← El Nuevo Testamento en 90 lecturas

Lectura 67 de 90

2 Timoteo 3-4 · Tito 1

Letra: Normal

2 Timoteo 3

1Debes saber esto: en los últimos días se presentarán tiempos difíciles,

2pues los hombres serán egoístas, avariciosos, fanfarrones, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, irreligiosos,

3despiadados, desleales, calumniadores, desenfrenados, brutales, enemigos del bien,

4traidores, precipitados, engreídos, amigos del placer más que de Dios;

5tendrán la apariencia de piedad, pero habrán renegado de su fuerza. Apártate también de estos.

6A este grupo pertenecen los que se introducen en las casas y cautivan a mujerzuelas cargadas de pecados, arrastradas por pasiones de todo tipo,

7que siempre están aprendiendo y nunca logran llegar al conocimiento de la verdad.

8Lo mismo que Yannes y Yambrés se opusieron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en lo que se refiere a la fe.

9Pero no irán adelante, pues su estupidez será notoria a la vista de todos, como lo fue también la de aquellos.

10Tú, en cambio, me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia,

11las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.

12Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.

13Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos.

14Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste,

15y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.

16Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia,

17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.

2 Timoteo 4

1Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino:

2proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.

3Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír;

4y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

5Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

6Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

7He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

8Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

9Procura venir enseguida a mi lado,

10pues Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente, y se marchó a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia;

11Lucas es el único que está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para el ministerio.

12A Tíquico lo envié a Éfeso.

13El manto que dejé en Tróade, en casa de Carpo, tráelo cuando vengas, y también los libros, sobre todo los pergaminos.

14Alejandro, el herrero, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le dará el pago conforme a sus obras.

15Guárdate de él también tú, porque se opuso vehementemente a nuestras palabras.

16En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!

17Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

18El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

19Saluda a Prisca y Áquila, y a la casa de Onesíforo.

20Erasto se quedó en Corinto; a Trófimo lo dejé enfermo en Mileto.

21Procura venir enseguida a mi lado, antes de que llegue el invierno. Te saludan Eúbulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.

22El Señor esté con tu espíritu. La gracia esté con vosotros.

Tito 1

1Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para suscitar la fe de los elegidos de Dios y el conocimiento de la verdad, que, de acuerdo con la piedad,

2lleva a la esperanza de la vida eterna; esta fue prometida antes de los siglos por Dios, que nunca miente;

3al llegar el tiempo apropiado, él manifestó su palabra por la predicación que me fue confiada según el mandato de Dios nuestro Salvador,

4a Tito, verdadero hijo en la fe que compartimos: gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Salvador nuestro.

5Mi intención al dejarte en Creta era que acabaras de organizar lo que aún faltaba por hacer y constituyeses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di.

6Que el presbítero sea alguien sin tacha, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, a los que no quepa acusar de vida desenfrenada ni de ser unos insubordinados.

7Porque es preciso que el obispo sea intachable, como administrador que es de la casa de Dios; que no sea presuntuoso, ni colérico, ni dado al vino, ni pendenciero, ni ávido de ganancias poco limpias.

8Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí.

9Debe mostrar adhesión al mensaje de la fe de acuerdo con la enseñanza, para que sea capaz tanto de orientar en la sana doctrina como de rebatir a los que sostienen la contraria.

10Porque hay mucho insubordinado, charlatán y embaucador, sobre todo entre los de la circuncisión,

11a los cuales se debe tapar la boca, pues revuelven familias enteras, enseñando lo que no se debe, y todo para sacar dinero.

12Un cretense, profeta entre los suyos, dijo: «Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, estómagos perezosos».

13Y su testimonio es verdadero. Por ello, repréndelos con severidad para que se mantengan sanos en la fe

14y no presten atención a fábulas judías ni a preceptos de hombres que viven de espaldas a la verdad.

15Todo es limpio para los limpios; mas para los impuros y los incrédulos nada hay limpio, ya que su mente y su conciencia están manchadas.

16Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus obras. Son detestables, rebeldes e incapaces de cualquier obra buena.