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Lectura 96 de 365

2 Samuel 19-21 · 1 Corintios 8

Letra: Normal

2 Samuel 19

1Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar. Decía al subir: «¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!».

2Avisaron a Joab: «El rey llora y hace duelo por Absalón».

3Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al oír decir que el rey estaba apenado por su hijo.

4El ejército entró aquel día a escondidas en la ciudad, como se esconde el ejército avergonzado que ha huido de la batalla.

5El rey se había cubierto el rostro, y gritaba con voz fuerte: «¡Hijo mío, Absalón! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!».

6Joab fue a ver al rey a palacio y le dijo: «Hoy has avergonzado el rostro de todos los servidores, que han salvado tu vida y la vida de tus hijos e hijas, de tus mujeres y de tus concubinas.

7Amando a los que te odian y odiando a los que te aman, hoy has dado a conocer que los jefes y los servidores no significan nada para ti. Sé de cierto que si Absalón siguiera vivo y todos nosotros hubiéramos muerto, te parecería bien.

8Así pues, levántate, sal y habla al corazón de tus servidores. Pues he jurado por el Señor, que si no sales, ni un solo hombre pasará la noche contigo, y esto será para ti un mal peor que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora».

9El rey se levantó y se sentó junto al portón. Avisaron a todos: «El rey está sentado junto al portón». Y todos acudieron a la presencia del rey.Israel había huido, cada cual a su tienda.

10Y por las tribus de Israel la gente discutía: «El rey nos libró de la mano de los enemigos y nos salvó de la mano de los filisteos. Ahora ha tenido que huir del país por causa de Absalón.

11Absalón, al que habíamos ungido rey sobre nosotros, ha muerto en la guerra: ¿por qué no decís nada sobre la vuelta del rey?».

12El rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar con este mensaje: «Decid a los ancianos de Judá: “¿Por qué vais a ser los últimos en hacer volver al rey a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha llegado hasta el rey y su casa?

13Vosotros sois mis hermanos, sois hueso mío y carne mía, ¿por qué vais a ser los últimos en hacer volver al rey?”.

14Decidle a Amasá: “¿No eres tú hueso mío y carne mía? Que Dios me castigue si no te conviertes para siempre en jefe del ejército en lugar de Joab”».

15Así se ganó el corazón de todos los hombres de Judá como si se tratara de uno solo. Estos mandaron decir al rey: «Regresa con todos tus servidores».

16El rey volvió y llegó al Jordán, mientras Judá llegó a Guilgal para ir a su encuentro y hacerle pasar el Jordán.

17Semeí, hijo de Guerá, benjaminita de Bajurín, se apresuró a bajar con los hombres de Judá al encuentro del rey David.

18Lo acompañaban mil benjaminitas y Sibá, criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y veinte servidores, que bajaron al Jordán por delante del rey.

19Y cruzaron el vado para ayudar a pasar a la casa del rey y obrar conforme a su parecer. Semeí, hijo de Guerá, se postró ante el rey, después de pasar el Jordán.

20Dijo al rey: «No me imputes culpa alguna, señor mío, ni recuerdes el delito que cometió tu siervo el día en que salió de Jerusalén el rey, mi señor; no lo guardes, majestad, en tu corazón.

21Tu siervo lo reconoce: sí, he pecado. Pero hoy he sido el primero de toda la casa de José en bajar al encuentro del rey, mi señor».

22Abisay, hijo de Seruyá, tomó la palabra y dijo: «¿Es que no va a morir Semeí por esto, cuando ha maldecido al ungido del Señor?».

23David respondió: «¿Qué tengo que ver con vosotros, hijos de Seruyá, para atreveros a contradecirme? ¿Va a morir hoy un hombre en Israel? Me doy cuenta de que hoy vuelvo a ser rey de Israel».

24El rey dijo a Semeí: «No morirás». Y el rey se lo juró.

25Mefiboset, hijo de Saúl, bajó al encuentro del rey. No había cuidado sus pies, ni el bigote, ni lavado sus vestidos desde que se había marchado el rey hasta el día en que volvió en paz.

26Cuando llegó a Jerusalén, al encuentro del rey, este le preguntó: «¿Por qué no viniste conmigo, Mefiboset?».

