Lectura 97 de 365
2 Samuel 22-24 · 1 Corintios 9
2 Samuel 22
1David dirigió al Señor las palabras de esta canción, cuando el Señor lo libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.
2Dijo:«Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
3Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
4Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.
5Me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban,
6me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte.
7En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: desde su templo él escuchó mi voz, y mi grito llegó a sus oídos.
8Entonces tembló y retembló la tierra, vacilaron los cimientos de los montes, sacudidos por su cólera;
9de su nariz se alzaba una humareda, de su boca un fuego voraz, y lanzaba carbones ardiendo.
10Inclinó el cielo y bajó con nubarrones debajo de sus pies;
11volaba a caballo de un querubín cerniéndose sobre las alas del viento,
12envuelto en un manto de oscuridad; como un toldo, lo rodeaban oscuro aguacero y nubes espesas;
13al fulgor de su presencia, las nubes se deshicieron en granizo y centellas;
14y el Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz:
15disparando sus saetas, los dispersaba, y sus continuos relámpagos los enloquecían.
16El fondo del mar apareció, y se vieron los cimientos del orbe, cuando tú, Señor, lanzaste un bramido, con tu nariz resoplando de cólera.
17Desde el cielo alargó la mano y me agarró, me sacó de las aguas caudalosas,
18me libró de un enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo.
19Me acosaban el día funesto, pero el Señor fue mi apoyo:
20me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba.
21El Señor retribuyó mi justicia, retribuyó la pureza de mis manos,
22porque seguí los caminos del Señor y no me rebelé contra mi Dios;
23porque tuve presentes sus mandamientos y no me aparté de sus preceptos;
24le fui enteramente fiel, guardándome de toda culpa;
25el Señor retribuyó mi justicia, la pureza de mis manos en su presencia.
26Con el fiel, tú eres fiel; con el íntegro, tú eres íntegro;
27con el sincero, tú eres sincero; con el astuto, tú eres sagaz.
28Tú salvas al pueblo afligido y humillas los ojos soberbios.
29Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
30Fiado en ti, me meto en la refriega, fiado en mi Dios, asalto la muralla.
31Perfecto es el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen.
32¿Quién es Dios fuera del Señor? ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
33Dios me ciñe de valor y me enseña un camino perfecto;
34él me da pies de ciervo, y me coloca en las alturas;
35él adiestra mis manos para la guerra, y mis brazos para tensar la ballesta.
36Me dejaste tu escudo protector, tu diestra me sostuvo, multiplicaste tus cuidados conmigo.
37Ensanchaste el camino a mis pasos, y no flaquearon mis tobillos;
38yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo, y no me volvía sin haberlo aniquilado:
39los derroté, y no pudieron rehacerse, cayeron bajo mis pies.
40Me ceñiste de valor para la lucha, doblegaste a los que me resistían;
41hiciste volver la espalda a mis enemigos, rechazaste a mis adversarios.
42Pedían auxilio, pero nadie los salvaba; gritaban al Señor, pero no les respondía.
43Los reduje a polvo, que arrebataba el viento; los pisoteaba como barro de las calles.
44Me libraste de las contiendas de mi pueblo, me hiciste cabeza de naciones, un pueblo extraño fue mi vasallo:
45me escuchaban y me adulaban, los extranjeros buscaban mi favor.
46La gente extraña palidecía y salía temblando de sus baluartes.
47Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador:
48el Dios que me dio el desquite y me sometió los pueblos;
49que me libró de mis enemigos, me levantó sobre los que resistían y me salvó del hombre cruel.
50Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre:
51tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido, de David y su linaje por siempre».
2 Samuel 23
1Estas fueron las últimas palabras de David:«Oráculo de David, hijo de Jesé, oráculo del varón puesto sobre lo alto, ungido del Dios de Jacob, favorito de los cantores de Israel.
2El espíritu del Señor ha hablado por mí, su palabra ha llenado mi lengua.
3El Dios de Israel habló, la Roca de Israel me dijo: “El que gobierna al hombre justamente, el que gobierna con temor de Dios,
4es como luz mañanera, cuando sale el sol, una mañana sin nubes, cuando brilla por la lluvia la hierba de la tierra”.
5Así será mi casa con la ayuda de Dios, porque hizo conmigo una alianza eterna, plenamente regulada y mantenida. Él hará prosperar mi vida y todos mis anhelos.
6Los impíos son como espinos que se tiran, que no se cogen en la mano.
7Quien se topa con ellos agarra un hierro o un mango de lanza y les prende fuego donde se encuentran».
8Estos son los nombres de los héroes de David: Isbaal, el jaquemonita, primero de los Tres, que blandió una lanza contra ochocientos y los mató de una sola vez.
