Lectura 25 de 90
Juan 5-7
Juan 5
1Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales,
3y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
4[«que esperaban el movimiento de las aguas; pues el ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y se movía el agua y el primero que descendía a la piscina tras el movimiento de agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera».]
5Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».
7El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
8Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
9Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado,
10y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
11Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
12Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
13Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
15Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
16Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
17Jesús les dijo: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
18Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
19Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo,
20pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
21Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
22Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio,
23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
24En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
25En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
26Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo.
27Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
28No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz:
29los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
30Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad.
34No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis.
35Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
36Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
37Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro,
38y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
39Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí,
40¡y no queréis venir a mí para tener vida!
41No recibo gloria de los hombres;
42además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
44¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
45No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.
46Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
47Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».
Juan 6
1Después de esto, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades).
2Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
3Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
6Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
7Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
10Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
11Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
12Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
13Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
15Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
16Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar,
17embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado;
18soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
19Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
20Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis».
21Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
22Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
23Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias.
24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
25Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
26Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
27Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
28Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
29Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».
30Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
32Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
34Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
35Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás;
36pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera,
38porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
39Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
40Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
41Los judíos murmuraban de él porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo»,
42y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».
43Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis.
44Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
45Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron;
50este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
52Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
53Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
57Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
58Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
59Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
60Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
61Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?,
62¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?
63El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.
64Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
65Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
66Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
67Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».
68Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna;
69nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
70Jesús le contestó: «¿Acaso no os he escogido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo».
71Lo decía por Judas, el hijo de Simón Iscariote, pues este lo iba a entregar, uno de los Doce.
Juan 7
1Después de estas cosas, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo.
2Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
3Le decían sus hermanos: «Sal de aquí y marcha a Judea para que también tus discípulos vean las obras que haces,
4pues nadie obra nada en secreto, sino que busca estar a la luz pública. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo».
5Y es que tampoco sus hermanos creían en él.
6Jesús les dice: «Mi tiempo no ha llegado todavía, el vuestro está siempre dispuesto.
7El mundo no puede odiaros a vosotros, a mí sí me odia porque doy testimonio contra él de que sus obras son malas.
8Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo no se ha cumplido todavía».
9Después de decir estas cosas, permaneció en Galilea.
10Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
11Los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está?»,
12y había muchos comentarios acerca de él entre las turbas. Unos decían: «Es bueno»; otros decían: «No, sino que engaña a la gente».
13Pero nadie hablaba de él en público por miedo a los judíos.
14A mitad de la fiesta, subió Jesús al templo y se puso a enseñar.
15Los judíos preguntaban extrañados: «¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?».
16Jesús entonces les contestó: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado;
17el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene de Dios o si hablo en mi nombre.
18Quien habla en su propio nombre busca su propia gloria; en cambio, el que busca la gloria del que lo ha enviado, ese es veraz y en él no hay injusticia.
19¿Acaso no os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué queréis matarme?».
20Respondió la gente: «Tienes un demonio, ¿quién quiere matarte?».
21Jesús les contestó: «He hecho una obra y todos os admiráis
22por ello. Moisés os dio la circuncisión —aunque no es de Moisés, sino de los patriarcas— y vosotros circuncidáis a un hombre en sábado.
23Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para que no se quebrante la ley de Moisés, ¿por qué os enojáis contra mí porque he curado en sábado a un hombre enteramente?
24No juzguéis según apariencia, sino juzgad según un juicio justo».
25Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar?
26Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?
27Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
28Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis;
29yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
30Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
31De la gente, muchos creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿acaso hará obras mayores que las que ha hecho este?».
32Oyeron los fariseos que la gente comentaba estas cosas sobre él, y los sumos sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para apresarlo.
33Jesús dijo: «Todavía un poco de tiempo estoy con vosotros y después voy al que me ha enviado.
34Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir».
35Decían los judíos unos a otros: «¿Adónde va a marchar este que no podamos encontrarlo? ¿Acaso va a marchar a la diáspora para instruir a los griegos?
36¿Qué significa esta palabra que dijo: “Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy no podéis venir vosotros”?».
37El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba
38el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”».
39Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
40Algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta».
41Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?
42¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
43Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
44Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
45Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?».
46Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
47Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar?
48¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él?
49Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
50Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
51«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
52Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
53Y se volvieron cada uno a su casa.