Lectura 21 de 90
Lucas 17-19
Lucas 17
1Dijo, pues, a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca!
2Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.
3Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo;
4si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».
5Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
6El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.
7¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?
8¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?
9¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?
10Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
11Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea.
12Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos
13y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
14Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios.
15Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos
16y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
17Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?
18¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
19Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
20Los fariseos le preguntaron: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?». Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente,
21ni dirán: “Está aquí” o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».
22Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.
23Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás,
24pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.
25Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación.
26Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre:
27comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.
28Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían;
29pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
30Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.
31Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
32Acordaos de la mujer de Lot.
33El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
34Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán;
35estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
36[«Dos estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán».]
37Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Lucas 18
1Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
2«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
3En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”.
4Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres,
5como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
6Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto;
7pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?
8Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
9Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
10«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano.
11El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
12Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
13El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
14Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
15Le llevaban también los niños pequeños para que los tocara, pero, al verlo los discípulos, los regañaban.
16En cambio, Jesús hizo que se los acercaran, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios.
17En verdad os digo, el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
18Uno de los jefes le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?».
19Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios.
20Ya sabes los mandamientos: No cometerás adulterio, No matarás, No robarás, No darás falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre».
21Y él dijo: «He observado todo esto desde mi juventud».
22Al oír esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y distribúyelo a los pobres —y tendrás un tesoro en los cielos—; luego, ven y sígueme».
23Pero él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24Cuando Jesús vio que se había entristecido, dijo: «¡Qué difícil es para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!
25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de Dios».
26Los que lo oyeron, dijeron: «Entonces, ¿quién se puede salvar?».
27Y él dijo: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios».
28Entonces dijo Pedro: «Nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido».
29Jesús les dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa o mujer o hermanos o padres o hijos por el reino de Dios,
30que no reciba mucho más en el tiempo presente y en la edad venidera vida eterna».
31Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas,
32pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido,
33y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará».
34Pero ellos no entendieron nada de esto, este lenguaje era misterioso para ellos y no comprendieron lo que les decía.
35Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna.
36Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello;
37y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno».
38Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
39Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
40Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó:
41«¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista».
42Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
43Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.
Lucas 19
1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,
3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura.
4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.
10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
11Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.
12Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.
13Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.
14Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.
15Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
16El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.
17Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.
18El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.
19A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.
20El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo,
21porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
22Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado?
23Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
24Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
25Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.
26“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.
27Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
28Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
29Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos,
30diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo.
31Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”».
32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.
33Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?».
34Ellos dijeron: «El Señor lo necesita».
35Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él.
36Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino.
37Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto,
38diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas».
39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos».
40Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».
41Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella,
42mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
43Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados,
44te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».
45Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores,
46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él,
48pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.