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Lectura 64 de 90

2 Tesalonicenses 3 · 1 Timoteo 1-2

Letra: Normal

2 Tesalonicenses 3

1Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada, como lo fue entre vosotros,

2y para que nos veamos libres de la gente perversa y malvada, porque la fe no es de todos.

3El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

4En cuanto a vosotros, estamos seguros en el Señor de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos mandado.

5Que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciencia en Cristo.

6En nombre del Señor Jesucristo, os mandamos, hermanos, que os apartéis de todo hermano que lleve una vida desordenada y no conforme con la tradición que recibió de nosotros.

7Ya sabéis vosotros cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar,

8no comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y fatiga, día y noche, trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de vosotros.

9No porque no tuviéramos derecho, sino para daros en nosotros un modelo que imitar.

10Además, cuando estábamos entre vosotros, os mandábamos que si alguno no quiere trabajar, que no coma.

11Porque nos hemos enterado de que algunos viven desordenadamente, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo.

12A esos les mandamos y exhortamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con sosiego para comer su propio pan.

13Por vuestra parte, hermanos, no os canséis de hacer el bien.

14Si alguno no hace caso de lo que decimos en la carta, señaladlo y no tratéis con él, para que se avergüence.

15Pero no lo consideréis como un enemigo, sino corregidlo como a un hermano.

16Que el mismo Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros.

17El saludo va de mi mano, Pablo; esta es la contraseña en toda carta; esta es mi letra.

18La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

1 Timoteo 1

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra,

2a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

3Al salir para Macedonia, te encargué que permanecieras en Éfeso; tenías que transmitir a algunos la orden de que no enseñaran doctrinas diferentes

4ni se ocuparan de fábulas y de genealogías interminables, cosas que llevan más a disquisiciones que a la realización del plan de Dios de acuerdo con la fe.

5Esta orden tiene por objeto el amor que brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera.

6Algunos se han desviado de estas cosas y se han vuelto a una vana palabrería;

7pretenden ser maestros de la ley, cuando no saben lo que dicen ni entienden lo que tan rotundamente afirman.

8Sabemos que la ley es buena siempre que se use legítimamente,

9teniendo claro que no ha sido formulada para el justo, sino para los que viven sin normas o no se someten a ellas; para los impíos y los pecadores; para los irreligiosos y los profanos; para los parricidas y los matricidas; para los asesinos,

10los fornicarios, los invertidos, los traficantes de personas, los mentirosos, los perjuros y para todo lo demás que se oponga a la sana doctrina

11según el Evangelio de la gloria del Dios bienaventurado, que me ha sido confiado.

12Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio,

13a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe;

14sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.

15Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero;

16pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna.

17Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

18Timoteo, hijo mío, te confío este encargo, de acuerdo con las profecías pronunciadas anteriormente acerca de ti, para que, apoyado en ellas, combatas el noble combate,

19conservando la fe y la buena conciencia. Algunos se desentendieron de esta y naufragaron en la fe;

20entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás para que aprendan a no blasfemar.

1 Timoteo 2

1Ruego, pues, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad,

2por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.

3Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador,

4que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

5Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús,

6que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo

7y para el que fui constituido heraldo y apóstol —digo la verdad, no miento—, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.

8Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones;

9de igual modo, las mujeres convenientemente vestidas, arregladas con decencia y modestia; no con peinados de trenzas y oro o perlas, ni con ropa costosa,

10sino como conviene a mujeres que profesan la piedad mediante las buenas obras.

11Que la mujer aprenda sosegadamente y con toda sumisión.

12No consiento que la mujer enseñe ni que domine sobre el varón, sino que permanezca sosegada.

13Pues primero fue formado Adán; después, Eva.

14Además, Adán no fue engañado; en cambio, la mujer, habiendo sido engañada, incurrió en transgresión,

15aunque se salvará por la maternidad, si permanece en la fe, el amor y la santidad, junto con la modestia.