9Después de él, Eleazar, hijo de Didías, hijo de Ajoji. Era uno de los tres héroes que estaban con David, cuando desafiaron a los filisteos que se habían concentrado allí para la guerra y subieron los israelitas.
10Él se levantó y batió a los filisteos hasta que su mano se cansó y quedó pegada a la espada. El Señor concedió aquel día una gran victoria y el ejército volvió tras él tan solo para recoger los despojos.
11Después de él, Samá, hijo de Ajé, el ararita. Los filisteos se habían reunido en Lejí, donde había una parcela sembrada de lentejas y la tropa huyó ante los filisteos.
12Él se plantó en medio de la parcela, la recuperó y batió a los filisteos. El Señor concedió una gran victoria.
13Tres de los treinta principales bajaron en el tiempo de la siega adonde estaba David, a la caverna de Adulán. Un destacamento de los filisteos estaba acampado en el valle de Refaín.
14David se encontraba entonces en el refugio, mientras el destacamento filisteo se encontraba en Belén.
15David sintió sed y exclamó: «¿Quién me diera a beber agua de la cisterna que hay a la puerta, en Belén?».
16Aquellos tres héroes se abrieron paso por el campamento filisteo, sacaron agua de la cisterna que está a la puerta de Belén, la llevaron y se la ofrecieron a David. Él no quiso beberla y la vertió en libación al Señor,
17diciendo: «Líbreme el Señor de hacer tal cosa. Esto es la sangre de los hombres que han expuesto su vida». Y no quiso beberla. Esto hicieron los tres héroes.
18Abisay, hermano de Joab, hijo de Seruyá, estaba al frente de los coraceros. Fue el que blandió su lanza contra trescientos hombres. Y adquirió fama entre los tres.
19Fue el más famoso de los treinta y se convirtió en su jefe. Pero no igualó a los tres.
20Benaías, hijo de Yehoyadá, hombre valiente y pródigo en hazañas, de Cabsel. Fue el que mató a los dos de Ariel de Moab. Bajó y dio muerte al león dentro de la cisterna el día de la nevada.
21Él fue el que mató a un egipcio destacado. El egipcio llevaba en su mano una lanza. Bajó contra él con un bastón, arrebató la lanza de la mano del egipcio y le dio muerte con ella.
22Esto hizo Benaías, hijo de Yehoyadá, y adquirió fama entre los tres héroes.
23Fue el más famoso de los treinta, pero no los igualó. David le puso al frente de su guardia personal.
24Asael, hermano de Joab figuraba entre los treinta, junto con Eljanán, hijo de Dodó, de Belén,
25Samá el jarodita, Elicá el jarodita,
26Jeles el pelteo, Ira, hijo de Iqués, el tecoíta,
27Abiezer de Anatot, Mebunai el jusita,
28Salmón el ajojita, Mahrai el netofateo,
29Jéleb, hijo de Baná, el netofateo, Itai, hijo de Ribai, de Guibeá de los hijos de Benjamín,
30Benaías el pirotita, Hidai de los Torrentes de Gaas,
31Abialbón el arabateo, Azmaut el barjumeo,
32Elyajbá el saalbonita, los hijos de Yasén, Jonatán,
33Samá el ararita, Ajián, hijo de Sarar, el ararita,
34Elifélet, hijo de Ajasbai, hijo del maacatita, Elián, hijo de Ajitofel, el de Guiló,
35Jesrai el de Carmel, Parai el arabateo,
36Yigal, hijo de Natán de Sobá, Baní el gadita,
37Sélec el amonita, Najerai el beerotita, escudero de Joab, hijo de Seruyá,
38Ira el yitrita, Gareb el yitrita,
39Urías el hitita: treinta y siete en total.
2 Samuel 24
1Se encendió, una vez más, la cólera del Señor contra Israel e indujo a David contra ellos: «Anda, haz el censo de Israel y Judá».
2El rey mandó entonces a Joab, jefe del ejército, que estaba a su lado: «Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan a Berseba, y haz el censo del pueblo, para que sepa su número».
3Joab le respondió: «Que el Señor, tu Dios, multiplique al pueblo por cien y lo puedan ver los ojos del rey, mi señor. Pero ¿para qué desea tal cosa el rey, mi señor?».
4La palabra del rey prevaleció sobre Joab y los jefes del ejército y salieron de la presencia del rey para censar al pueblo de Israel.
5Atravesaron el Jordán y acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que hay en medio del valle de Gad, hacia Yazer.
6Llegaron a Galaad y a los territorios de Tajtin y Jodsí. Llegaron a Dan y de allí dieron la vuelta hacia Sidón.
