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Lectura 10 de 40

Mateo 23-24

Letra: Normal

Mateo 23

1Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos,

2diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos:

3haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

4Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

5Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto;

6les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas;

7que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí.

8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

10No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

11El primero entre vosotros será vuestro servidor.

12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

13«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

14[¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.]

15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros!

16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”!

17¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?

18O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”.

19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda?

20Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él;

21quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él;

22y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.

23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.

24¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello!

25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!

26¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre;

28lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.

29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos,

30diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”!

31Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.

32¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

33¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna?

34Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad.

35Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.

36En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación».

37«¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados, cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas, y no habéis querido.

38Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta.

39Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Mateo 24

1Cuando salió Jesús del templo y caminaba, se le acercaron sus discípulos, que le señalaron las edificaciones del templo,

2y él les dijo: «¿Veis todo esto? En verdad os digo que será destruido sin que quede allí piedra sobre piedra».

3Estaba sentado en el monte de los Olivos y se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: «¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?».

4Jesús les respondió y dijo: «Estad atentos a que nadie os engañe,

5porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a muchos.

6Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final.

7Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares;

8todo esto será el comienzo de los dolores.

9Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos.

10Entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán mutuamente, y se odiarán unos a otros.

11Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente,

12y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría;

13pero el que persevere hasta el final se salvará.

14Y se anunciará el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin.

15Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee que entienda),

16entonces los que vivan en Judea huyan a los montes,

17el que esté en la azotea no baje a recoger nada en casa

18y el que esté en el campo no vuelva a recoger el manto.

19¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!

20Orad para que la huida no suceda en invierno o en sábado.

21Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber.

22Y si no se acortan aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

23Y si alguno entonces os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis,

24porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos.

25Os he prevenido.

26Si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “En los aposentos”, no les creáis.

27Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.

28Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres.

29Inmediatamente después de la angustia de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo y los astros se tambalearán.

30Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre. Todas las razas del mundo harán duelo y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.

31Enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta y reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo al otro del cielo.

32Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca;

33pues cuando veáis todas estas cosas, sabed que él está cerca, a la puerta.

34En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda.

35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

36En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre.

37Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

38En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca;

39y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:

40dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán;

41dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

42Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

43Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

44Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

45¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?

46Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así.

47En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes.

48Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”,

49y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos,

50el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo

51y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.