de Tomás de Kempis: «como suele hablar el amado con el amado, el amigo con el amigo».

Jaculatoria

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Dios mío, Dios mío, yo soy tuyo y tú seas mío.

Al fin se hará la comunión espiritual. Después se hará la visita a María Santísima delante de alguna imagen suya.

3. Comunión espiritual

Acto para la comunión espiritual

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, creo que estáis en el Santísimo Sacramento: os amo sobre todas las cosas, y os deseo con toda mi alma; y pues que ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón: como si ya hubieseis venido, os abrazo, y con Vos toda me uno; no permitáis que jamás me separe de Vos.

Más breve

La puede rezar cualquiera

Jesús mío, os creo en el Santísimo Sacramento: os amo y os deseo; venid a mi corazón; yo os abrazo; no os separéis jamás de mí.

4. Visita a María Santísima

Delante de alguna imagen suya.

Oh María, Vos sois la torre de David

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Oh María, Vos sois la torre de David, que tenéis mil defensas a beneficio de aquellos que a Vos recurren: sicut turris David collum tuum, quæ ædificata est cum propugnaculis; mille clipei pendent ex ea omnis armatura fortium. Cant. 4. 4. Vos pues oh madre mía, sois la defensa fortísima de aquellos que están en la batalla. Oh qué asaltos, Señora mía, continuamente me están dando los enemigos para privarme de la gracia de Dios y de vuestra protección. Mas Vos sois mi fortaleza y mi esperanza. Vos no os desdeñáis de combatir por aquellos que en Vos confían, por lo que os llama san Efrén: propugnatrix confidentium in te. Oh María, defendedme y combatid por mí que tanto en Vos confío.

La frase latina es Ct 4,4: «tu cuello es como la torre de David, edificada con baluartes; mil escudos cuelgan de ella, toda la armadura de los valientes»; la de san Efrén dice: «defensora de los que confían en ti». Expresiones de la piedad antigua: María es esperanza porque nos trae a Cristo; a Ella se le pide intercesión.

Jaculatoria

La puede rezar cualquiera

María, María, el nombre tuyo es la defensa mía.

Otro día del mes

El libro tiene una visita para cada día, hasta el 31. En los meses de menos días, las últimas no llegan a ser «la de hoy»: puedes rezarlas cuando quieras desde el selector.

Amén · la visita de hoy