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Lectura 44 de 90

Romanos 13-15

Letra: Normal

Romanos 13

1Que todos se sometan a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios y las que hay han sido constituidas por Dios.

2De modo que quien se opone a la autoridad resiste a la disposición de Dios; y los que le resisten atraen la condena sobre sí.

3Pues los gobernantes no dan miedo al que hace el bien, sino al que obra el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Haz el bien y recibirás sus alabanzas;

4de hecho, la autoridad es un ministro de Dios para bien tuyo; pero si haces el mal, teme, pues no en vano lleva la espada; ya que es ministro de Dios para aplicar el castigo al que obra el mal.

5Por tanto, hay que someterse, no solo por el castigo, sino por razón de conciencia.

6Por ello precisamente pagáis impuestos, ya que son servidores de Dios, ocupados continuamente en ese oficio.

7Dad a cada cual lo que es debido: si son impuestos, impuestos; si tributos, tributos; si temor, temor; si respeto, respeto.

8A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley.

9De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

10El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

11Comportaos así, reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.

12La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

13Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias.

14Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos.

Romanos 14

1Acoged al débil en la fe, sin discutir sus razonamientos.

2Hay quienes creen poder comer de todo; otros flaquean y comen verduras.

3El que come, no desprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come, pues Dios lo ha acogido.

4¿Quién eres tú para juzgar a un criado ajeno? Que se mantenga en pie o que caiga es asunto de su amo; pero se mantendrá en pie, porque el Señor puede sostenerlo.

5Hay quien distingue unos días de otros y hay quien considera que todos son iguales; que cada cual siga sus propias convicciones.

6El que se preocupa de observar un día, se preocupa por causa del Señor; el que come, come por el Señor, pues da gracias a Dios; y el que no come, no come por el Señor y da gracias a Dios.

7Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

8Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

9Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

10Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios,

11pues está escrito: ¡Por mi vida!, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios.

12Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios.

13Dejemos, pues, de juzgarnos unos a otros; cuidad más bien de no poner tropiezo o escándalo al hermano.

14Sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, que nada es impuro por sí mismo; lo es para aquel que considera que es impuro.

15Pero si un hermano sufre por causa de un alimento, tú no actúas ya conforme al amor: no destruyas con tu alimento a alguien por quien murió Cristo.

16Por tanto, que no sea objeto de reproche lo que para vosotros es un bien.

17Porque el reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo;

18el que sirve en esto a Cristo es grato a Dios, y acepto a los hombres.

19Así, pues, procuremos lo que favorece la paz y lo que contribuye a la edificación mutua.

20No destruyas, por causa de un alimento, la obra de Dios. Todo es puro, pero es malo para quien come escandalizando.

21Es preferible no comer carne ni beber vino ni hacer nada que pueda ser ocasión de escándalo para tu hermano.

22La fe que tienes, guárdala para ti en la presencia de Dios. ¡Dichoso quien no se culpabiliza cuando decide algo!

23Pero quien come dudando, se condena, porque no actúa desde la fe. Y todo lo que no procede de la fe es pecado.

Romanos 15

1Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los endebles y no buscar la satisfacción propia.

2Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya.

3Tampoco Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí.

4Pues, todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.

5Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús;

6de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

7Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

8Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas

9y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre.

10Y en otro lugar: Regocijaos, gentiles, junto con su pueblo.

11Y además: Alabad al Señor todos los gentiles, proclamadlo todos los pueblos.

12E Isaías vuelve a decir: Aparecerá el retoño de Jesé y el que se levanta para dominar a los gentiles; en él esperarán los gentiles.

13Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

14Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros.

15Pese a todo, os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos. Lo he hecho en virtud de la gracia que Dios me ha otorgado:

16ser ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el oficio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable.

17Así pues, tengo de qué gloriarme en Cristo y en relación con las cosas que tocan a Dios.

18En efecto, no me atreveré a hablar de otra cosa que no sea lo que Cristo hace a través de mí en orden a la obediencia de los gentiles, con mis palabras y acciones,

19con la fuerza de signos y prodigios, con la fuerza del Espíritu de Dios. Tanto que, en todas direcciones, partiendo de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, he completado el anuncio del Evangelio de Cristo.

20Pero considerando una cuestión de honor no anunciar el Evangelio más que allí donde no se haya pronunciado aún el nombre de Cristo, para no construir sobre cimiento ajeno;

21sino como está escrito: Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído comprenderán.

22Por esta razón me he visto impedido muchas veces de ir hasta vosotros.

23Mas ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones y teniendo desde hace muchos años grandes deseos de ir adonde vosotros,

24cuando me ponga en camino hacia España, espero veros al pasar y, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía, que vosotros me encaminéis hacia allá.

25Pero ahora voy a Jerusalén, para el servicio de los santos,

26pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén.

27Tuvieron el gusto y además estaban obligados a ello; pues si los gentiles han compartido los bienes espirituales de los santos, ellos por su parte deben prestarles ayuda en lo material.

28Así pues, cuando haya concluido este asunto, sellándolo con la entrega del fruto de la colecta, pasaré entre vosotros de camino hacia España.

29Y sé que, cuando vaya a vosotros, lo haré con todas las bendiciones de Cristo.

30Ahora bien, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, os ruego, hermanos, que luchéis conmigo rezando a Dios por mí,

31para que me libre de los incrédulos en Judea y para que el servicio que llevo para Jerusalén sea bien acogido por los santos,

32de modo que vaya a vosotros con alegría y, si Dios lo quiere, pueda disfrutar de algún descanso en compañía vuestra.

33Y que el Dios de la paz sea con todos vosotros. Amén.