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Lectura 15 de 40

Marcos 7-8

Letra: Normal

Marcos 7

1Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén;

2y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.

3(Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores,

4y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

5Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».

6Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

7El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”.

8Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

9Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición.

10Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”.

11Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son corbán, es decir, ofrenda sagrada”,

12ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre;

13invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

14Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos:

15nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».

16[«El que tenga oídos para oír que oiga»]

17Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.

18Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre,

19porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina». (Con esto declaraba puros todos los alimentos).

20Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre.

21Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios,

22adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad.

23Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

24Desde allí fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

25Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.

26La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

27Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

28Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

29Él le contestó: «Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».

30Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

31Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis.

32Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano.

33Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

34Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»).

35Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.

36Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

37Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Marcos 8

1Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

2«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer,

3y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».

4Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».

5Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete».

6Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

7Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.

8La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas;

9eran unos cuatro mil y los despidió;

10y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

11Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

12Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».

13Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

14A los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca.

15Y él les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».

16Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.

17Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado?

18¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis

19cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?». Ellos contestaron: «Doce».

20«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». Le respondieron: «Siete».

21Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

22Llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase.

23Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?».

24Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».

25Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.

26Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.

27Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

28Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».

29Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».

30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

31Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

32Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.

33Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

34Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

35Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

36Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?

37¿O qué podrá dar uno para recobrarla?

38Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles».