Lectura 9 de 40
Mateo 21-22
Mateo 21
1Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos
2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis.
3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
4Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”».
6Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:
7trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó.
8La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
9Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?».
11La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
12Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
13Y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos”».
14Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los curó.
15Pero los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron
16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Y Jesús les respondió: «Sí; ¿no habéis leído nunca: “De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza”?».
17Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
18De mañana, camino de la ciudad, tuvo hambre.
19Viendo una higuera junto al camino se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas y le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!». E inmediatamente se secó la higuera.
20Al verlo los discípulos se admiraron y decían: «¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?».
21Jesús les dijo: «En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría.
22Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis».
23Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
24Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto.
25El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”.
26Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».
27Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.
28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.
29Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.
32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”.
38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.
39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
44Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará».
45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
46Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
Mateo 22
1Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo:
2«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;
3mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.
4Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
5Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios,
6los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
8Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.
9Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
11Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta
12y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.
13Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
15Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
16Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias.
17Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
18Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
19Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario.
20Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
21Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
22Al oírlo se maravillaron y dejándolo se fueron.
23En aquella ocasión se le acercaron unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
24«Maestro, Moisés mandó que cuando uno muere sin hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia a su hermano.
25Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó, murió sin hijos y dejó su mujer a su hermano.
26Lo mismo pasó con el segundo y con el tercero hasta el séptimo.
27Después de todos murió la mujer.
28Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».
29Les contestó Jesús: «Estáis equivocados porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios.
30Cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres tomarán esposo; serán como ángeles en el cielo.
31Y a propósito de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os dice Dios:
32“Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos».
33Al oírlo la gente se admiraba de su enseñanza.
34Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar
35y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
36«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
37Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
38Este mandamiento es el principal y primero.
39El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
40En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
41Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús una cuestión:
42«¿Qué pensáis acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Le respondieron: «De David».
43Él les dijo: «¿Cómo entonces David, movido por el Espíritu, lo llama Señor diciendo:
44“Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”?
45Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?».
46Y ninguno pudo responderle nada ni se atrevió nadie en adelante a plantearle más cuestiones.