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Lectura 43 de 90

Romanos 10-12

Letra: Normal

Romanos 10

1Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios en favor suyo es que se salven.

2Pues puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, aunque no según un conocimiento adecuado.

3En efecto, desconociendo la justicia de Dios y buscando establecer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios;

4pues el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.

5Porque acerca de la justicia que viene de la ley, escribe Moisés que la persona que hace estas cosas vivirá por ellas;

6en cambio, la justicia que procede de la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, es decir, para hacer bajar a Cristo.

7O ¿quién bajará al abismo?, es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.

8Pero ¿qué es lo que dice? La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos.

9Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.

10Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación.

11Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido.

12En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan,

13pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.

14Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?

15y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!

16Pero no todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?

17Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.

18Pero digo yo: ¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario: A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras.

19Pero digo yo: ¿Es que Israel no comprendió? Moisés es el primero que afirma: Os daré celos con uno que no es pueblo, os provocaré con un pueblo insensato.

20Isaías por su parte se atreve a decir: Fui hallado entre los que no me buscaban; me hice manifiesto a los que no preguntaban por mí.

21Y a Israel le dice: Todo el día he extendido mi mano a un pueblo incrédulo y rebelde.

Romanos 11

1Y digo yo: ¿Acaso habrá desechado Dios a su pueblo? De ningún modo: que también yo soy israelita, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Benjamín.

2Dios no ha rechazado a su pueblo, al que había elegido de antemano. ¿O es que no sabéis lo que dice la Escritura cuando Elías se queja a Dios contra Israel?

3Señor, han matado a tus profetas, han derribado tus altares; he quedado yo solo y buscan mi vida.

4Pero ¿qué le responde el oráculo? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal.

5Así, pues, también en la actualidad ha quedado un resto, elegido por gracia.

6Y si es por gracia, no lo es en virtud de las obras; de otro modo, no es ya gracia.

7Entonces, ¿qué? Que Israel no consiguió lo que buscaba, mientras que sí lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron,

8según está escrito: Dios les dio un espíritu de embotamiento, ojos para no ver y oídos para no oír hasta el día de hoy.

9Y David dice: Que su mesa se convierta en trampa y en lazo, en ocasión de tropiezo y en retribución para ellos;

10que sus ojos se oscurezcan hasta no ver y que su espalda se vaya encorvando continuamente.

11Digo, pues: ¿acaso cometieron delito para caer? De ningún modo. Lo que ocurre es que, por su caída, la salvación ha pasado a los gentiles, para darles celos a ellos.

12Pero si su caída ha significado una riqueza para el mundo y su pérdida, una riqueza para los gentiles, ¡cuánto más significará su plenitud!

13Ahora bien, a vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio,

14por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.

15Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

16Si las primicias son santas, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

17Por otra parte, si algunas de las ramas fueron desgajadas, mientras que tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en su lugar y hecho partícipe de la raíz y de la savia del olivo,

18no te enorgullezcas en contra de las ramas. Y si te enorgulleces, piensa que no eres tú quien sostiene a la raíz, sino que la raíz te sostiene a ti.

19Pero objetarás: las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.

20De acuerdo: fueron desgajadas por su incredulidad, mientras que tú te mantienes por la fe; pero no te engrías por ello; más bien, teme.

21Pues si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ver si tampoco te perdona a ti.

22En fin, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron; contigo, bondad de Dios, si permaneces en la bondad; de otro modo, también tú serás desgajado.

23En cuanto a aquellos, si no permanecen en la incredulidad, serán injertados, pues Dios es poderoso para volver a injertarlos.

24Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre natural, para ser injertado, contra tu naturaleza, en un olivo excelente, ¡cuánto más serán injertados ellos, según su naturaleza, en su propio olivo!

25Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os engriáis: el endurecimiento de una parte de Israel ha sucedido hasta que llegue a entrar la totalidad de los gentiles

26y así todo Israel será salvo, como está escrito: Llegará de Sión el Libertador; alejará los crímenes de Jacob;

27y esta será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados.

28Según el Evangelio, son enemigos y ello ha revertido en beneficio vuestro; pero según la elección, son objeto de amor en atención a los padres,

29pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

30En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos,

31así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia.

32Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!

34En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero?

35O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?

36Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Romanos 12

1Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.

2Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

3Por la gracia de Dios que me ha sido dada os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene, sino estimaos moderadamente, según la medida de la fe que Dios otorgó a cada cual.

4Pues, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función,

5así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros.

6Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe;

7el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza;

8el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto.

9Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno.

10Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo;

11en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor.

12Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración;

13compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.

14Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

15Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.

16Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios.

17A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente.

18En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo.

19No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor.

20Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza.

21No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.