Lectura 69 de 90
Hebreos 1-3
Hebreos 1
1En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
2En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
3Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas;
4tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
5Pues ¿a qué ángel dijo jamás: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; y en otro lugar: Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?
6Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.
7De los ángeles dice: Hace de los espíritus sus ángeles; de las llamas de fuego, sus ministros.
8En cambio, del Hijo: Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; y cetro de rectitud es tu cetro real.
9Amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso Dios, tu Dios, te ha distinguido entre tus compañeros, ungiéndote con aceite de júbilo.
10También: Tú, Señor, en los comienzos cimentaste la tierra; los cielos son obra de tus manos;
11ellos perecerán, tú permaneces; se gastarán como la ropa,
12los envolverás como un manto. Serán como vestido que se muda. Pero tú eres siempre el mismo tus años no se acabarán.
13Y ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi derecha mientras pongo a tus enemigos por estrado de tus pies?
14¿Es que no son todos espíritus servidores, enviados en ayuda de los que han de heredar la salvación?
Hebreos 2
1Por tanto, para no extraviarnos, debemos prestar más atención a lo que hemos oído.
2Pues si la palabra comunicada a través de ángeles tuvo validez, y toda transgresión y desobediencia fue justamente castigada,
3¿cómo escaparemos nosotros si desdeñamos semejante salvación, que fue anunciada primero por el Señor, confirmada por los que la habían escuchado,
4a la que Dios añadió su testimonio con signos y portentos, con milagros varios, y dones del Espíritu Santo distribuidos según su beneplácito?
5Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando;
6de ello dan fe estas palabras: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el ser humano, para que mires por él?
7Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,
8todo lo sometiste bajo sus pies. En efecto, al someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo.
9Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.
10Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
11El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos,
12pues dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
13Y también: En él pondré yo mi confianza. Y de nuevo: Aquí estoy yo con los hijos que Dios me dio.
14Por tanto, lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo,
15y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.
16Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles.
17Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo.
18Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.
Hebreos 3
1Por tanto, hermanos santos, vosotros que compartís una vocación celeste, considerad al apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos: a Jesús,
2fiel al que lo nombró, como lo fue Moisés en toda la familia de Dios.
3Pero el honor concedido a Jesús es superior al de Moisés, pues el que funda la familia tiene mayor dignidad que la familia misma.
4En efecto, cada familia tiene un fundador, mas quien lo ha fundado todo es Dios.
5Moisés, ciertamente, fue fiel en toda su casa, como servidor para atestiguar cuanto había de anunciarse.
6En cambio, Cristo, como Hijo, está al frente de la familia de Dios; y esa familia somos nosotros, con tal que mantengamos firme la seguridad y la gloria de la esperanza.
7Por eso dice el Espíritu Santo: Si escucháis hoy su voz,
8no endurezcáis vuestros corazones como cuando la rebelión, en el día de la prueba en el desierto,
9cuando me pusieron a prueba vuestros padres, y me provocaron, a pesar de haber visto mis obras
10cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: Siempre tienen el corazón extraviado; no reconocieron mis caminos,
11por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso.
12¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo.
13Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.
14En efecto, somos partícipes de Cristo si conservamos firme hasta el final la actitud del principio.
15Al decir: Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis el corazón, como cuando la rebelión,
16¿quiénes se rebelaron, al escucharlo? Ciertamente, todos los que salieron de Egipto por obra de Moisés.
17Y ¿contra quiénes se indignó durante cuarenta años? Contra los que habían pecado, cuyos cadáveres cayeron en el desierto.
18Y ¿a quiénes juró que no entrarían en su descanso sino a los rebeldes?
19Y vemos que no pudieron entrar por falta de fe.