Lectura 56 de 90
Gálatas 4-6
Gálatas 4
1Digo además que mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo siendo como es dueño de todo,
2sino que está bajo tutores y administradores hasta la fecha fijada por su padre.
3Lo mismo nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos esclavizados bajo los elementos del mundo.
4Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,
5para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.
6Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!».
7Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
8Pero, en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, erais esclavos de seres que en realidad no son dioses;
9mas ahora que habéis conocido a Dios, o, mejor dicho, que Dios os ha conocido, ¿cómo os volvéis de nuevo a esos elementos sin eficacia ni contenido y queréis volver a ser sus esclavos como antes?
10Observáis días, meses, estaciones y años;
11me hacéis temer que mis fatigas por vosotros hayan sido en vano.
12Poneos, por favor, en mi lugar, lo mismo que yo, hermanos, me pongo en el vuestro. En nada me ofendisteis.
13Sabéis que la primera vez os anuncié el Evangelio con ocasión de una enfermedad corporal;
14con todo, aunque mi estado físico os debió de tentar a ello, no me despreciasteis ni me hicisteis ningún desaire; al contrario, me recibisteis como a un mensajero de Dios, como a Jesucristo en persona.
15¿Dónde ha quedado ahora aquella dicha vuestra? Porque puedo dar testimonio de que, si hubiera sido posible, os habríais sacado los ojos para dármelos.
16Y ahora, ¿me he convertido en enemigo vuestro por ser sincero con vosotros?
17El interés que muestran por vosotros no es de buena ley; quieren apartaros de mí para que os mostréis más bien seguidores suyos.
18Está bien, en cambio, ser objeto de interés para el bien siempre, y no solo cuando estoy ahí con vosotros.
19Hijos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo se forme en vosotros.
20Quisiera estar ahora entre vosotros y matizar el tono de mi voz, pues con vosotros no encuentro medio.
21Decidme vosotros, los que queréis someteros a la ley: ¿no oís lo que dice la ley?
22Porque está escrito que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre;
23pero el hijo de la esclava nació según la carne y el de la libre en virtud de una promesa.
24Estas cosas son una alegoría: aquellas representan dos alianzas. Una, la del monte Sinaí, engendra para la esclavitud, y es Agar;
25en efecto, Agar significa la montaña del Sinaí, que está en Arabia, pero corresponde a la Jerusalén actual, pues está sometida a esclavitud junto con sus hijos.
26En cambio, la Jerusalén de arriba es libre; y esa es nuestra madre.
27Pues está escrito: Alégrate, estéril, la que no dabas a luz, rompe a gritar de júbilo, la que no tenías dolores de parto, porque serán muchos los hijos de la abandonada; más que los de la que tiene marido.
28Pero vosotros, hermanos, sois, como Isaac, hijos de la promesa.
29Ahora bien, lo mismo que entonces el que había sido engendrado según la carne perseguía al que había sido engendrado según el Espíritu, así ocurre ahora.
30Pero ¿qué dice la Escritura? Expulsa a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre.
31Así, pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.
Gálatas 5
1Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.
2Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
3Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley.
4Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.
5Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe;
6porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.
7Estabais corriendo bien; ¿quién os cerró el paso para que no obedecieseis a la verdad?
8Tal persuasión no procede del que os llama.
9Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.
10En relación con vosotros, yo confío en que el Señor hará que no penséis de otro modo; ahora bien, el que os alborota, sea quien sea, cargará con su condena.
11Por mi parte, hermanos, si es verdad que continúo predicando la circuncisión, ¿por qué siguen persiguiéndome? ¡El escándalo de la cruz ha quedado anulado!
12¡Ojalá se mutilasen los que os soliviantan!
13Pues vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor.
14Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
15Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente.
16Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne;
17pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.
18Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,
20idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades,
21borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios.
22En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad,
23modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley.
24Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos.
25Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.
26No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
Gálatas 6
1Hermanos, incluso en el caso de que alguien sea sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidlo con espíritu de mansedumbre; pero vigílate a ti mismo, no sea que también tú seas tentado.
2Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.
3Pues si alguien cree ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.
4Y que cada uno examine su propio comportamiento; el motivo de satisfacción lo tendrá entonces en sí mismo y no en relación con los otros.
5Pues cada cual carga con su propio fardo.
6Que el catecúmeno comparta sus bienes con quien lo instruye en la palabra.
7No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que uno siembre, eso cosechará.
8El que siembra para la carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre para el espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
9No nos cansemos de hacer el bien, que, si no desmayamos, a su tiempo cosecharemos.
10Por tanto, mientras tenemos ocasión, hagamos el bien a todos, especialmente a la familia de la fe.
11Mirad con qué letras tan grandes os he escrito de mi propia mano.
12Los que buscan aparecer bien en lo corporal son quienes os fuerzan a circuncidaros; pero lo hacen con el solo objetivo de no ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo.
13Pues ni los mismos que se circuncidan observan la ley, sino que desean que os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne.
14En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
15Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.
16La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
17En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
18La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.