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Lectura 38 de 90

Hechos de los Apóstoles 23-25

Letra: Normal

Hechos de los Apóstoles 23

1Pablo, mirando fijamente al Sanedrín, dijo: «Hermanos, yo, hasta este día, he procedido ante Dios con conciencia buena e íntegra».

2El sumo sacerdote Ananías ordenó a sus ayudantes que lo golpeasen en la boca.

3Entonces Pablo le dijo: «A ti te va a golpear Dios, muro blanqueado. Tú te sientas para juzgarme según la ley, ¿y actuando contra la ley ordenas que me golpeen?».

4Los presentes dijeron: «¿Insultas al sumo sacerdote de Dios?».

5Respondió Pablo: «Hermanos, no sabía que era sumo sacerdote, pues está escrito: No hablarás mal del jefe de tu pueblo».

6Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».

7Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida.

8(Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas).

9Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».

10El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.

11La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».

12Al amanecer, los judíos tramaron una conspiración, comprometiéndose bajo anatema a no comer ni beber hasta que no mataran a Pablo.

13Eran más de cuarenta los que se habían comprometido en esta conjuración.

14Estos, pues, se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Nos hemos comprometido bajo anatema a no probar bocado hasta que no hayamos matado a Pablo.

15Vosotros, por vuestra parte, de acuerdo con el Sanedrín, indicad al tribuno que lo haga bajar ante vosotros, con pretexto de examinar con más detalle su caso. Nosotros estamos dispuestos a matarlo antes de que llegue».

16Pero el hijo de la hermana de Pablo se enteró de la emboscada y, presentándose y entrando en el cuartel, informó a Pablo.

17Pablo, llamando a uno de los centuriones, le dijo: «Conduce a este joven ante el tribuno, pues tiene que informarle de algo».

18Entonces él, tomándolo consigo, lo condujo al tribuno y dijo: «El preso Pablo me llamó y me rogó que condujera ante ti este joven, que tiene que decirte algo».

19El tribuno, tomándolo de la mano y retirándose aparte, le preguntó: «¿De qué tienes que informarme?».

20Le respondió: «Los judíos han acordado pedirte que mañana hagas bajar a Pablo ante el Sanedrín con pretexto de examinar con más detalle su caso.

21Pero no te fíes de ellos, pues lo esperan emboscados más de cuarenta hombres, que se han comprometido bajo anatema a no comer ni beber hasta que lo maten; ya están listos, solo esperan que des tu consentimiento».

22Entonces el tribuno despidió al joven ordenándole: «No digas a nadie que me has contado esto».

23Y llamando a dos de los centuriones, les dijo: «Preparad para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros para marchar a Cesarea».

24Ordenó también que prepararan cabalgaduras para que las montara Pablo y lo llevaran a salvo al gobernador Félix.

25Y escribió una carta en estos términos:

26«Claudio Lisias saluda al excelentísimo gobernador Félix.

27Los judíos habían apresado y estaban a punto de matar a este hombre, cuando yo, al saber que era ciudadano romano, he intervenido con los soldados y lo he liberado.

28Queriendo averiguar la causa por la que lo acusaban, lo hice bajar ante su Sanedrín,

29y hallé que lo acusaban de cuestiones de su ley, pero que no tenía ningún delito digno de muerte o prisión.

30Al ser informado de que existía una conspiración contra este hombre, al punto te lo he mandado y he ordenado a sus acusadores que aleguen ante ti lo que tengan contra él».

31Los soldados, pues, de acuerdo con lo que se les había ordenado, tomando a Pablo, lo condujeron de noche hasta Antípatris.

32Al día siguiente, dejando que los jinetes se fuesen con él, regresaron al cuartel.

33Cuando aquellos llegaron a Cesarea, después de entregar la carta al gobernador, le presentaron también a Pablo.

34Después de leerla, preguntó a qué provincia pertenecía, y, al saber que era de Cilicia,

35dijo: «Te oiré cuando vengan tus acusadores». Y ordenó que se lo custodiara en el pretorio de Herodes.

Hechos de los Apóstoles 24

1Cinco días después bajó el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y cierto Tértulo, abogado, y presentaron ante el gobernador acusación contra Pablo.

2Convocado este, Tértulo comenzó su acusación, diciendo: «La mucha paz que por ti gozamos y las mejoras realizadas en beneficio de la nación por tu solícito cuidado,

3las reconocemos con gratitud en toda ocasión y en todo lugar, excelentísimo Félix.

4Pero para no molestarte más, te ruego nos escuches brevemente con tu acostumbrada benevolencia.

5Hemos encontrado que este hombre es una peste, que promueve alborotos contra todos los judíos del mundo entero y que es el jefe de la secta de los nazarenos.

6aIntentó además profanar el templo, pero nosotros lo hemos apresado.

6b[«apresamos y quisimos juzgar según nuestra Ley,]

7[pero llegando el tribuno Lisias lo arrebató de nuestras manos (con mucha violencia)]

8a[remitiéndonos a ti(ordenando que los acusadores vengan ante ti)»]

8bInterrógalo tú mismo y podrás averiguar por su propia declaración todas estas cosas de que lo acusamos».

