Lectura 73 de 90
Hebreos 13 · Santiago 1-2
Hebreos 13
1Conservad el amor fraterno
2y no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles.
3Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne.
4Que todos respeten el matrimonio; el lecho nupcial, que nadie lo mancille, porque a los impuros y adúlteros Dios los juzgará.
5Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré ni te abandonaré;
6así tendremos valor para decir: El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?
7Acordaos de vuestros guías, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe.
8Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.
9No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas; lo importante es robustecerse interiormente por la gracia y no con prescripciones alimenticias, que de nada valieron a los que las observaban.
10Nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo;
11porque los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el sumo sacerdote para el rito de la expiación, se queman fuera del campamento;
12y por eso Jesús, para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de la puerta.
13Salgamos, pues, hacia él, fuera del campamento, cargados con su oprobio;
14que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura.
15Por medio de él, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre.
16No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios.
17Obedeced y someteos a vuestros guías, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse, cosa que no os aprovecharía.
18Rezad por nosotros; estamos convencidos de tener la conciencia limpia, y deseos de proceder en todo noblemente.
19Con la mayor insistencia os pido que lo hagáis para que muy pronto os sea yo devuelto.
20Que el Dios de la paz, que hizo retornar de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, Jesús Señor nuestro, en virtud de la sangre de la alianza eterna,
21os confirme en todo bien para que cumpláis su voluntad, realizando en nosotros lo que es de su agrado por medio de Jesucristo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
22Os ruego, hermanos, que soportéis esta exhortación; por eso os he escrito brevemente.
23Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si llega pronto, iré con él a veros.
24Saludad a todos vuestros dirigentes, y a todos los santos: os saludan los de Italia.
25La gracia esté con todos vosotros.
Santiago 1
1Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludos.
2Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas,
3sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia.
4Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
5Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá.
6Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento.
7No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor;
8es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos.
9Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad,
10y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba.
11Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.
12Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.
13Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
14A cada uno lo tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce;
15después el deseo concibe y da a luz al pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.
16No os engañéis, mis queridos hermanos.
17Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.
18Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
19Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira,
20pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
21Por eso, desechad toda inmundicia y la carga de mal que os sobra y acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.
22Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
23Porque quien oye la palabra y no la pone en práctica, ese se parece al hombre que se miraba la cara en un espejo
24y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era.
25Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en práctica, ese será dichoso al practicarla.
26Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía.
27La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.
Santiago 2
1Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.
2Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento;
3si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies»,
4¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
5Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
6Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales?
7¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?
8Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», hacéis bien;
9pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores.
10Pues quien observa toda la ley, pero falla en un solo precepto, se hace responsable de todos.
11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.
12Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad,
13pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
14¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
15Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario
16y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
17Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.
18Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».
19Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan.
20¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?
21Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar?
22Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección.
23Así se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y eso le fue contado como justicia y fue llamado «amigo de Dios».
24Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.
25Del mismo modo también Rajab, la prostituta, ¿no fue justificada por sus obras al acoger a los mensajeros y hacerlos salir por otro camino?
26Pues lo mismo que el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin obras está muerta.