27Respondió: «Oh rey, mi señor, mi criado me engañó. Tu siervo pensó: “Voy a aparejar el asno y a montar en él para ir con el rey, pues tu siervo es cojo”.

28Él calumnió a tu siervo ante el rey, mi señor. Pero, el rey, mi señor, es como un ángel de Dios. Haz lo que te parezca bien.

29Pues, para mi señor, el rey, toda la casa de mi padre no son más que gente merecedora de muerte. Has sentado a tu siervo entre los comensales de tu mesa. ¿Qué derecho tengo para rogar más al rey?».

30El rey le dijo: «¿Por qué seguir exponiendo tus razones? He dispuesto que tú y Sibá os repartáis las tierras».

31Mefiboset respondió: «Que se lo quede todo, una vez que el rey ha regresado en paz a su casa».

32Barzilai el galaadita había bajado de Roguelín y había cruzado con el rey el Jordán, para despedirle.

33Barzilai era muy anciano, de ochenta años. Él había aprovisionado al rey durante su permanencia en Majanáin, pues era un hombre muy rico.

34El rey le dijo: «Pasa conmigo y te mantendré junto a mí en Jerusalén».

35Barzilai respondió: «¿Cuántos pueden ser los años que me quedan de vida, para que suba a Jerusalén con el rey?

36Tengo ya ochenta años. ¿Puedo distinguir lo bueno de lo malo? ¿Saborea tu siervo lo que come y bebe? ¿O puedo escuchar aún la voz de cantores y cantoras? ¿Para qué va a ser tu siervo una carga más para el rey, mi señor?

37Tu siervo acompañará un poco al rey, pasado el Jordán. Pero ¿por qué me va a dar el rey tal recompensa?

38Deja regresar a tu siervo y que pueda morir en mi ciudad, junto a la tumba de mis padres. Ahí está tu siervo Quinján. Pase con el rey, mi señor, y haz de él lo que mejor te parezca».

39El rey contestó: «Quinján pasará conmigo y yo haré con él lo que te parezca bien. Haré cuanto me pidas».

40Todo el pueblo cruzó el Jordán. También el rey lo cruzó, besó a Barzilai, bendiciéndolo y este se volvió a su pueblo.

41El rey cruzó el Jordán con Quinján. Todo Judá pasó con el rey y también la mitad de Israel.

42Los de Israel se dirigieron al rey, diciendo: «¿Por qué nuestros hermanos, los hombres de Judá, te han acaparado, ayudando al rey, a su casa y a toda su gente a pasar el Jordán?».

43Los de Judá respondieron a los de Israel: «Porque el rey es pariente nuestro. ¿Por qué te vas a enfadar por esto? ¿Acaso hemos comido nosotros a expensas del rey y nos ha suministrado él alguna posesión?».

44Los de Israel replicaron a los de Judá: «Tenemos diez partes en el rey, e incluso tenemos más derechos que tú sobre David. ¿Por qué nos has despreciado? ¿No hemos sido nosotros los primeros en hablar para que volviera nuestro rey?». Las palabras de los de Judá fueron más violentas que las de los de Israel.

2 Samuel 20

1Estaba allí por casualidad un hombre desalmado llamado Seba, hijo de Bicrí, benjaminita. Tocó el cuerno y dijo:«No tenemos parte con David ni heredad con el hijo de Jesé. Cada cual a sus tiendas, Israel».

2Toda la gente de Israel se apartó de David siguiendo a Seba, hijo de Bicrí, mientras la gente de Judá permaneció unida a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.

3David entró en su palacio de Jerusalén. Tomó a las diez concubinas que había dejado para cuidarlo, las confinó en una casa y allí las mantuvo. Pero no se llegó a ellas. Permanecieron recluidas hasta el día de la muerte, viudas de por vida.

4El rey ordenó a Amasá: «Convócame a los hombres de Judá para dentro de tres días y preséntate aquí».

5Amasá se fue a convocar a Judá, pero no lo hizo en el plazo que David le había señalado.

6Entonces David dijo a Abisay: «Seba, hijo de Bicrí, nos va a hacer ahora más daño que Absalón. Coge a los servidores de tu señor y persíguelo, no sea que alcance ciudades fortificadas y escape de nosotros».

