Lectura 16 de 40
Marcos 9-10
Marcos 9
1Y añadió: «En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».
2Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos.
3Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
4Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
5Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
6No sabía qué decir, pues estaban asustados.
7Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
8De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
9Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
10Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.
11Le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
12Les contestó él: «Elías vendrá primero y lo renovará todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado?
13Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito acerca de él».
14Cuando volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos.
15Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo.
16Él les preguntó: «¿De qué discutís?».
17Uno de la gente le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar;
18y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces».
19Él, tomando la palabra, les dice: «¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo».
20Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
21Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?». Contestó él: «Desde pequeño.
22Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos».
23Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe».
24Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe».
25Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
26Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto.
27Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie.
28Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?».
29Él les respondió: «Esta especie solo puede salir con oración».
30Se fueron de allí y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase,
31porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».
32Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.
33Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».
34Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
35Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
36Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
37«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».
38Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».
39Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí.
40El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
41Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.
42El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
43Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
45Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna.
47Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna,
48donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
49Todos serán salados a fuego.
50Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».
Marcos 10
1Y desde allí se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
2Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
3Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».
4Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
5Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto.
6Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.
7Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer
8y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
9Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
10En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
11Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera.
12Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
13Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.
14Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios.
15En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
16Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.
17Cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
18Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.
19Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
20Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
21Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
22A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.
23Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
24Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!
25Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
26Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
27Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
28Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
29Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio,
30que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.
31Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
32Estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
33«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles,
34se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».
35Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».
36Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
37Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
38Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
39Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar,
40pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
41Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
42Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.
43No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor;
44y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
45Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».
46Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.
47Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
48Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí».
49Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama».
50Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
51Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuní, que recobre la vista».
52Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.