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Lectura 66 de 90

1 Timoteo 6 · 2 Timoteo 1-2

Letra: Normal

1 Timoteo 6

1Cuantos están bajo el yugo de la esclavitud consideren a sus amos dignos de todo respeto, para que el nombre de Dios y la doctrina no sean maldecidos.

2Mas quienes tengan amos creyentes no los menosprecien porque son hermanos; al contrario, sírvanlos mejor, pues los que se benefician de su buena obra son creyentes y amados. Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.

3Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad,

4es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias,

5altercados interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro.

6La piedad es ciertamente una gran ganancia para quien se contenta con lo suficiente.

7Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos llevarnos nada de él.

8Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.

9Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición.

10Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos.

11Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

12Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

13Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno

14que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo,

15que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores,

16el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor y poder eterno. Amén.

17A los ricos de este mundo ordénales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de la riqueza, sino en Dios que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos;

18que hagan el bien, sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir;

19y así atesorarán un excelente fondo para el porvenir y alcanzarán aquella que es realmente la vida verdadera.

20Timoteo, guarda el depósito, apártate de las habladurías perniciosas y de las objeciones del mal llamado conocimiento;

21pues algunos que lo profesaban se desviaron de la fe. La gracia esté con vosotros.

2 Timoteo 1

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús,

2a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

3Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.

4Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría.

5Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.

6Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos,

7pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.

8Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

9Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos,

10la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

11De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro.

12Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día.

13Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.

14Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

15Ya sabes que todos los de Asia me volvieron la espalda, entre ellos Figelo y Hermógenes.

16Que el Señor tenga misericordia de la casa de Onesíforo, porque me reconfortó muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas;

17antes bien, en cuanto llegó a Roma, me buscó con ahínco y me encontró.

18Que el Señor le conceda hallar misericordia de parte del Señor en aquel día. Tú conoces mejor que yo los buenos servicios que prestó en Éfeso.

2 Timoteo 2

1Así pues, tú, hijo mío, hazte fuerte en la gracia de Cristo Jesús,

2y lo que has oído de mí, a través de muchos testigos, esto mismo confíalo a hombres fieles, capaces, a su vez, de enseñar a otros.

3Toma parte en los padecimientos como buen soldado de Cristo Jesús.

4Nadie, mientras sirve en el ejército, se enreda en las normales ocupaciones de la vida; así agrada al que lo alistó en sus filas.

5Tampoco el atleta recibe la corona si no lucha conforme a las reglas.

6El labrador que se afana con fatiga tiene que ser el primero en participar de los frutos.

7Reflexiona lo que digo, pues el Señor te dará inteligencia para que lo comprendas todo.

8Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio,

9por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.

10Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.

11Es palabra digna de crédito: Pues si morimos con él, también viviremos con él;

12si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará.

13Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

14Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes.

15Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad.

16Evita las charlatanerías profanas, pues conducen a una impiedad cada vez mayor,

17y su palabra se propagará con efectos tan corrosivos como la gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto,

18los cuales se desviaron de la verdad al decir que la resurrección ya ha acontecido, y trastornan la fe de algunos.

19Mas el sólido fundamento de Dios ha permanecido firme, teniendo este sello: «El Señor conoció a los que son suyos» y «Aléjese de la iniquidad todo el que invoca el nombre del Señor».

20Ahora bien, en una casa grande no hay solo vasijas de oro y plata, sino también de madera y de arcilla. Unas tienen una finalidad honrosa; otras, deshonrosa.

21Pues bien, si uno se purifica de estas cosas, será una vasija con finalidad honrosa, santificada, útil a su dueño, preparada para toda obra buena.

22Huye de las pasiones juveniles. Busca la justicia, la fe, el amor, la paz junto con los que invocan al Señor con corazón limpio.

23Rehúye las cuestiones necias y estúpidas, sabiendo que acaban en peleas;

24y uno que sirve al Señor no debe pelearse, sino ser amable con todos, hábil para enseñar, sufrido,

25capaz de corregir con dulzura a quienes sostienen doctrinas contrarias, por si Dios les concede la conversión que lleva al conocimiento de la verdad

26y vuelven en sí, escapando del lazo del diablo, que los tiene cautivos, para hacer su voluntad.