Lectura 20 de 90
Lucas 14-16
Lucas 14
1Un sábado, entró él en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
2Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía,
3y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?».
4Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
5Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?».
6Y no pudieron replicar a esto.
7Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
8«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú;
9y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
10Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
11Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
12Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
13Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos;
14y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».
15Uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!».
16Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente;
17a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”.
18Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”.
19Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”.
20Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”.
21El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”.
22El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”.
23Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa.
24Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».
25Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
26«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
27Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
29No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran,
30diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
31¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
32Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
33Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
34La sal es buena, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
35No sirve ni para el campo ni para el estercolero, se tira afuera. El que tenga oídos para oír, que oiga».
Lucas 15
1Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo.
2Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
3Jesús les dijo esta parábola:
4«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?
5Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento;
6y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
7Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
8O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra?
9Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
10Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
11También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
12el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes.
13No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
14Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
15Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.
16Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
17Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre.
18Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
19ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
20Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
21Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
22Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies;
23traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete,
24porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.
25Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza,
26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
28Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
29Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos;
30en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
31Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Lucas 16
1Decía también a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
2Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
3El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza.
4Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
5Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
6“¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
7Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él dijo: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”.
8Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
9Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
10El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
11Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera?
12Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
13Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
14Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
15Y les dijo: «Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios.
16La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia la buena noticia del reino de Dios y todos se esfuerzan por entrar en él.
17Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que no que caiga un ápice de la ley.
18Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio, y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio.
19Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.
20Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas,
21y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
22Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado.
23Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno,
24y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
25Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
26Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
27Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre,
28pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
29Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
30Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
31Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».