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Lectura 41 de 90

Romanos 4-6

Letra: Normal

Romanos 4

1¿Qué diremos, pues, que obtuvo Abrahán, nuestro padre según la carne?

2Si Abrahán fue justificado en virtud de las obras, tiene un timbre de gloria, pero no delante de Dios;

3pues, ¿qué dice la Escritura? Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.

4A alguien que trabaja, el jornal no se le cuenta como gracia, sino como algo debido;

5en cambio, a alguien que no trabaja, sino que cree en el que justifica al impío, la fe se le cuenta como justicia.

6Del mismo modo, también David proclama la bienaventuranza de aquel a quien Dios le cuenta la justicia independientemente de las obras.

7Bienaventurados aquellos a quienes se les perdonaron sus maldades y les sepultaron sus delitos;

8bienaventurado aquel a quien el Señor no le ha contado el pecado.

9Pues bien, ¿esta bienaventuranza afecta a la circuncisión o también a la incircuncisión? Pues decimos: A Abrahán se le contó la fe como justicia.

10¿Y cómo se le contó?, ¿estando circuncidado o siendo incircunciso? No estando circuncidado, sino siendo incircunciso.

11Y recibió la señal de la circuncisión, sello de la justicia que se recibe en virtud de la fe y que le fue contada cuando era todavía incircunciso; para que fuera padre de todos los que creen siendo incircuncisos, para que también a ellos se les contara como justicia;

12y padre de los circuncisos, es decir, de aquellos que no solo están circuncidados, sino que además siguen las huellas de la fe que tenía Abrahán, nuestro padre, siendo todavía incircunciso.

13En efecto, no por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.

14Pues si los herederos lo son en virtud de la ley, se vacía la fe y se anula la promesa;

15pues la ley provoca ira; ya que donde no hay ley tampoco hay transgresión.

16Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

17Según está escrito: Te he constituido padre de muchos pueblos; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.

18Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

19Y, aunque se daba cuenta de que su cuerpo estaba ya medio muerto —tenía unos cien años— y de que el seno de Sara era estéril, no vaciló en su fe.

20Todo lo contrario, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios,

21pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete;

22por lo cual le fue contado como justicia.

23Pero que le fue contado no está escrito solo por él;

24también está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesucristo nuestro Señor,

25el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Romanos 5

1Así pues, habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo,

2por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

3Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia,

4la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza,

5y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

6En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos;

7ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir;

8pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

9¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!

10Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!

11Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

12Por tanto, lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

13Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley.

14Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

15Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

16Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

17Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

18En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

19Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

20Ahora bien, la ley ha intervenido para que abundara el delito; pero, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia,

21para que, lo mismo que reinó el pecado a través de la muerte, así también reinara la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Romanos 6

1¿Qué diremos, pues? ¿Permanezcamos en el pecado para que abunde la gracia?

2De ningún modo. Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a seguir viviendo en el pecado?

3¿Es que no sabéis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?

4Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

5Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya;

6sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado;

7porque quien muere ha quedado libre del pecado.

8Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él;

9pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

10Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.

11Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

12Que el pecado no siga reinando en vuestro cuerpo mortal, sometiéndoos a sus deseos;

13no pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien, ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros al servicio de Dios, como instrumentos de la justicia.

14Porque el pecado no ejercerá su dominio sobre vosotros: pues no estáis bajo ley, sino bajo gracia.

15Entonces, ¿qué? ¿Pecaremos, puesto que no estamos bajo ley, sino bajo gracia? ¡En absoluto!

16¿No sabéis que, cuando os ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerlo, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?

17Pero gracias sean dadas a Dios, porque erais esclavos del pecado, mas habéis obedecido de corazón al modelo de doctrina al que fuisteis entregados;

18liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

19Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos, para vuestra santificación.

20Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres en lo que toca a la justicia.

21¿Y qué fruto obteníais entonces? Cosas de las que ahora os avergonzáis, porque conducen a la muerte.

22Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.

23Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.