Lectura 35 de 90
Hechos de los Apóstoles 14-16
Hechos de los Apóstoles 14
1En Iconio entraron en la sinagoga de los judíos, según su costumbre, y hablaron de tal forma que creyó un buen número de judíos y de griegos.
2Pero los judíos que no habían creído excitaron y enconaron los ánimos de los gentiles contra los hermanos.
3A pesar de ello, se detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía apoyados en el Señor, que daba testimonio de la palabra de su gracia al concederles realizar por su mano signos y prodigios.
4La población de la ciudad se dividió en bandos, unos a favor de los judíos, otros a favor de los apóstoles.
5Entonces se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratarlos y apedrearlos;
6al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores,
7donde se pusieron a predicar el Evangelio.
8Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar.
9Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud,
10le dijo en voz alta: «Levántate, ponte derecho sobre tus pies». El hombre dio un salto y echó a andar.
11Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».
12A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar.
13El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.
14Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando
15y diciendo: «Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen.
16En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera por su camino;
17aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».
18Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.
19Pero llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándole ya por muerto.
20Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad. Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe.
21Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
22animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.
23En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído.
24Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia.
25Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía
26y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir.
27Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.
28Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.
Hechos de los Apóstoles 15
1Unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse.
2Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.
3Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos.
4Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.
5Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».
6Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
7Después de una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran.
8Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros.
9No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe.
10¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar?
11No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».
12Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.
13Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Escuchadme, hermanos:
14Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles.
15Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
16Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie,
17para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace
18que esto sea conocido desde antiguo.
19Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios;
20basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre.
21Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».
22Entonces los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas llamado Barsabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos,
23y enviaron por medio de ellos esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad.
24Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos,
25hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
26hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo.
27Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue:
28Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables:
29que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
30Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta.
31Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.
32Judas y Silas, que eran también profetas, hablaron largamente, exhortando y confirmando a los hermanos.
33Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.
34[«Pero a Silas le pareció mejor permanecer allí».]
35Por su parte, Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y anunciando, junto con otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.
36Unos días más tarde, dijo Pablo a Bernabé: «Vayamos de nuevo y visitemos a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado la palabra de Dios para ver cómo están».
37Bernabé quería llevar con ellos a Juan, llamado Marcos,
38pero Pablo opinaba que no debían tomar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.
39Se produjo una gran tensión, hasta el punto de que se separaron el uno del otro: Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó para Chipre;
40por su parte, Pablo, eligiendo como compañero a Silas, y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, partió
41y fue recorriendo Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
Hechos de los Apóstoles 16
1Llegó a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de una judía creyente, pero de padre griego.
2Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él.
3Pablo quiso que fuera con él y, puesto que todos sabían que su padre era griego, por consideración a los judíos de la región, lo tomó y lo hizo circuncidar.
4Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen.
5Las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.
6Atravesaron Frigia y la región de Galacia, al haberles impedido el Espíritu Santo anunciar la palabra en Asia.
7Al llegar cerca de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió.
8Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Tróade.
9Aquella noche, Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos».
10Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.
11Nos hicimos a la mar en Tróade y pusimos rumbo hacia Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis
12y de allí para Filipos, primera ciudad del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí nos detuvimos unos días.
13El sábado salimos de la ciudad y fuimos a un sitio junto al río, donde pensábamos que había un lugar de oración; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido.
14Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.
15Se bautizó con toda su familia y nos invitó: «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa». Y nos obligó a aceptar.
16Una vez que íbamos nosotros al lugar de oración, nos salió al encuentro una joven esclava, poseída por un espíritu adivino, que proporcionaba a sus dueños grandes ganancias haciendo de adivina.
17Esta, yendo detrás de Pablo y de nosotros, gritaba y decía: «Estos hombres son siervos del Dios altísimo, que os anuncian un camino de salvación».
18Venía haciendo esto muchos días, hasta que Pablo, cansado de ello, se volvió al espíritu y le dijo: «Te ordeno en el nombre de Jesucristo que salgas de ella». Y en aquel momento salió de ella.
19Pero al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, cogiendo a Pablo y a Silas, los arrastraron al ágora ante los magistrados
20y, presentándolos a los pretores, dijeron: «Estos hombres, judíos como son, están perturbando nuestra ciudad
21y están enseñando costumbres que no nos está permitido aceptar ni practicar, pues somos romanos».
22La plebe se amotinó contra ellos, y ordenaron que les arrancaran los vestidos y que los azotaran con varas;
23después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien;
24según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.
25A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban.
26De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas.
27El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado.
28Pero Pablo lo llamó a gritos, diciendo: «No te hagas daño alguno, que estamos todos aquí».
29El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas;
30los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?».
31Le contestaron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».
32Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa.
33A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, y se bautizó enseguida con todos los suyos;
34los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.
35Al hacerse de día, los pretores enviaron a los lictores con la orden: «Pon en libertad a esos hombres».
36El carcelero comunicó a Pablo la orden: «Los pretores han mandado a decir que os ponga en libertad. Ahora, pues, salid y continuad vuestro camino en paz».
37Pero Pablo les replicó: «A nosotros, ciudadanos romanos, nos han hecho azotar en público, sin previo juicio, y nos han arrojado a la cárcel, ¿y ahora nos quieren echar fuera a escondidas? De ninguna manera. Que vengan ellos en persona y nos saquen fuera».
38Los lictores comunicaron estas palabras a los pretores. Al oír que eran ciudadanos romanos, se asustaron,
39vinieron y les dieron satisfacción y, habiéndolos sacado fuera, les rogaban que se alejaran de la ciudad.
40Entonces ellos salieron de la cárcel y fueron a la casa de Lidia y, después de ver y animar a los hermanos, se marcharon.