← El Nuevo Testamento en 90 lecturas

Lectura 16 de 90

Lucas 2-4

Letra: Normal

Lucas 2

1Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

2Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.

3Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

4También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea,

5para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.

6Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto

7y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

8En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

9De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

10El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo:

11hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.

12Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

13De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:

14«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

15Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado».

16Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

18Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.

19María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

20Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

21Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

22Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor»,

24y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

25Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él.

26Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

27Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley,

28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

29«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

30Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

31a quien has presentado ante todos los pueblos:

32luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

33Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

34Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción

35—y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada,

37y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

38Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

39Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

41Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

42Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre

43y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

44Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos;

45al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

46Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

47Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

48Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

49Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

50Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

51Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

52Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Lucas 3

1En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene,

2bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,

4como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;

5los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano.

6Y toda carne verá la salvación de Dios».

7A los que venían para ser bautizados les decía: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

8Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar de estas piedras hijos de Abrahán.

9Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego».

10La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».

11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?».

13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».

14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».

15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías,

16Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego;

17en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».

18Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

19El tetrarca Herodes, a quien Juan reprendía por el asunto de Herodías, esposa de su hermano, y por todas las maldades que había hecho,

20añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.

21Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos,

22bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

23Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José, que a su vez era de Helí,

24de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí, de José,

25de Matatías, de Amós, de Nahún, de Eslí, de Nagái,

26de Maat, de Matatías, de Semeín, de Josec, de Jodá,

27de Joanán, de Resá, de Zorobabel, de Salatiel, de Nerí,

28de Melquí, de Addí, de Cosán, de Elmadán, de Er,

29de Jesús, de Eliezer, de Jorín, de Matat, de Leví,

30de Simeón, de Judá, de José, de Jonán, de Eliacín,

31de Meleá, de Mená, de Matatá, de Natán, de David,

32de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de Naasón,

33de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrón, de Fares, de Judá,

34de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tare, de Nacor,

35de Seruc, de Ragau, de Fálec, de Eber, de Salá,

36de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lámec,

37de Matusalén, de Henoc, de Járet, de Maleleel, de Cainán,

38de Enós, de Set, de Adán, de Dios.

Lucas 4

1Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando

2durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.

3Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».

4Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».

5Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo

6y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero.

7Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».

8Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

9Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,

10porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”,

11y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».

12Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

13Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

14Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.

15Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

16Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.

17Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

18«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;

19a proclamar el año de gracia del Señor».

20Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

21Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

22Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».

23Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

24Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo.

25Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país;

26sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón.

27Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

28Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos

29y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

30Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

31Y bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.

32Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.

33Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:

34«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

35Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!». Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.

36Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».

37Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.

38Al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.

39Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.

40Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

41De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

42Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.

43Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».

44Y predicaba en las sinagogas de Judea.