7Los hombres de Joab, los quereteos, los pelteos y todos los valientes salieron con él de Jerusalén en persecución de Seba, hijo de Bicrí.

8Se encontraban junto a la gran piedra que hay en Gabaón, cuando Amasá llegó hasta ellos. Joab iba vestido con su uniforme, ceñido de cinturón con la espada en su vaina colgada a la cadera; la espada se le salió y cayó a tierra.

9Joab preguntó a Amasá: «¿Te encuentras bien, hermano mío?». Y asió con la mano derecha la barba de Amasá para besarle.

10Amasá no se percató de la espada que Joab tenía en la mano. Le hirió con ella en el vientre y sus entrañas quedaron esparcidas por tierra. Murió, sin que tuviera que repetir el golpe. Joab y su hermano Abisay persiguieron luego a Seba, hijo de Bicrí.

11Uno de los mozos de Joab se quedó junto a Amasá, gritando: «Quienquiera que sea partidario de Joab y de David, siga a Joab».

12Amasá yacía bañado en sangre en medio del camino. Viendo que todo el pueblo se detenía, aquel hombre apartó a Amasá del camino hacia el campo y echó sobre él un vestido, pues todo el que pasaba a su lado, al verle, se detenía.

13Cuando lo hubo apartado del camino, toda la gente pasó siguiendo a Joab en persecución de Seba, hijo de Bicrí.

14Seba recorrió todas las tribus de Israel hasta llegar a Abel de Bet Maacá y a los beritas. Pero lo despreciaron y lo persiguieron

15hasta asediarlo en Abel de Bet Maacá. Levantaron un terraplén contra la muralla que se apoyaba en el antemural. Y toda la tropa de Joab empezó a hacer zapas para derrumbar la muralla.

16Entonces una mujer sagaz gritó desde la ciudad: «Escuchad, escuchad, decid, por favor, a Joab: “Acércate aquí, que quiero hablar contigo”».

17Se acercó hasta ella, y la mujer preguntó: «¿Eres tú Joab?». Respondió: «Yo soy». Le dijo: «Escucha las palabras de tu sierva». Respondió: «Escucho».

18Ella continuó: «Antes se decía: “Preguntad en Abel y todo arreglado”.

19Yo soy la más pacífica y fiel de Israel. Tú, en cambio, buscas destruir una ciudad y metrópoli de Israel. ¿Por qué quieres aniquilar la heredad del Señor?».

20Joab tomó la palabra y dijo: «Lejos de mí querer aniquilar o destruir.

21El asunto no es ese. Un hombre de la montaña de Efraín, llamado Seba, hijo de Bicrí, se ha sublevado contra el rey David. Entregádmelo, solo a él y me iré de la ciudad». La mujer respondió: «Te arrojaremos su cabeza desde la muralla».

22La mujer fue a hablar al pueblo con su buen juicio. Cortaron la cabeza de Seba, hijo de Bicrí, y se la arrojaron a Joab. Este tocó el cuerno y se dispersaron, cada cual a su tienda. Joab regresó a Jerusalén al lado del rey.

23Joab estaba al frente de todo el ejército de Israel; Benaías, hijo de Yehoyadá, mandaba sobre los quereteos y los pelteos;

24Adorán dirigía la prestación personal y Josafat, hijo de Ajilud, era el cronista;

25Sibá era el escriba, y Sadoc y Abiatar, los sacerdotes.

26También Ira, el yairita, era sacerdote de David.

2 Samuel 21

1En tiempos de David hubo hambre durante tres años seguidos. David consultó al Señor, y este respondió: «Es a causa de Saúl y de su casa sanguinaria, por haber matado a los gabaonitas».

2El rey llamó a los gabaonitas y habló con ellos. Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino un resto de los amorreos, a los que los hijos de Israel habían hecho un juramento, pero Saúl había tratado de destruirlos, movido de celo por Israel y Judá.

3David dijo a los gabaonitas: «¿Qué puedo hacer por vosotros? o ¿con qué puedo compensaros para que bendigáis la heredad del Señor?».

4Los gabaonitas respondieron: «No queremos oro o plata de Saúl y de su casa, ni queremos matar a nadie en Israel». David les dijo: «Haré por vosotros lo que digáis».

