Lectura 11 de 40
Mateo 25-26
Mateo 25
1Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
2Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
3Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite;
4en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
5El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
6A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
7Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
8Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
9Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
10Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
11Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”.
12Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
13Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
14«Es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes:
15a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
16El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco.
17El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
18En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
20Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
21Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
22Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
23Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
24Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces,
25tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
26El señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo?
27Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
28Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.
29Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
30Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
31«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria
32y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
33Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
34Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
35Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis,
36estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
37Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?;
38¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?;
39¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
40Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
41Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
42Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber,
43fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.
44Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
45Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
46Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».
Mateo 26
1Cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
2«Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado».
3Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en la casa del sumo sacerdote, llamado Caifás,
4y se pusieron de acuerdo para prender a Jesús a traición y darle muerte.
5Pero decían: «Durante la fiesta no, para que no se ocasione un tumulto entre el pueblo».
6Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso,
7se le acercó una mujer llevando un frasco de alabastro con perfume muy caro y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
8Al verlo los discípulos se indignaron y dijeron: «¿A qué viene este derroche?
9Esto se podía haber vendido muy caro y haber dado el producto a los pobres».
10Dándose cuenta Jesús les dijo: «¿Por qué molestáis a la mujer? Ha hecho conmigo una obra buena.
11Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.
12Al derramar el perfume sobre mi cuerpo, estaba preparando mi sepultura.
13En verdad os digo que en cualquier parte del mundo donde se proclame este Evangelio se hablará también de lo que esta ha hecho, para memoria suya».
14Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes
15y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata.
16Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
17El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
18Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
19Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
20Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
21Mientras comían dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
22Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?».
23Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar.
24El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
25Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has dicho».
26Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
27Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos;
28porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.
29Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
30Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
31Entonces Jesús les dijo: «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”.
32Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
33Pedro replicó: «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
34Jesús le dijo: «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
35Pedro le replicó: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y lo mismo decían los demás discípulos.
36Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
37Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
38Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
39Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
40Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo?
41Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
42De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
43Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño.
44Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
45Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo: «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
46¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
47Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
48El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
49Después se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Maestro!». Y lo besó.
50Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿a qué vienes?». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron.
51Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
52Jesús le dijo: «Envaina la espada: que todos los que empuñan espada, a espada morirán.
53¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles.
54¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
55Entonces dijo Jesús a la gente: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis.
56Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas». En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
57Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
58Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
59Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte
60y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos
61que declararon: «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
62El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
63Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
64Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66¿Qué decidís?». Y ellos contestaron: «Es reo de muerte».
67Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon
68diciendo: «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
69Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo».
70Él lo negó delante de todos diciendo: «No sé qué quieres decir».
71Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno».
72Otra vez negó él con juramento: «No conozco a ese hombre».
73Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
74Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: «No conozco a ese hombre». Y enseguida cantó un gallo.
75Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.