9Los judíos lo apoyaron, afirmando que todo era así.

10Cuando el gobernador le hizo señal de que tomara la palabra, Pablo replicó: «Voy a hablar con buen ánimo en mi defensa, sabiendo que desde hace muchos años administras justicia a este pueblo.

11Como tú mismo puedes averiguar, no hace más de doce días que yo subí a Jerusalén para adorar

12y ni en el templo me han encontrado discutiendo con nadie o promoviendo disturbios entre la gente ni en las sinagogas ni en la ciudad,

13ni pueden presentarte pruebas de las cosas de que ahora me acusan.

14En cambio, esta es mi confesión ante ti: doy culto al Dios de mis padres según el Camino, que ellos llaman secta, creyendo en todo lo que está escrito en la Ley y los Profetas,

15y tengo en Dios la misma esperanza que ellos mismos aguardan de que habrá resurrección de justos e injustos.

16Por esto yo también procuro tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres.

17Después de muchos años, he venido a traer limosnas a mi pueblo y a presentar ofrendas.

18Estaba en ello cuando me encontraron en el templo, después de haberme purificado, y no con multitud ni alboroto.

19Los que me encontraron eran algunos judíos de Asia. Ellos son los que deberían presentarse ante ti y acusarme, si tienen algo contra mí.

20O que digan estos mismos qué crimen encontraron en mí cuando comparecí ante el Sanedrín,

21si no es este solo grito que yo pronuncié cuando estaba en medio de ellos: “Se me está juzgando hoy entre vosotros por la resurrección de los muertos”».

22Félix, que estaba bien informado en lo referente al Camino, les dio largas diciendo: «Cuando baje el tribuno Lisias, decidiré vuestra causa».

23Y dio orden al centurión de que custodiase a Pablo, dejando que tuviera alguna libertad y que no impidiese a ninguno de los suyos asistirlo.

24Después de algunos días vino Félix con su mujer, Drusila, que era judía; mandó traer a Pablo y lo escuchó sobre la fe en el Mesías Jesús.

25Pero cuando razonaba sobre la justicia, el dominio de sí mismo y el juicio futuro, Félix, aterrorizado, replicó: «Por ahora, puedes marcharte. Cuando tenga oportunidad, te haré llamar».

26Esperaba al mismo tiempo que Pablo le diese dinero; por ello muchas veces lo hacía venir y conversaba con él.

27Cumplido un bienio, Porcio Festo sucedió a Félix, y este, queriendo congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

Hechos de los Apóstoles 25

1A los tres días de haber llegado a la provincia, subió Festo a Jerusalén desde Cesarea.

2Los sumos sacerdotes y los principales de los judíos presentaron acusación contra Pablo y le rogaban

3que, en contra de los deseos de Pablo, les concediera la gracia de traerlo a Jerusalén; entre tanto, ellos preparaban una emboscada para matarlo en el camino.

4Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que él mismo iba a partir en breve.

5«Que bajen conmigo los de más autoridad entre vosotros —dijo—, y si hay algo irregular en ese hombre, que presenten acusación».

6Después de permanecer entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea. Al día siguiente, sentándose en el tribunal, ordenó que fuera traído Pablo.

7Una vez allí, lo rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén presentando contra él muchas y graves acusaciones que no podían probar,

8alegando Pablo en su defensa: «No he cometido delito ni contra la ley de los judíos ni contra el templo ni contra César».

9Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo, diciendo: «¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allí de estas cosas en mi presencia?».

10Pablo dijo: «Estoy ante el tribunal de César, que es donde tengo que ser juzgado. A los judíos no les he ofendido en nada, como tú mismo sabes muy bien.

11Por tanto, si soy reo de algún delito o he cometido algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si no hay nada de lo que estos me acusan, nadie me puede entregar a ellos. Apelo al César».

12Entonces Festo, tras deliberar con el consejo, respondió: «Has apelado al César; irás al César».

13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo.

14Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso

15y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena.

16Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación.

17Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.

18Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía;

19se trataba solo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo.

20Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí de esto.

21Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida el Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César».

22Agripa dijo a Festo: «También a mí me gustaría oír a ese hombre». «Mañana lo oirás», dijo.

23Al día siguiente llegaron Agripa y Berenice con mucha pompa y entraron en la sala de audiencias junto con los tribunos y las personas importantes de la ciudad. Festo ordenó que fuera traído Pablo.

24Y dijo Festo: «Rey Agripa y todos los que os encontráis aquí presentes con nosotros: estáis viendo al hombre contra quien acudió a mí toda la multitud de los judíos tanto en Jerusalén como aquí, clamando que no debe seguir con vida.

25Yo, por mi parte, comprendí que no había cometido nada digno de muerte, pero, como él ha apelado al Augusto, he decidido enviarlo.

26Sin embargo, no tengo información segura que transmitirle; por ello lo he presentado ante vosotros, especialmente ante ti, rey Agripa, para que se le interrogue y saber qué escribir,

27porque me parece fuera de razón enviar un preso sin informar de la causa que hay en su contra».