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Lectura 24 de 90

Juan 2-4

Letra: Normal

Juan 2

1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.

2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».

4Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».

5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».

6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

7Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba.

8Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.

9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo

10y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

11Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

12Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y,

15haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;

16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

19Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

20Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

21Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía;

24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos

25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Juan 3

1Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío.

2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

3Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

4Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».

5Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.

7No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”;

8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».

10Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes?

11En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.

12Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?

13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

14Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre,

15para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

16Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

19Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

20Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

21En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

22Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.

23También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba.

24A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.

25Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación;

26ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él».

27Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo.

28Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”.

29El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada.

30Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.

31El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos.

32De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio.

33El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

34El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida.

35El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

36El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él».

Juan 4

1Cuando supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba

2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

3dejó Judea y partió de nuevo para Galilea.

4Era necesario que él pasara a través de Samaría.

5Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José;

6allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

7Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».

8Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

9La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

10Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

11La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;

12¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

13Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;

14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

15La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

16Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve».

17La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido:

18has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

19La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta.

20Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

21Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.

24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

25La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

26Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

27En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

28La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

29«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

30Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

31Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come».

32Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

33Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?».

34Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

35¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega;

36el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

37Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega.

38Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

39En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

40Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

41Todavía creyeron muchos más por su predicación,

42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

43Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea.

44Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria».

45Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

46Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.

47Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

48Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

49El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».

50Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.

51Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.

52Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».

53El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.

54Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.