7Llegaron a la ciudadela de Tiro y a todas las ciudades hivitas y cananeas. Y después salieron hacia el Negueb de Judá, hacia Berseba.
8Recorrieron todo el país, y llegaron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.
9Joab entregó al rey el número del censo del pueblo: Israel contaba con ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá con quinientos mil hombres.
10Pero después, David sintió remordimiento por haber hecho el censo del pueblo. Y dijo al Señor: «He pecado gravemente por lo que he hecho. Ahora, Señor, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente».
11Al levantarse David por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió esta palabra del Señor:
12«Ve y di a David: así dice el Señor. “Tres cosas te propongo. Elige una de ellas y la realizaré”».
13Gad fue a ver a David y le notificó: «¿Prefieres que vengan siete años de hambre en tu país, o que tengas que huir durante tres meses ante tus enemigos, los cuales te perseguirán, o que haya tres días de peste en tu país? Ahora, reflexiona y decide qué he de responder al que me ha enviado».
14David respondió a Gad: «¡Estoy en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres».
15El Señor mandó la peste a Israel desde la mañana hasta el plazo fijado. Murieron setenta y siete mil hombres del pueblo desde Dan hasta Berseba.
16El ángel del Señor extendió su mano contra Jerusalén para asolarla. Pero el Señor se arrepintió del castigo y ordenó al ángel que asolaba al pueblo: «¡Basta! Retira ya tu mano». El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Arauná, el jebuseo.
17Al ver al ángel golpeando al pueblo, David suplicó al Señor: «Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre».
18Gad se presentó aquel día a David para decirle: «Sube y levanta un altar al Señor en la era de Arauná, el jebuseo».
19David subió, conforme a la palabra de Gad, como había ordenado el Señor.
20Arauná se asomó y vio al rey y a sus servidores subir hacía él. Entonces salió y se postró ante el rey, rostro a tierra.
21Arauná preguntó: «¿Por qué ha venido el rey, mi señor, a ver a su siervo?». El rey contestó: «A comprarte la era, para edificar un altar al Señor y que se detenga la plaga sobre el pueblo».
22Arauná le dijo: «Que el rey, mi señor, coja y ofrezca lo que le parezca bien. Ahí están los bueyes para el holocausto y los trillos y los arreos de los bueyes para la leña.
23Arauná da todo esto al rey». Y añadió dirigiéndose al rey: «Que el Señor, tu Dios, te sea propicio».
24El rey le contestó: «No, quiero comprarlo por su precio. No ofreceré de balde holocaustos al Señor, mi Dios». David compró la era y los bueyes por medio kilo de plata.
25Construyó allí un altar al Señor y ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos. El Señor tuvo compasión del país y cesó la plaga sobre Israel.
1 Corintios 9
1¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesucristo, nuestro Señor? ¿No sois vosotros el resultado de mi trabajo en el Señor?
2Si para otros no soy apóstol, para vosotros sí lo soy; pues el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
3Mi defensa contra los que me acusan es esta:
4¿Acaso no tenemos derecho a comer y a beber?
5¿Acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer hermana en la fe, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?
6¿Acaso somos Bernabé y yo los únicos que estamos privados del derecho a dejar el trabajo?
7¿Quién hace el servicio militar a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come su fruto? ¿O quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?
8¿Acaso digo esto desde una perspectiva humana? ¿O no lo dice también la ley?
9Pues en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Acaso se preocupa Dios de los bueyes?
10¿No lo dice precisamente por nosotros? Por nosotros precisamente se escribió que el que ara debe arar con esperanza y el que trilla con la esperanza de tener parte en la cosecha.
11Si nosotros hemos sembrado entre vosotros lo espiritual, ¿será extraño que cosechemos lo material?
12Si otros gozan de ese derecho entre vosotros, ¿no lo tendremos más nosotros? Pero no hemos utilizado este derecho, sino que todo lo soportamos, para no poner impedimento al Evangelio de Cristo.
13¿No sabéis que los que se ocupan en las cosas sagradas comen del templo, que los que sirven al altar participan del altar?
14De igual modo ordenó el Señor que los que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio.
15Pero yo no he hecho uso de nada de esto. Es decir, que no he escrito estas cosas para que se haga así conmigo. (¡Más me valdría morir…!). Nadie me quitará esta gloria.
16El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
17Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
18Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
19Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.
20Me he hecho judío con los judíos, para ganar a los judíos; con los que están bajo ley me he hecho como bajo ley, no estando yo bajo ley, para ganar a los que están bajo ley;
21con los que no tienen ley me he hecho como quien no tiene ley, no siendo yo alguien que no tiene ley de Dios, sino alguien que vive en la ley de Cristo, para ganar a los que no tienen ley.
22Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
23Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
24¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
25Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
26Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire;
27sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.