Lectura 52 de 90
2 Corintios 5-7
2 Corintios 5
1Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.
2Y, de hecho, en esta situación suspiramos anhelando ser revestidos de la morada que viene del cielo,
3si es que nos encuentran vestidos y no desnudos.
4Pues los que vivimos en esta tienda suspiramos abrumados, por cuanto no queremos ser desvestidos sino sobrevestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida;
5y el que nos ha preparado para esto es Dios, el cual nos ha dado como garantía el Espíritu.
6Así pues, siempre llenos de buen ánimo y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos desterrados lejos del Señor,
7caminamos en fe y no en visión.
8Pero estamos de buen ánimo y preferimos ser desterrados del cuerpo y vivir junto al Señor.
9Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo.
10Porque todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir cada cual por lo que haya hecho mientras tenía este cuerpo, sea el bien o el mal.
11Por tanto, sabiendo lo que es el temor del Señor, tratamos de ganar la confianza de los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto; aunque espero estar también al descubierto ante vuestras conciencias.
12No estamos volviendo a recomendarnos ante vosotros; nuestro único deseo es daros motivos para gloriaros de nosotros, de modo que tengáis algo que responder a los que se glorían de apariencias y no de lo que hay en el corazón;
13pues si empezamos a desatinar, fue por Dios; si nos moderamos, es por vosotros.
14Porque nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
15Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
16De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
17Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
18Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
19Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
20Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
21Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
2 Corintios 6
1Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.
2Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
3Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio;
4antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros;
5en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer;
6procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero;
7con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda;
8a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad,
9desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados;
10como afligidos, pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.
11Corintios, os hemos hablado abiertamente, nuestro corazón se ha dilatado.
12No os habéis empequeñecido dentro de nosotros, sino dentro de vosotros mismos.
13Os hablo como a hijos: correspondednos con la misma paga y dilataos también vosotros.
14No os unzáis en yugo desigual con los infieles: ¿qué tienen en común la justicia y la maldad?, ¿qué relación hay entre la luz y las tinieblas?,
15¿qué concordia puede haber entre Cristo y Beliar?, ¿qué pueden compartir el fiel y el infiel?,
16¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: Habitaré entre ellos y caminaré con ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
17Por eso, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os acogeré.
18Y seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor omnipotente.
2 Corintios 7
1Teniendo, pues, estas promesas, queridos, purifiquémonos de toda impureza de la carne o del espíritu, para ir completando nuestra santificación en el temor de Dios.
2Dadnos cabida en vuestros corazones. A nadie ofendimos, a nadie arruinamos, a nadie explotamos.
3No os digo esto para condenaros, pues ya os he dicho que os tengo en el corazón hasta el punto de que compartimos muerte y vida.
4Puedo hablaros con toda franqueza, estoy orgulloso de vosotros, estoy lleno de consuelo, desbordo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5En efecto, cuando llegamos a Macedonia no tuvimos ningún sosiego, sino tribulaciones de toda clase: luchas por fuera, temores por dentro.
6Pero el Dios que consuela a los afligidos, nos consoló con la llegada de Tito;
7y no sólo con su llegada, sino además con el consuelo que él había encontrado entre vosotros; nos comunicó vuestra añoranza, vuestro llanto, vuestro afán por mí, lo cual me alegró todavía más.
8Porque, si os contristé con mi carta, no me arrepiento; y si entonces lo sentí —pues veo que aquella carta os entristeció, aunque por poco tiempo—,
9ahora me alegro, no porque os hubierais entristecido, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento; pues os entristecisteis como Dios quiere, de modo que de parte nuestra no habéis sufrido ningún perjuicio.
10Efectivamente, la tristeza vivida como Dios quiere produce arrepentimiento decisivo y saludable; en cambio, la tristeza de este mundo lleva a la muerte.
11Pues mirad cuántas cosas ha producido entre vosotros el haberos entristecido según Dios: ¡qué interés y qué excusas, qué indignación y qué respeto, qué añoranza, qué afecto y qué escarmiento! Habéis mostrado en todo que sois inocentes en este asunto.
12De hecho, si os escribí no fue pensando en el ofensor ni en el ofendido, sino para que se pusiera de manifiesto entre vosotros ante Dios vuestro interés por nosotros.
13Esto es lo que nos ha consolado. Además de este consuelo, nos alegró enormemente la alegría de Tito, cuyo espíritu se tranquilizó gracias a todos vosotros.
14Porque, si en algo me he gloriado de vosotros ante él, no he quedado avergonzado. Todo lo contrario, así como os he hablado siempre con verdad, de igual modo nuestro orgullo con Tito se ha mostrado también verdadero.
15Además, su cariño por vosotros ha aumentado al recordar la obediencia que manifestasteis todos vosotros y la piadosa reverencia con que lo recibisteis.
16Me alegra porque cuento con vosotros en todo.