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Lectura 27 de 90

Juan 11-13

Letra: Normal

Juan 11

1Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana.

2María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.

3Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo».

4Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.

6Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

7Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea».

8Los discípulos le replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».

9Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;

10pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».

11Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo».

12Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará».

13Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

14Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto,

15y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».

16Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él».

17Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

18Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios;

19y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

20Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

21Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

22Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

23Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

24Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

25Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

26y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

27Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

28Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama».

29Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él:

30porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado.

31Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí.

32Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».

33Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció

34y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo».

35Jesús se echó a llorar.

36Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!».

37Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

38Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa.

39Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

40Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».

41Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado;

42yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

43Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera».

44El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».

45Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

46Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

47Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos.

48Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

49Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra;

50no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

51Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación;

52y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

53Y aquel día decidieron darle muerte.

54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

55Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse.

56Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».

57Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Juan 12

1Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.

2Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

3María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

4Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:

5«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».

6Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.

7Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura;

8porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

9Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

10Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro,

11porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

12Al día siguiente, la gran multitud de gente que había venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,

13tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel».

14Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito:

15«No temas, hija de Sión; he aquí que viene tu Rey, sentado sobre un pollino de asna».

16Estas cosas no las comprendieron sus discípulos al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto estaba escrito acerca de él y que así lo habían hecho para con él.

17Entre la gente que daba testimonio se encontraban los que habían estado con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos.

18Por esto, también le salió al encuentro la muchedumbre porque habían oído que él había hecho este signo.

19Por su parte, los fariseos se dijeron a sí mismos: «Veis que no adelantáis nada. He aquí que todo el mundo le sigue».

20Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos;

21estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús».

22Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

23Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

25El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.

26El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

27Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora:

28Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

29La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

30Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.

31Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera.

32Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

33Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

34La gente le replicó: «La Escritura nos dice que el Mesías permanecerá para siempre; ¿cómo dices tú que el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto? ¿Quién es ese Hijo de hombre?».

35Jesús les contestó: «Todavía os queda un poco de luz; caminad mientras tenéis luz, antes de que os sorprendan las tinieblas. El que camina en tinieblas no sabe adónde va;

36mientras hay luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz». Esto dijo Jesús y se fue y se escondió de ellos.

37Habiendo hecho tantos signos delante de ellos, no creían en él

38para que se cumpliera el oráculo de Isaías que dijo: «Señor, ¿quién ha creído nuestro anuncio? y ¿el brazo del Señor a quién ha sido revelado?».

39Por ello no podían creer, porque de nuevo dijo Isaías:

40«Ha cegado sus ojos y ha endurecido sus corazones, para que no vean con sus ojos y entiendan en su corazón y se conviertan y yo los cure».

41Esto dijo Isaías cuando vio su gloria y habló acerca de él.

42Sin embargo, incluso muchos de los principales creyeron en él, pero, a causa de los fariseos, no lo confesaban públicamente para no ser expulsados de la sinagoga,

43pues prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.

44Jesús gritó diciendo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado.

45Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado.

46Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

47Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.

48El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día.

49Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar.

50Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Juan 13

1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

2Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo;

3y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía,

4se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe;

5luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

6Llegó a Simón Pedro y este le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

7Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

8Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

9Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».

10Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

11Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

12Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?

13Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy.

14Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros:

15os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

16En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía.

17Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.

18No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”.

19Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.

20En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

21Diciendo esto, Jesús se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».

22Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

23Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús.

24Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

25Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?».

26Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.

27Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto».

28Ninguno de los comensales entendió a qué se refería.

29Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

30Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

31Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.

32Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

33Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy no podéis venir vosotros».

34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros.

35En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

36Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».

37Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».

38Jesús le contestó: «¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.