Lectura 65 de 90
1 Timoteo 3-5
1 Timoteo 3
1Es palabra digna de crédito que, si alguno aspira al episcopado, desea una noble tarea.
2Pues conviene que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, sensato, ordenado, hospitalario, hábil para enseñar,
3no dado al vino ni amigo de reyertas, sino comprensivo; que no sea agresivo ni amigo del dinero;
4que gobierne bien su propia casa y se haga obedecer de sus hijos con todo respeto.
5Pues si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
6Que no sea alguien recién convertido a la fe, por si se le sube a la cabeza y es condenado lo mismo que el diablo.
7Conviene además que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito ni en el lazo del diablo.
8En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios;
9que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura.
10Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio.
11Las mujeres, igualmente, que sean respetables, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.
12Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas.
13Porque quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús.
14Aunque espero estar pronto contigo, te escribo estas cosas
15por si tardo, para que sepas cómo conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
16En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria.
1 Timoteo 4
1El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos se alejarán de la fe por prestar oídos a espíritus embaucadores y a enseñanzas de demonios,
2inducidos por la hipocresía de unos mentirosos, que tienen cauterizada su propia conciencia,
3que prohíben casarse y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que los creyentes y los que han llegado al conocimiento de la verdad participen de ellos con acción de gracias.
4Porque toda criatura de Dios es buena, y no se debe rechazar nada, sino que hay que tomarlo todo con acción de gracias,
5pues es santificado por la palabra de Dios y la oración.
6Si propones estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que tú has seguido tan atentamente.
7En cambio, evita las fábulas profanas y propias de ancianas. Ejercítate en la piedad.
8El ejercicio corporal aprovecha para poco, mientras que la piedad aprovecha para todo. Tiene la promesa de la vida, la presente y la futura.
9Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación.
10Pues para esto nos fatigamos y luchamos, porque hemos puesto la esperanza en el Dios vivo, que es salvador de todos, sobre todo de los que creen.
11Ordena estas cosas y enséñalas.
12Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los fieles en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza.
13Hasta que yo llegue, centra tu atención en la lectura, la exhortación, la enseñanza.
14No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio.
15Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas.
16Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
1 Timoteo 5
1No increpes al anciano, sino exhórtalo como a un padre; a los jóvenes, como a hermanos;
2a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.
3Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas.
4Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que estos aprendan primero a cumplir con sus deberes con la propia familia y a corresponder como es debido a lo que han recibido de los progenitores, porque esto es agradable a los ojos de Dios.
5La que es verdaderamente viuda, y ha quedado sola, tiene puesta su esperanza en Dios y persevera en las súplicas y en las oraciones noche y día.
6En cambio, la que se da a los placeres, aunque viva, está muerta.
7Ordena estas cosas, para que sean irreprochables.
8Pues si alguno no cuida de los suyos y sobre todo de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que uno que no cree.
9Para que una viuda sea inscrita en la lista se requiere que no tenga menos de sesenta años, que haya sido mujer de un solo marido
10y esté acreditada por sus buenas obras: si crio bien a sus hijos, si practicó la hospitalidad, si lavó los pies de los santos, si asistió a los atribulados, si procuró hacer todo tipo de obras buenas.
11No aceptes a las viudas jóvenes, pues, cuando se avivan en ellas los impulsos sensuales que alejan de Cristo, quieren casarse,
12y se ven condenadas por haber roto su compromiso anterior.
13Y al mismo tiempo, como además están ociosas, se acostumbran a ir por las casas; con lo cual, además de ociosas, se hacen también charlatanas y entrometidas, hablando lo que no conviene.
14Quiero, pues, que las jóvenes se casen, tengan hijos, gobiernen su propia casa y no den al adversario ningún pretexto para que critique.
15Pues ya algunas se han descarriado siguiendo a Satanás.
16Si alguna creyente tiene viudas, que las asista, para que no se grave a la Iglesia y esta pueda asistir a las que son verdaderamente viudas.
17Los presbíteros que presiden bien son dignos de doble honor, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza.
18Pues dice la Escritura: No pondrás bozal al buey que trilla y El obrero es digno de su salario.
19No admitas una acusación contra un presbítero, a menos que se apoye en dos o tres testigos.
20A los que pequen, repréndelos delante de todos, para que los demás cobren temor.
21Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús y de los ángeles elegidos que observes estas cosas sin prejuicios y sin dejarte llevar por favoritismos.
22A nadie impongas las manos precipitadamente, ni te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.
23En adelante ya no bebas más agua sola, sino toma un poco de vino a causa del estómago y de tus frecuentes enfermedades.
24Los pecados de algunos son manifiestos incluso antes del juicio; los de otros, en cambio, lo son inmediatamente después.
25De igual modo, también las buenas obras son manifiestas y las que no son buenas no pueden permanecer ocultas.