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Lectura 72 de 90

Hebreos 10-12

Letra: Normal

Hebreos 10

1Pues la ley, que presenta solo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.

2Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?

3Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año, los pecados.

4Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

5Por eso, al entrar él en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo;

6no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.

7Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí— para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad.

8Primero dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias, que se ofrecen según la ley.

9Después añade: He aquí que vengo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

10Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

11En efecto, todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.

12Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios

13y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.

14Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados.

15Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto, después de decir:

16Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días, añade el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente,

17y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas.

18Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.

19Así pues, teniendo libertad para entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús,

20contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne,

21y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios,

22acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura.

23Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa.

24Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras;

25no faltemos a las asambleas, como suelen hacer algunos, sino animémonos tanto más cuanto más cercano veis el Día.

26Porque, si después de haber recibido el conocimiento de la verdad pecamos deliberadamente, ya no quedan sacrificios por los pecados,

27sino solo la perspectiva pavorosa del juicio y del furor del fuego que devorará a los enemigos.

28Al que viola la ley de Moisés lo ejecutan sin compasión, basándose en dos o tres testigos.

29¿Cuánto peor castigo pensáis que merecerá quien pisotee al Hijo de Dios, profane la sangre de la alianza que lo consagra, y ultraje al Espíritu de la gracia?

30Conocemos al que dijo: Mío es el desquite, yo daré a cada cual su merecido, y también: El Señor juzgará a su pueblo.

31Es terrible caer en manos del Dios vivo.

32Recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos:

33unos, expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros, solidarios de los que eran tratados así.

34Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes.

35No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa.

36Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa.

37Un poquito de tiempo todavía y el que viene llegará sin retraso;

38mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor.

39Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma.

Hebreos 11

1La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.

2Por ella son recordados los antiguos.

3Por la fe sabemos que el universo fue configurado por la palabra de Dios, de manera que lo visible procede de lo invisible.

4Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que Caín; por ella, Dios mismo, al recibir sus dones, lo acreditó como justo; por ella sigue hablando después de muerto.

5Por la fe fue arrebatado Henoc, sin pasar por la muerte; no lo encontraron, porque Dios lo había arrebatado; en efecto, antes de ser arrebatado se le acreditó que había complacido a Dios,

6y sin fe es imposible complacerlo, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan.

7Por la fe, advertido Noé de lo que aún no se veía, tomó precauciones y construyó un arca para salvar a su familia; por ella condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

8Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

9Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa,

10mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

11Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

12Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

13Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

14Es claro que los que así hablan están buscando una patria;

15pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

16Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

17Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa,

18del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».

19Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

20Por la fe bendijo Isaac el futuro de Jacob y Esaú.

21Por la fe, Jacob, estando para morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y se inclinó apoyado en el extremo del bastón.

22Por fe, José, al final de la vida, evocó el éxodo de los hijos de Israel y dio órdenes acerca de sus huesos.

23Por fe, cuando nació Moisés, sus padres lo ocultaron tres meses, viendo que era un niño hermoso, y sin temer el decreto real.

24Por fe, Moisés, ya crecido, renunció al título de hijo de una hija del faraón,

25y prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios al disfrute efímero del pecado,

26estimando que la afrenta de Cristo valía más que los tesoros de Egipto, y atendiendo a la recompensa.

27Por fe abandonó Egipto, sin temer la cólera del rey, y se apoyó en el invisible como si lo viera.

28Por fe celebró la Pascua, e hizo la aspersión de la sangre para que el exterminador no tocase a sus primogénitos.

29Por fe atravesaron el mar Rojo como por tierra firme, mientras que los egipcios, al intentarlo, se ahogaron.

30Por fe, la muralla de Jericó, después de ser rodeada durante siete días, se derrumbó.

31Por fe, la prostituta Rajab acogió amistosamente a los espías y no pereció con los rebeldes.

32¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas;

33estos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones,

34apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros;

35hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor.

36Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel;

37los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados

38—el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.

39Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido,

40porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección.

Hebreos 12

1En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia,

2fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

3Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.

4Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado,

5y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión;

6porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.

7Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?

8Si os eximen de la corrección, que es patrimonio de todos, es que sois bastardos y no hijos.

9Ciertamente tuvimos por educadores a nuestros padres carnales y los respetábamos; ¿con cuánta más razón nos sujetaremos al Padre de nuestro espíritu, y así viviremos?

10Porque aquellos nos educaban para breve tiempo, según sus luces; Dios, en cambio, para nuestro bien, para que participemos de su santidad.

11Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.

12Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes,

13y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

14Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.

15Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

16Que nadie se prostituya ni profane como Esaú, que solo por una comida vendió su primogenitura.

17Sabéis que más tarde quiso heredar la bendición, pero fue excluido, pues no obtuvo la retractación, por más que la pidió hasta con lágrimas.

18No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta,

19al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando,

20pues no podían soportar lo que mandaba: Quien toque el monte, aunque sea un animal, será apedreado.

21Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: Estoy temblando de miedo.

22Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles,

23a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección,

24y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

25Cuidado con rechazar al que habla, pues si aquellos no escaparon por haber rechazado al que transmitía los oráculos en la tierra, cuánto menos nosotros, si nos apartamos del que habla desde el cielo.

26Su voz entonces hizo temblar la tierra, pero ahora hace esta promesa: Una vez más haré temblar no solo la tierra, sino también el cielo.

27Al decir «una vez más» indica la desaparición de lo que tiembla, por ser creado, para que quede lo inconmovible.

28Por eso, nosotros, que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener esta gracia; y, mediante ella, ofrecer a Dios un culto que le sea grato, con respeto y reverencia,

29porque nuestro Dios es fuego devorador.