Lectura 22 de 90
Lucas 20-22
Lucas 20
1Uno de aquellos días, cuando estaba él en el templo enseñando al pueblo y anunciando la Buena Noticia, se acercaron los sumos sacerdotes y escribas junto con los ancianos
2y le hablaron diciendo: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado esta autoridad?».
3Les contestó: «Yo también os voy a hacer una pregunta, respondédmela:
4“El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?”».
5Ellos reflexionaban entre sí diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creísteis?”;
6pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era un profeta».
7Y respondieron que no sabían de dónde.
8Entonces Jesús les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas».
9Entonces se puso a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se ausentó bastante tiempo.
10En el tiempo apropiado envió un siervo a los labradores para que le diesen su parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de azotarlo, lo despidieron con las manos vacías.
11Volvió a enviar a otro siervo, pero ellos, después de azotar y humillar también a este, lo despidieron con las manos vacías.
12Y volvió a enviar un tercero, pero ellos, después de haberlo herido, también lo echaron.
13Entonces dijo el dueño de la viña: “¿Qué voy a hacer? Voy a enviar a mi hijo querido. Quizá a este lo respetarán”.
14Pero, al verlo, los labradores se decían entre sí: “Este es el heredero. Matémoslo para que la herencia sea nuestra”.
15Y echándolo fuera de la viña, lo mataron. Pues ¿qué hará con ellos el dueño de la viña?
16Vendrá, hará perecer a estos labradores y dará la viña a otros». Los que lo oyeron, dijeron: «¡No suceda tal cosa!».
17Pero él, fijando los ojos en ellos, dijo: «Pues ¿qué significa lo que está escrito: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”?
18Todo el que caiga sobre la piedra se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, lo aplastará».
19Los sumos sacerdotes y los escribas, comprendiendo que había dicho la parábola por ellos, intentaban echarle mano en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo.
20Y, manteniéndose ellos al acecho, le mandaron unos espías que simulaban ser justos, con el fin de sorprenderlo en alguna palabra y así poder entregarlo al poder y autoridad del gobernador.
21Le preguntaron, pues: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y no tienes acepción de personas, sino que enseñas según verdad el camino de Dios.
22¿Es lícito que nosotros paguemos tributo al César o no?».
23Habiendo advertido su astucia, les dijo:
24«Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción?». Le dijeron: «Del César».
25Y él les dijo: «Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
26Y no pudieron acusarlo ante el pueblo de nada de lo que decía; y se quedaron mudos, admirados de su respuesta.
27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
28«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.
29Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos.
30El segundo
31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos.
32Por último, también murió la mujer.
33Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
34Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo,
35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio.
36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”.
38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
39Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».
40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.
41Entonces les dijo: «¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David,
42si el mismo David dice en el libro de los Salmos: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
43y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?
44David, pues, lo llama Señor; entonces, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
45Y oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
46«Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con amplias y ricas túnicas y son amigos de ser saludados en las plazas y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
47devoran las casas de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Estos recibirán una condenación más rigurosa».
Lucas 21
1Alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo;
2vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas,
3y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos,
4porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
5Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
6«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
7Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
8Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
9Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
10Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino,
11habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
12Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre.
13Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
14Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa,
15porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
16Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros,
17y todos os odiarán a causa de mi nombre.
18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá;
19con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
20Y cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
21Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella;
22porque estos son días de venganza para que se cumpla todo lo que está escrito.
23¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
24Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
25Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje,
26desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
27Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
28Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
29Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles:
30cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.
31Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
32En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.
33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día;
35porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
36Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
37Estaba durante el día enseñando en el templo, pero de noche se marchaba y pernoctaba en el monte llamado de los Olivos.
38Y todo el pueblo madrugaba para venir en su busca a escucharlo en el templo.
Lucas 22
1Estaba muy cerca la fiesta de los Ácimos llamada Pascua.
2Y andaban buscando los sumos sacerdotes y los escribas cómo quitarlo de en medio, porque temían al pueblo.
3Entonces entró Satanás en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce,
4y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y oficiales del templo el modo de entregárselo.
5Ellos se alegraron y acordaron darle dinero.
6Él aceptó y buscaba una ocasión propicia para entregarlo sin la presencia del pueblo.
7Llegó, pues, el día de los Ácimos, en que se debía sacrificar la Pascua.
8Y envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: «Id a prepararnos la Pascua para que la comamos».
9Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?».
10Y él les dijo: «Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua. Seguidlo hasta la casa en que entre
11y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te pregunta: ¿Dónde está la habitación en la que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
12Él os mostrará en el piso superior una habitación grande amueblada con divanes. Preparadla allí».
13Fueron y lo encontraron como les había dicho y prepararon la Pascua.
14Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él
15y les dijo: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer,
16porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios».
17Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros;
18porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios».
19Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».
20Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
21Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa.
22Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».
23Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.
24Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor.
25Pero él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores.
26Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.
27Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas,
29y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí,
30de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
31Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo.
32Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».
33Él le dijo: «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte».
34Pero él le dijo: «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme».
35Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?». Dijeron: «Nada».
36«Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una.
37Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que se refiere a mí toca a su fin».
38Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas». Él les dijo: «Basta».
39Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos.
40Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación».
41Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba
42diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
43Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba.
44En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre.
45Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza,
46y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».
47Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.
48Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».
49Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron: «Señor, ¿herimos con la espada?».
50Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
51Jesús intervino diciendo: «Dejadlo, basta». Y, tocándole la oreja, lo curó.
52Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido?
53Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas».
54Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos.
55Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos.
56Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo: «También este estaba con él».
57Pero él lo negó diciendo: «No lo conozco, mujer».
58Poco después, lo vio otro y le dijo: «Tú también eres uno de ellos». Pero Pedro replicó: «Hombre, no lo soy».
59Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo: «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo».
60Pedro dijo: «Hombre, no sé de qué me hablas». Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo.
61El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces».
62Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
63Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.
64Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo: «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?».
65E, insultándolo, proferían contra él otras muchas cosas.
66Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín,
67y le dijeron: «Si tú eres el Mesías, dínoslo». Él les dijo: «Si os lo digo, no lo vais a creer;
68y si os pregunto, no me vais a responder.
69Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».
70Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?». Él les dijo: «Vosotros lo decís, yo lo soy».
71Ellos dijeron: «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».