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Lectura 19 de 90

Lucas 11-13

Letra: Normal

Lucas 11

1Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

2Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino,

3danos cada día nuestro pan cotidiano,

4perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».

5Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes,

6pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”;

7y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”;

8os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

9Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;

10porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

11¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez?

12¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

13Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

14Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada,

15pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

16Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.

17Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa.

18Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú.

19Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

20Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

21Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros,

22pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

23El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

24Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.

25Al volver se la encuentra barrida y arreglada.

26Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».

27Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

28Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

29Estaba la gente apiñándose alrededor de él y se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.

30Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

31La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

32Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

33Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz.

34La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está iluminado, pero cuando está enfermo, también tu cuerpo está a oscuras.

35Por eso, ten cuidado de que la luz que hay en ti no sea oscuridad.

36Por tanto, si todo tu cuerpo está iluminado, sin tener parte alguna oscura, estará enteramente iluminado, igual que cuando una lámpara te ilumina con su resplandor».

37Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa.

38Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer,

39el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.

40¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?

41Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo.

42Pero ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.

43¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!

44¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».

45Le replicó un maestro de la ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».

46Y él dijo: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!

47¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres!

48Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis mausoleos.

49Por eso dijo la Sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán”;

50y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo;

51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os digo: se le pedirá cuenta a esta generación.

52¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!».

53Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas,

54tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca.

Lucas 12

1Mientras tanto, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía,

2pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.

3Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.

4A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.

5Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.

6¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.

7Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros.

8Os digo, pues: todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios,

9pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.

10Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

11Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir,

12porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

13Entonces le dijo uno de la gente: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

14Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

15Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

16Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.

17Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.

18Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes.

19Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

20Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.

21Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

22Y dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: no os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué os vais a vestir,

23pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.

24Fijaos en los cuervos: ni siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!

25¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

26Por tanto, si no podéis lo más pequeño, ¿por qué inquietaros por lo demás?

27Fijaos cómo crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos.

28Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

29Y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber, ni estéis preocupados.

30La gente del mundo se afana por todas esas cosas, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas.

31Buscad más bien su reino, y lo demás se os dará por añadidura.

32No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

33Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.

34Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

35Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas.

36Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

37Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

38Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

39Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

40Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

41Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

42Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?

43Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así.

44En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

45Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse,

46vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

47El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes;

48pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá.

49He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!

50Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

51¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

52Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres;

53estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

54Decía también a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede.

55Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede.

56Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

57¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?

58Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.

59Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».

Lucas 13

1En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

2Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto?

3Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

4O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

5Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

6Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

7Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

8Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,

9a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».

10Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.

11Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.

12Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad».

13Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.

14Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».

15Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?

16Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».

17Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

18Decía, pues: «¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?

19Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».

20Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios?

21Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

22Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

23Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo:

24«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

25Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”.

26Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.

27Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.

28Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera.

29Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

30Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

31En aquella misma ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte».

32Y les dijo: «Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.

33Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.

35Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».