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Lectura 15 de 90

Marcos 15-16 · Lucas 1

Letra: Normal

Marcos 15

1Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

2Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices».

3Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

4Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

5Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado.

6Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.

7Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta.

8La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

9Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

10Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

11Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

12Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

13Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo».

14Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo».

15Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

16Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía.

17Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado,

18y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!».

19Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

20Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

21Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.

22Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

23y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó.

24Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

25Era la hora tercia cuando lo crucificaron.

26En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos».

27Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

28[«Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor»»]

29Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,

30sálvate a ti mismo bajando de la cruz».

31De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar.

32Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban.

33Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona.

34Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

35Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías».

36Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

37Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

38El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

39El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

40Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé,

41las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

42Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado,

43vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

44Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.

45Informado por el centurión, concedió el cadáver a José.

46Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

47María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Marcos 16

1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.

2Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro.

3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?».

4Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande.

5Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.

6Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron.

7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

8Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.

9Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.

10Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

11Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

12Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

13También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

14Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas,

18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Lucas 1

1Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros,

2como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra,

3también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio,

4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

5En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.

6Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor.

7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

8Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno,

9según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso;

10la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

11Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.

12Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

13Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.

14Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento.

15Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno,

16y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios.

17Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

18Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».

19Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia.

20Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».

21El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario.

22Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

23Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa.

24Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:

25«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente».

26En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,

27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

28El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

29Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.

31Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

32Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;

33reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

34Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios.

36También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril,

37porque para Dios nada hay imposible».

38María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá;

40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

41Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo

42y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

44Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

46María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor,

47se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

48porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo,

50y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

51Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón,

52derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,

53a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

54Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

55—como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

56María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.

57A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo.

58Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

59A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;

60pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan».

61Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».

62Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase.

63Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

64Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

65Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea.

66Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.

67Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:

68«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

69suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,

70según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

71Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;

72realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza

73y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos

74que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos

75con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,

77anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados.

78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,

79para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

80El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.