← Los Salmos en 150 lecturas

Lectura 31 de 150

Salmos 31

Letra: Normal

Salmo 31

1Al Director. Salmo de David.

2A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo,

3inclina tu oído hacia mí; ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve,

4tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame:

5sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo.

6A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás;

7tú aborreces a los que veneran ídolos inertes, pero yo confío en el Señor;

8tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro;

9no me has entregado en manos del enemigo, has puesto mis pies en un camino ancho.

10Piedad, Señor, que estoy en peligro; se consumen de dolor mis ojos, mi garganta y mis entrañas.

11Mi vida se gasta en el dolor, mis años en los gemidos; mi vigor decae con las penas, mis huesos se consumen.

12Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos: me ven por la calle y escapan de mí.

13Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.

14Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo; se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.

15Pero yo confío en ti, Señor; te digo: «Tú eres mi Dios».

16En tus manos están mis azares: líbrame de mis enemigos que me persiguen;

17haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.

18Señor, no quede yo defraudado tras haber acudido a ti; queden defraudados los malvados, y bajen llorando al abismo,

19enmudezcan los labios mentirosos, que profieren insolencias contra el justo, con soberbia y con desprecio.

20Qué bondad tan grande, Señor, reservas para los que te temen, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

21En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras.

22Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada.

23Yo decía en mi ansiedad: «Me has arrojado de tu vista»; pero tú escuchaste mi voz suplicante cuando yo te gritaba.

24Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios los paga con creces.

25Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.