← El Nuevo Testamento en 90 lecturas

Lectura 55 de 90

Gálatas 1-3

Letra: Normal

Gálatas 1

1Pablo, apóstol no de parte de hombres ni por mediación de ningún hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos,

2y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:

3Gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo,

4que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este perverso mundo presente, conforme al designio de Dios, nuestro Padre.

5A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

6Me maravilla que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio.

7No es que haya otro evangelio; lo que pasa es que algunos os están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo.

8Pues bien, aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os predicara un evangelio distinto del que os hemos predicado, ¡sea anatema!

9Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea anatema!

10Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres, o la de Dios?, ¿o trato de agradar a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo.

11Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano;

12pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

13Porque habéis oído hablar de mi pasada conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba,

14y aventajaba en el judaísmo a muchos de mi edad y de mi raza como defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados.

15Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó

16revelar a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles,

17no consulté con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que, enseguida, me fui a Arabia, y volví a Damasco.

18Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince días con él.

19De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor.

20Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo.

21Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia.

22Personalmente yo era un desconocido para las iglesias de Cristo que hay en Judea;

23solo habían oído decir que el que antes los perseguía anuncia ahora la fe que antes intentaba destruir;

24y glorificaban a Dios por causa mía.

Gálatas 2

1Después, transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito.

2Subí por una revelación. Y les expuse el Evangelio que predico entre los gentiles, aunque en privado, a los más cualificados, no fuera que caminara o hubiera caminado en vano.

3Sin embargo, ni siquiera obligaron a circuncidarse a Tito, que estaba conmigo y es griego.

4Di este paso por motivo de esos intrusos, esos falsos hermanos que se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús y esclavizarnos.

5Pero ni por un momento cedimos a su imposición, a fin de preservar para vosotros la verdad del Evangelio.

6En cambio, de parte de los más cualificados (lo que fueran o dejaran de ser entonces no me interesa, que Dios no tiene acepción de personas), los más representativos no me añadieron nada nuevo;

7todo lo contrario, vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos,

8pues el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles;

9además, reconociendo la gracia que me ha sido otorgada, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a Bernabé y a mí, de modo que nosotros nos dirigiéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos.

10Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir.

11Ahora bien, cuando llegó Cefas a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible.

12En efecto, antes de que llegaran algunos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquellos, se fue retirando y apartando por miedo a los de la circuncisión.

13Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.

14Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?

15Nosotros somos judíos de nacimiento, no pecadores de entre los gentiles.

16Pero, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley. Pues por las obras de la ley no será justificado nadie.

17Ahora bien, si buscando ser justificados en Cristo, resultamos también nosotros pecadores, ¿entonces qué?, ¿será Cristo un servidor del pecado? Ni mucho menos;

18pues si vuelvo a construir lo que había demolido, demuestro que soy un trasgresor.

19Pues yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo;

20vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

21No anulo la gracia de Dios; pero si la justificación es por medio de la ley, Cristo habría muerto en vano.

Gálatas 3

1¡Oh, insensatos Gálatas! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos se presentó a Cristo crucificado?

2Solo quiero que me contestéis a esto: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

3¿Tan insensatos sois? ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar con la carne?

4¿Habéis vivido en vano tantas experiencias? Y si fuera en vano…

5Vamos a ver: el que os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por haber escuchado con fe?

6Lo mismo que Abrahán: creyó a Dios, y le fue contado como justicia.

7Reconoced, pues, que hijos de Abrahán son los de la fe.

8En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia de que por ti serán benditas todas las naciones.

9Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel.

10En cambio, cuantos viven de las obras de la ley están bajo maldición, porque está escrito: Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el libro de la ley, cumpliéndolo.

11Que en el ámbito de la ley nadie es justificado resulta evidente, pues el justo por la fe vivirá;

12en cambio, la ley no procede de la fe, sino que quien los cumpla vivirá por ellos.

13Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo el que cuelga de un madero;

14y esto, para que la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles en Cristo Jesús, y para que recibiéramos por la fe la promesa del Espíritu.

15Hermanos, hablo desde un punto de vista humano: un testamento debidamente otorgado, aunque sea de un hombre, nadie puede anularlo ni añadirle cláusula alguna.

16Pues bien, las promesas se le hicieron a Abrahán y a su descendencia (no dice «y a los descendientes», como si fueran muchos, sino y a tu descendencia, que es Cristo).

17Lo que digo es esto: un testamento debidamente otorgado por Dios no pudo invalidarlo la ley, que apareció cuatrocientos treinta años más tarde, de modo que anulara la promesa;

18pues, si la herencia viniera en virtud de la ley, ya no dependería de la promesa; y es un hecho que a Abrahán Dios le otorgó su gracia en virtud de la promesa.

19Entonces, ¿qué decir de la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones, hasta que llegara el descendiente a quien se había hecho la promesa, y fue promulgada por ángeles a través de un mediador;

20además, el mediador no lo es de uno solo, mientras que Dios es uno solo.

21Entonces, ¿va la ley contra las promesas de Dios? Ni mucho menos. Pues si se hubiera otorgado una ley capaz de dar vida, la justicia dependería realmente de la ley.

22Pero no, la Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara por la fe en Jesucristo a los que creen.

23Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe.

24La ley fue así nuestro ayo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe;

25pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al ayo.

26Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo.

28No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa.