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Lectura 45 de 90

Romanos 16 · 1 Corintios 1-2

Letra: Normal

Romanos 16

1Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que además es servidora de la Iglesia que está en Cencreas;

2recibidla en el Señor de un modo que sea digno de los santos y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros. Pues también ella ha sido protectora de muchos, e incluso de mí mismo.

3Saludad a Prisca y Áquila, mis colaboradores en la obra de Cristo Jesús,

4que expusieron sus cabezas por salvar mi vida; no soy yo solo quien les está agradecido, también todas las iglesias de los gentiles.

5Saludad asimismo a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludad a mi querido Epéneto, primicias de Asia para Cristo.

6Saludad a María, que con tanto afán ha trabajado en vuestro favor.

7Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de prisión, que son ilustres entre los apóstoles y además llegaron a Cristo antes que yo.

8Saludad a Ampliato, a quien quiero en el Señor.

9Saludad a Urbano, colaborador nuestro en la obra de Cristo, y a mi querido Estaquio.

10Saludad a Apeles, acreditado en Cristo. Saludad a la familia de Aristóbulo.

11Saludad a Herodión, mi pariente. De la familia de Narciso saludad a los que están en el Señor.

12Saludad a Trifena y Trifosa, que han trabajado afanosamente en el Señor. Saludad a la querida Pérside, que ha trabajado con mucho afán en el Señor.

13Saludad a Rufo, elegido en el Señor, y a su madre, que es también madre mía.

14Saludad a Asíncrito, Flegón, Hermes, Patrobas, Hermas y a todos los hermanos que están con ellos.

15Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los santos que están con ellos.

16Saludaos unos a otros con el beso santo. Os saludan todas las Iglesias de Cristo.

17Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado con los que crean disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; alejaos de ellos.

18Pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor sino a su vientre, y a través de palabras suaves y de lisonjas seducen los corazones de los ingenuos.

19La fama de vuestra obediencia se ha divulgado por todas partes; de aquí que yo me alegre por vosotros; pero deseo que seáis sensatos para el bien e inmunes al mal.

20Y el Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies. Que la gracia de nuestro Señor Jesús esté con vosotros.

21Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípatro, mis parientes.

22Yo, Tercio, que escribo la carta, os saludo en el Señor.

23Os saluda Gayo, que me hospeda a mí y a toda esta Iglesia.

24Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y Cuarto, el hermano.

25Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos

26y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe;

27a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

1 Corintios 1

1Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes nuestro hermano,

2a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:

3a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

4Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús;

5pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia;

6porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo,

7de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

8Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.

9Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

10Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

11Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros.

12Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

13¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

14Doy gracias a Dios porque no he bautizado a ninguno de vosotros, salvo a Crispo y a Gayo,

15de modo que nadie puede decir que ha sido bautizado en mi nombre.

16Bueno, también bauticé a la casa de Estéfanas; por lo demás, no sé si he bautizado a algún otro.

17Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

18Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.

19Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.

20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?

21Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.

22Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría;

23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles;

24pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

25Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

26Y si no, fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas;

27sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

28Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta,

29de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

30A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

31Y así —como está escrito—: el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.

1 Corintios 2

1Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría,

2pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

3También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo;

4mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu,

5para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

6Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer,

7sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

8Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

9Sino que, como está escrito: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.

10Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

11Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.

12Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos.

13Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu.

14Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque solo se puede juzgar con el criterio del Espíritu.

15En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está sujeto al juicio de nadie.

16«¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.