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Lectura 50 de 90

1 Corintios 15-16 · 2 Corintios 1

Letra: Normal

1 Corintios 15

1Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados,

2y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano.

3Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras;

4y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;

5y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce;

6después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto;

7después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles;

8por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.

9Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.

10Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.

11Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.

12Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

13Pues bien: si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado.

14Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe;

15más todavía: resultamos unos falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra él, diciendo que ha resucitado a Cristo, a quien no ha resucitado… si es que los muertos no resucitan.

16Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado;

17y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados;

18de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.

19Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.

20Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

21Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección.

22Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

23Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida;

24después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.

25Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.

26El último enemigo en ser destruido será la muerte,

27porque lo ha sometido todo bajo sus pies. Pero, cuando dice que ha sometido todo, es evidente que queda excluido el que le ha sometido todo.

28Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que se lo había sometido todo. Así Dios será todo en todos.

29De otro modo, ¿qué obtendrán los que se bautizan por los muertos? Si es verdad que los muertos no van a resucitar en absoluto, ¿por qué se bautizan entonces por ellos?

30Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos continuamente al peligro?

31Muero diariamente; lo digo, hermanos, por la gloria que tengo por vosotros en Cristo Jesús, nuestro Señor.

32Y si combatí contra fieras en Éfeso por motivos humanos, ¿de qué me sirve? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.

33No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las costumbres».

34Recuperad la debida sobriedad y no pequéis. Pues lo que tienen algunos es ignorancia de Dios: os lo digo para vergüenza vuestra.

35Alguno preguntará: ¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?

36Insensato, lo que tú siembras no recibe vida si (antes) no muere.

37Y al sembrar, no siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de cualquier otra planta.

38Pero Dios le da el cuerpo según ha querido, y a cada semilla su propio cuerpo.

39No toda carne es la misma carne, sino que una cosa es la carne de los humanos, otra la carne de los animales, otra la carne de las aves y otra la de los peces.

40Y hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero el resplandor de los celestes es uno y el de los terrestres, otro;

41uno es el resplandor del sol y otro el resplandor de la luna, y otro el resplandor de las estrellas; pues una estrella se distingue de otra por su brillo.

42Lo mismo es la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible;

43se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza;

44se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual.

45Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante.

46Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual.

47El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo.

48Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo.

49Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

50Os digo, hermanos, que ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios; tampoco la corrupción heredará la incorrupción.

51Mirad, os voy a declarar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados.

52En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la última trompeta; porque sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

53Porque es preciso que esto que es corruptible se vista de incorrupción, y que esto que es mortal se vista de inmortalidad.

54Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria.

55¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?».

56El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley.

57¡Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

58De modo que, hermanos míos queridos, manteneos firmes e inconmovibles. Entregaos siempre sin reservas a la obra del Señor, convencidos de que vuestro esfuerzo no será vano en el Señor.

1 Corintios 16

1Sobre la colecta en favor de los santos, haced vosotros lo mismo que ordené a las iglesias de Galacia:

2que cada uno de vosotros aparte el primer día de la semana lo que haya podido ahorrar y que lo guarde; de este modo, no habrá que hacer colectas cuando yo vaya.

3Y cuando llegue yo, a los que vosotros hayáis elegido los enviaré con cartas para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.

4Y si es conveniente que vaya también yo, irán conmigo.

5Cuando pase por Macedonia os visitaré, pues voy a ir por Macedonia;

6pero entre vosotros tal vez me quede, o incluso pasaré el invierno, para que me proveáis para el viaje, vaya donde vaya.

7Pues ahora no deseo veros de paso, porque espero quedarme con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.

8Con todo, me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés,

9pues se me ha abierto una puerta grande y favorable a la acción, aun siendo muchos los adversarios.

10Por otra parte, cuando llegue Timoteo, procurad que no se atemorice entre vosotros, pues trabaja en la obra del Señor como yo;

11que nadie lo desprecie, sino todo lo contrario: despedidlo en paz, para que venga adonde yo estoy, pues lo estoy esperando junto con los hermanos.

12Por lo que respecta al hermano Apolo, le he pedido encarecidamente que vaya a vosotros junto con los hermanos. Pero se ha decidido rotundamente que no vaya ahora; irá cuando sea oportuno.

13Vigilad, manteneos firmes en la fe, sed valientes y valerosos.

14Que todo lo vuestro se haga con amor.

15Un último ruego, hermanos: sabéis que la casa de Estéfanas es primicia de Acaya y que se pusieron al servicio de los santos.

16Someteos también vosotros a gente como esta y a cualquiera que coopere en sus esfuerzos.

17Me alegro de la llegada de Estéfanas, Fortunato y Acaico, pues han suplido vuestra falta;

18es decir, han tranquilizado mi espíritu y el vuestro. Así pues, manifestad vuestro reconocimiento a personas como estas.

19Os saludan las iglesias de Asia. Muchos saludos, en el Señor, de Áquila y Prisca, y de la iglesia que se reúne en su casa.

20Os saludan todos los hermanos. Saludaos mutuamente con el beso santo.

21El saludo lo he escrito yo mismo, Pablo.

22Si alguien no ama al Señor, sea anatema. Maranatá.

23La gracia del Señor Jesús con vosotros.

24Mi amor, con todos vosotros en Cristo Jesús.

2 Corintios 1

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que residen en Acaya:

2gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,

4que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios!

5Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo.

6De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.

7Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo.

8Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir.

9Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;

10el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando,

11si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra.

12Pues el motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia: ella nos asegura que procedemos con todo el mundo, y sobre todo con vosotros, con la sinceridad y honradez de Dios, y no por sabiduría carnal, sino por gracia de Dios.

13Pues no os escribimos sino lo que leéis o entendéis; ya nos habéis entendido en parte,

14pero espero que entendáis completamente que somos nosotros vuestro motivo de orgullo, lo mismo que vosotros el nuestro, para el día de nuestro Señor Jesús.

15Con este convencimiento deseábamos ir primero a vosotros, a fin de que recibierais otra gracia y, pasando junto a vosotros, ir a Macedonia;

16y luego, desde Macedonia, volver a vosotros, para que vosotros me encaminarais hacia Judea.

17Al hacer estos planes, ¿actué a la ligera?, ¿o es que los planes que hago los hago con miras humanas, de forma que se dan en mí el sí y el no?

18¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no es sí y no.

19Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí.

20Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en él. Así, por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya a través de nosotros.

21Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió,

22nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones.

23Dios me es testigo, por mi vida, de que no he ido aún a Corinto por consideración a vosotros;

24y no porque seamos señores de vuestra fe, sino que contribuimos a vuestra alegría. Pues vosotros os mantenéis firmes en la fe.