Lectura 74 de 90
Santiago 3-5
Santiago 3
1No os constituyáis muchos en maestros, hermanos míos, pues sabemos que nosotros recibiremos una sentencia más severa,
2porque todos faltamos a menudo. Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo.
3A los caballos les metemos el freno en la boca para que ellos nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal.
4Fijaos también que los barcos, siendo tan grandes e impulsados por vientos tan recios, se dirigen con un timón pequeñísimo por donde el piloto quiere navegar.
5Lo mismo pasa con la lengua: es un órgano pequeño, pero alardea de grandezas. Mirad, una chispa insignificante puede incendiar todo un bosque.
6También la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; entre nuestros miembros, la lengua es la que contamina a la persona entera y va quemando el curso de la existencia, pero ella es quemada, a su vez, por la gehenna.
7Pues toda clase de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas pueden ser domadas y de hecho lo han sido por el hombre.
8En cambio, la lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal.
9Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios.
10De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos.
11¿Acaso da una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño?
12¿Es que puede una higuera, hermanos míos, dar aceitunas o una parra higos? Pues tampoco un manantial salobre puede dar agua dulce.
13¿Quién de vosotros es sabio y experto? Que muestre sus obras como fruto de la buena conducta, con la delicadeza propia de la sabiduría.
14Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad.
15Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica.
16Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
17En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
18El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
Santiago 4
1¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros?
2Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.
3Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.
4Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.
5¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia?
6Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes».
7Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros.
8Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes.
9Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría en aflicción.
10Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.
11No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o el que critica a su hermano está hablando mal de la ley y criticando la ley; y si criticas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez.
12Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?
13Atención, ahora, los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, haremos negocio y ganaremos dinero».
14¡Si ni siquiera sabéis qué será del día de mañana! ¿Qué es vuestra vida? Pues sois vapor que aparece un instante y después desaparece.
15Más bien deberíais decir: «Si el Señor quiere y estamos vivos, haremos esto o lo otro».
16Sin embargo, ahora presumís con vuestras fanfarronerías; todo alarde de ese estilo es malo.
17Por tanto, el que sabe cómo hacer el bien y no lo hace, ese está en pecado.
Santiago 5
1Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.
2Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado.
3Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. ¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!
4Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.
5Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza.
6Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.
7Por tanto, hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.
8Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.
9Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.
10Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor;
11mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia. Habéis oído hablar de la paciencia de Job y ya sabéis el final que le concedió el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso.
12Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.
13¿Está sufriendo alguno de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante.
14¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor.
15La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.
16Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo.
17Elías era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
18Volvió a rezar, y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.
19Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte,
20sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.