Lectura 57 de 90
Efesios 1-3
Efesios 1
1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos, que están en Éfeso, a los fieles en Cristo Jesús:
2Gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
3Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
4Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
5Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos,
6para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
7En él, por su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados, conforme a la riqueza de la gracia
8que en su sabiduría y prudencia ha derrochado sobre nosotros,
9dándonos a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado
10realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
11En él hemos heredado también los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad,
12para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en el Mesías.
13En él también vosotros, después de haber escuchado la palabra de la verdad —el evangelio de vuestra salvación—, creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
14Él es la prenda de nuestra herencia, mientras llega la redención del pueblo de su propiedad, para alabanza de su gloria.
15Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos,
16no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones,
17a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo,
18e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos,
19y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa,
20que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo,
21por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
22Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo.
23Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.
Efesios 2
1También vosotros un tiempo estabais muertos por vuestras culpas y pecados,
2cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios.
3Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás.
4Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó,
5estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—;
6nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él,
7para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe.
9Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir.
10Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.
11Por tanto vosotros, los que un tiempo erais gentiles según la carne, llamados incircuncisos por los que se llamaban circuncisos en razón de una operación practicada en la carne, recordad
12que entonces vivíais sin Cristo: extranjeros a la ciudadanía de Israel, ajenos a las alianzas y sus promesas, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
13Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo.
14Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad.
15Él ha abolido la ley con sus mandamientos y decretos, para crear, de los dos, en sí mismo, un único hombre nuevo, haciendo las paces.
16Reconcilió con Dios a los dos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, a la hostilidad.
17Vino a anunciar la paz: paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca.
18Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu.
19Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
20Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.
21Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.
22Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Efesios 3
1Por esto me dirijo a vosotros yo, Pablo, el prisionero por Cristo Jesús en favor de vosotros los gentiles.
2Supongo que habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.
3Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, sobre el cual acabo de escribiros brevemente.
4Leedlo y veréis cómo comprendo yo el misterio de Cristo,
5que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas:
6que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio,
7del cual soy yo servidor por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.
8A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo;
9e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
10Así, mediante la Iglesia, los principados y potestades celestes conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios,
11según el designio eterno, realizado en Cristo, Señor nuestro,
12por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en él.
13Así pues, os pido que no os desaniméis ante lo que sufro por vosotros, pues redunda en gloria vuestra.
14Por eso doblo las rodillas ante el Padre,
15de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra,
16pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior;
17que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento;
18de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo,
19comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
20Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros;
21a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones de los siglos de los siglos. Amén.