5Respondieron al rey: «Aquel hombre nos exterminó y planeó que fuéramos extirpados de todo el territorio de Israel.

6Pues bien, que nos entreguen siete hombres de su casa para empalarlos ante el Señor en Guibeá de Saúl, el elegido del Señor». El rey contestó: «Os los entregaré».

7El rey perdonó la vida a Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, debido a que David y el hijo de Saúl, Jonatán, habían jurado por el Señor.

8El rey cogió a Armoní y a Mefiboset, los dos hijos que Rispá, hija de Ayá, había dado a Saúl y los cinco hijos que Micol, hija de Saúl, había dado a Adriel, hijo de Barziel, el mejolatí.

9Los puso en mano de los gabaonitas, que los empalaron en el monte, en presencia del Señor, y perecieron los siete a la vez. Fueron ejecutados en los días de la siega, en los primeros días, al comienzo de la siega de las cebadas.

10Rispá, hija de Ayá, tomó un saco con ella y lo extendió sobre la peña, desde el comienzo de la siega hasta que las lluvias cayeron sobre ellos desde el cielo. No dejaba que se posaran sobre ellos las aves del cielo durante el día, ni en la noche las bestias del campo.

11Cuando le informaron a David de lo que hacía Rispá, hija de Ayá, concubina de Saúl,

12fue a recoger los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán que conservaban los notables de Yabés de Galaad; estos los habían retirado a escondidas de la plaza de Bet Seán, donde los filisteos los habían colgado el día que derrotaron a Israel en Gelboé.

13Trasladó de allí los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán y recogieron también los huesos de los empalados.

14Enterró los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán en la tierra de Benjamín, en Selá, en el sepulcro de Quis, padre de Saúl. Hicieron todo lo que había ordenado el rey, y el Señor se aplacó con el país después de esto.

15Hubo una nueva batalla de los filisteos contra Israel. David bajó con sus servidores y lucharon contra los filisteos. David se encontraba agotado.

16Estaban acampados en Nob, que pertenece a los hijos de Harafa. Uno, que tenía una lanza de unos tres kilos de bronce e iba ceñido con un cinturón nuevo, pensaba matar a David.

17Abisay, hijo de Seruyá, lo socorrió, hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David juraron: «No vuelvas a salir con nosotros a la guerra, para que no se extinga la lámpara de Israel».

18Después de esto hubo todavía otra batalla en Gob contra los filisteos. Sibecai, el jusita, mató entonces a Saf, uno de los hijos de Harafa.

19Después se reanudó en Gob la batalla contra los filisteos. Eljanán, hijo de Yaír Oreguín, de Belén, mató a Goliat de Gaza. La madera de su lanza era como una percha de tejedores.

20Hubo otra batalla en Gat. Había allí un gigante que tenía seis dedos en manos y pies, veinticuatro en total. También era hijo de Harafa.

21Injurió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simai, hermano de David.

22Esos cuatro le habían nacido a Harafa en Gat, y cayeron a manos de David y de sus servidores.

1 Corintios 8

1Acerca de lo sacrificado a los ídolos, sé que todos tenemos conocimiento. Pero el conocimiento engríe, mientras que el amor edifica.

2Si alguno cree conocer algo, eso significa que aún no conoce como es debido.

3Si alguno ama a Dios, ese tal es conocido por él.

4Sobre el hecho de comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que en el mundo un ídolo no es nada y que no hay más Dios que uno;

5pues aunque están los que son dioses en el cielo y en la tierra, de manera que resultan numerosos los dioses y numerosos los señores,

6para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede todo y para el cual somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe todo y nosotros por medio de él.

7Sin embargo, no todos tienen este conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo, y como su conciencia está insegura, se mancha.

8Pero no es la comida lo que nos permite estar delante de Dios; nada nos falta si comemos, ni llevamos ventaja si no comemos.

9Pero tened cuidado, no sea que vuestra misma libertad se convierta en piedra de escándalo para los débiles.

10En efecto, si alguien te viese a ti que tienes conocimiento sentado a la mesa en un templo idolátrico, ¿no se verá impelida la conciencia del débil a comer la carne sacrificada a los ídolos?

11Así por tu conocimiento se pierde el inseguro, un hermano por quien Cristo murió.

12Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo.

13Por eso, si por una cuestión de alimentos peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.