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Lectura 34 de 90

Hechos de los Apóstoles 11-13

Letra: Normal

Hechos de los Apóstoles 11

1Los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.

2Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:

3«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».

4Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:

5«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba.

6Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo.

7Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”.

8Yo respondí: “De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”.

9Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”.

10Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.

11En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía.

12Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre.

13Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro;

14él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.

15En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio;

16entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”.

17Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».

18Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».

19Entre tanto, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos.

20Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús.

21Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

22Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía;

23al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño,

24porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

25Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo;

26cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

27En aquellos días, bajaron a Antioquía unos profetas de Jerusalén.

28Uno de ellos, de nombre Agabo, movido por el Espíritu, se puso en pie y predijo que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo que en efecto sucedió en tiempo de Claudio.

29Los discípulos determinaron enviar una ayuda, según los recursos de cada uno, a los hermanos que vivían en Judea;

30así lo hicieron, enviándolo a los presbíteros por medio de Bernabé y de Saulo.

Hechos de los Apóstoles 12

1Por aquel tiempo, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.

2Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

3Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos.

4Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.

5Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

6Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

7De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos,

8y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme».

9Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión.

10Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.

11Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

12Dándose cuenta de su situación con claridad, se dirigió a casa de María, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde había muchos reunidos en oración.

13Habiendo golpeado la puerta de la entrada, se acercó una sirvienta llamada Rode para ver quién era.

14Reconoció la voz de Pedro, mas, llena de alegría, no abrió el portón, sino que corrió adentro a anunciar que Pedro estaba en la puerta.

15Ellos le dijeron: «Estás loca». Pero ella insistía afirmando que era así. Entonces ellos dijeron: «Será su ángel».

16Mientras tanto, Pedro seguía llamando. Abrieron, lo vieron y quedaron fuera de sí.

17Pero él, haciéndoles señas con la mano para que callaran, les contó cómo el Señor lo sacó de la cárcel. Y añadió: «Informad de esto a Santiago y a los hermanos». Y saliendo, se encaminó a otro lugar.

18Cuando se hizo de día, se produjo un alboroto no pequeño entre los soldados sobre lo que habría sido de Pedro.

19Herodes lo hizo buscar y, al no encontrarlo, instruyó proceso a los guardias y los mandó ejecutar. Después, Pedro bajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.

20Estaba muy irritado Herodes con los de Tiro y Sidón. Estos, de común acuerdo, se presentaron ante él y, ganándose a Blasto, camarlengo del rey, solicitaban hacer las paces, pues su región se abastecía de la del rey.

21Fijado el día, Herodes, con vestidos regios, se sentó en el tribunal y les dirigía una arenga,

22mientras el pueblo aclamaba: «Voz de un dios, no de un hombre».

23De improviso, un ángel del Señor lo hirió por no haber dado gloria a Dios, y expiró, comido de gusanos.

24La palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba.

25Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.

Hechos de los Apóstoles 13

1En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.

2Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

3Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.

4Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre.

5Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, llevando también a Juan, que los ayudaba.

6Después de atravesar toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Barjesús,

7que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Este mandó llamar a Bernabé y Saulo y deseaba oír la palabra de Dios,

8pero se les oponía Elimas, el mago (pues esto es lo que significa su nombre), intentando apartar de la fe al procónsul.

9Entonces Saulo, que también se llama Pablo, lleno de Espíritu Santo, se quedó mirándolo

10y le dijo: «Hombre rebosante de todo tipo de mentira y maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿cuándo vas a dejar de oponerte a los rectos caminos del Señor?

11Ahora, mira, va a caer sobre ti la mano del Señor y vas a quedar ciego, sin ver el sol, durante algún tiempo». Al instante cayó sobre él oscuridad y tinieblas e iba de un sitio para otro buscando quién lo llevase de la mano.

12Entonces el procónsul, viendo lo sucedido, creyó, impresionado por la doctrina del Señor.

13Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén;

14ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

15Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran: «Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».

16Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo: «Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:

17El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso;

18unos cuarenta años los cuidó en el desierto,

19aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia su territorio;

20todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel.

21Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.

22Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.

23Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.

24Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús;

25y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.

26Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación.

27En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo.

28Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.

29Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron.

30Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

31Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.

32También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres,

33nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

34Y que lo resucitó de la muerte para nunca volver a la corrupción, lo tiene expresado así: “Os cumpliré las promesas santas y seguras hechas a David”.

35Por eso dice en otro lugar: No dejarás que tu santo experimente la corrupción.

36Ahora bien, habiendo servido a su generación según la voluntad de Dios, David murió, fue agregado a sus padres, y experimentó la corrupción.

37En cambio, aquel a quien Dios resucitó no experimentó la corrupción.

38Por tanto, sabed bien, hermanos, que por medio de él se os anuncia el perdón de los pecados; y de todas las cosas de las que no pudisteis ser justificados por medio de la ley de Moisés,

39es justificado por medio de él todo el que cree.

40Tened, pues, cuidado no os sobrevenga lo dicho por los profetas:

41Mirad, despreciadores, asombraos y escondeos, porque en vuestros días yo voy a realizar una obra tal que no creeríais si alguien os la cuenta».

42Cuando salieron ellos, les rogaban que les hablaran de estas cosas el sábado siguiente.

43Disuelta la asamblea sinagogal, muchos judíos y prosélitos adoradores de Dios siguieron a Pablo y Bernabé, que hablaban con ellos exhortándolos a perseverar fieles a la gracia de Dios.

44El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor.

45Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

46Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles.

47Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra».

48Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

49La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.

50Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.

51Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio.

52Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.