Lectura 11 de 90
Marcos 3-5
Marcos 3
1Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
2Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
3Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio».
4Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban.
5Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.
6En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
7Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
8Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
9Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
10Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
11Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».
12Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
13Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
14E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar,
15y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios:
16Simón, a quien puso el nombre de Pedro,
17Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno,
18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná
19y Judas Iscariote, el que lo entregó.
20Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.
21Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
22Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
23Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?
24Un reino dividido internamente no puede subsistir;
25una familia dividida no puede subsistir.
26Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
27Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
28En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan;
29pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
30Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
31Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
32La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
33Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
34Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
35El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Marcos 4
1Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
2Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
3«Escuchad: salió el sembrador a sembrar;
4al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron.
5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida;
6pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó.
7Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano.
8El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
9Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
10Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
11Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas,
12para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
13Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás?
14El sembrador siembra la palabra.
15Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
16Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría,
17pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben.
18Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra,
19pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril.
20Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
21Les decía: «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?
22No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz.
23El que tenga oídos para oír, que oiga».
24Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces.
25Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
26Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra.
27Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
28La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano.
29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
30Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos?
31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña,
32pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
33Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.
34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
35Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla».
36Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
37Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
38Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
39Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.
40Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
41Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
Marcos 5
1Y llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
2Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo.
3Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo;
4muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo.
5Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
6Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él
7y gritó con voz potente: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
8Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre».
9Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos».
10Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
11Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte.
12Los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
13Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
14Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
15Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
16Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos.
17Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
18Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él.
19Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
20El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
21Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
22Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies,
23rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
24Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
25Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años.
26Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor.
27Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto,
28pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».
29Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.
30Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?».
31Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
32Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto.
33La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
34Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
36Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe».
37No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos
39y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».
40Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña,
41la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
42La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
43Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.