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Lectura 19 de 40

Marcos 15-16

Letra: Normal

Marcos 15

1Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

2Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él respondió: «Tú lo dices».

3Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

4Pilato le preguntó de nuevo: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

5Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado.

6Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.

7Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta.

8La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

9Pilato les preguntó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

10Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

11Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

12Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

13Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo».

14Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo».

15Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

16Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía.

17Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado,

18y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!».

19Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

20Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

21Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.

22Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

23y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó.

24Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

25Era la hora tercia cuando lo crucificaron.

26En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos».

27Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

28[«Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor»»]

29Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días,

30sálvate a ti mismo bajando de la cruz».

31De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar.

32Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También los otros crucificados lo insultaban.

33Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona.

34Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabaqtaní (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

35Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, llama a Elías».

36Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

37Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

38El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

39El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

40Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé,

41las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

42Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado,

43vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

44Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.

45Informado por el centurión, concedió el cadáver a José.

46Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

47María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Marcos 16

1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.

2Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro.

3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?».

4Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande.

5Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.

6Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron.

7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

8Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.

9Resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.

10Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

11Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

12Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

13También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

14Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas,

18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.