Lectura 95 de 365
2 Samuel 16-18 · 1 Corintios 7
2 Samuel 16
1Cuando David había sobrepasado un poco la cima, salió a su encuentro Sibá, siervo de Mefiboset con un par de asnos aparejados, cargados con doscientos panes, cien racimos de pasas, cien pasteles de higos y un odre de vino.
2El rey le preguntó: «¿Por qué traes esto?». Sibá respondió: «Los asnos son para la familia del rey, para que monten sobre ellos, el pan y los higos, para que puedan comer los jóvenes; y el vino, para que beba el que desfallezca en el desierto».
3El rey preguntó: «¿Dónde está el hijo de tu señor?». Sibá respondió: «Se ha quedado en Jerusalén, pensando: “La casa de Israel me restituirá hoy la realeza de mi padre”».
4El rey le dijo: «Todo lo de Mefiboset es tuyo». Sibá respondió: «Yo me postro. Encuentre yo gracia a los ojos del rey, mi señor».
5Al llegar el rey a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba caminando y lanzando maldiciones.
6Y arrojaba piedras contra David y todos sus servidores. El pueblo y los soldados protegían a David a derecha e izquierda.
7Semeí decía al maldecirlo: «Fuera, fuera, hombre sanguinario, hombre desalmado.
8El Señor ha hecho recaer sobre ti la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino has usurpado. Y el Señor ha puesto el reino en manos de tu hijo Absalón. Has sido atrapado por tu maldad, pues eres un hombre sanguinario».
9Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: «¿Por qué maldice este perro muerto al rey, mi señor? Deja que vaya y le corte la cabeza».
10El rey contestó: «¿Qué hay entre vosotros y yo, hijo de Seruyá? Si maldice y si el Señor le ha ordenado maldecir a David, ¿quién le va a preguntar: “Por qué actúas así”?».
11Luego David se dirigió a Abisay y a todos sus servidores: «Un hijo mío, salido de mis entrañas, busca mi vida. Cuánto más este benjaminita. Dejadle que me maldiga, si se lo ha ordenado el Señor.
12Quizá el Señor vea mi humillación y me pague con bendiciones la maldición de este día».
13David y sus hombres subían por el camino, mientras Semeí iba por la ladera del monte, paralelo a él, maldiciendo y arrojando piedras entre la polvareda que levantaba al caminar.
14El rey y el pueblo que lo acompañaba llegaron agotados. Y allí recobraron fuerzas.
15Absalón y los israelitas habían llegado a Jerusalén. Ajitofel iba a su lado.
16Cuando Jusai, el arquita, amigo de David, llegó a la presencia de Absalón, gritó: «¡Viva el rey! ¡Viva el rey!».
17Absalón le preguntó: «¿Es esta la fidelidad a tu amigo? ¿Por qué no has ido con él?».
18Jusai respondió: «De ninguna manera. Pues yo me quedaré y viviré con aquel a quien ha elegido el Señor, este pueblo y la gente de Israel.
19En segundo lugar: ¿A quién voy a servir? ¿No es a su mismo hijo? Como serví a tu padre, así te serviré a ti».
20Absalón dijo a Ajitofel: «Proponed vuestro consejo. ¿Qué hemos de hacer?».
21Ajitofel respondió: «Llégate a las concubinas que tu padre dejó para cuidar del palacio. Todo Israel sabrá que te has enemistado con tu padre y se fortalecerán las manos de cuantos te siguen».
22Se desplegó una tienda sobre la terraza y Absalón se llegó a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel.
23El consejo que daba Ajitofel en aquellos días era como si se consultara la palabra de Dios. Así era considerado cualquier consejo de Ajitofel, tanto por David como por Absalón.
2 Samuel 17
1Ajitofel propuso a Absalón: «Voy a escoger doce mil hombres para perseguir a David esta noche.
2Me echaré sobre él, que se encontrará fatigado y débil de fuerzas, y le infundiré pánico; los que están con él huirán y yo mataré al rey, solo a él.
3Entonces todo el pueblo volverá junto a ti. Dar con el hombre que buscas significará la vuelta de todos. Todo el pueblo quedará en paz».
4La propuesta le pareció acertada a Absalón y a los ancianos de Israel.
5Pero Absalón dijo: «Llama también a Jusai, el arquita, y oigamos su opinión».
6Jusai llegó a la presencia de Absalón, y este le dijo: «Esta es la propuesta de Ajitofel. ¿Hemos de actuar según su parecer? Si no, habla tú mismo».
7Jusai respondió: «Por esta vez no es bueno el consejo que ha dado Ajitofel».
8Y continuó: «Tú sabes que tu padre y sus hombres son aguerridos y estarán furiosos como una osa en el campo privada de sus crías. Tu padre es un hombre de guerra y no pasará la noche con el pueblo.
9Ahora se encontrará oculto en una cueva o en algún otro lugar. Y si David ataca primero, el que lo oiga dirá: “Ha habido una matanza entre la gente que sigue a Absalón”.
10Y, entonces, incluso el más valiente, aquel cuyo corazón sea como el de un león, se acobardará, pues todo Israel sabe que tu padre es un valiente y los que están con él, aguerridos.
11Yo te aconsejo: concentra a tu lado a todo Israel, desde Dan hasta Berseba, en número como la arena del mar y tú en persona sal con ellos.
12Iremos hasta donde se encuentre y caeremos sobre él como cae el rocío sobre el suelo. No quedará con vida ni él ni uno solo de los hombres que lo acompañan.
13Si se refugia en una ciudad, todo Israel llevará sogas a aquella ciudad, y lo arrastraremos al torrente, de suerte que no se encuentre allí ni un guijarro».
14Absalón y los hombres de Israel exclamaron: «El consejo de Jusai, el arquita, es mejor que el de Ajitofel». El Señor había decidido que fracasara el buen consejo de Ajitofel, para hacer caer la desgracia sobre Absalón.
15Jusai dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Ajitofel ha aconsejado esto a Absalón y a los ancianos de Israel. Y esto he aconsejado yo.
16Ahora, pues, mandad este recado urgente a David: no pases la noche en las estepas del desierto. Pasa al otro lado para que no le ocurra una desgracia al rey y a toda la gente que lo acompaña».
17Jonatán y Ajimás estaban apostados en En Roguel. Una criada fue a llevarles el aviso para que fueran e informaran al rey David. Ellos no podían dejarse ver a la entrada de la ciudad.
18Pero los vio un criado y avisó a Absalón. Los dos partieron apresuradamente y llegaron a la casa de un hombre en Bajurín. Su patio tenía una cisterna y bajaron a ella.
19La mujer, cogiendo una manta la extendió sobre la boca de la cisterna y esparció granos encima, de modo que nada se notaba.
20Llegaron los servidores de Absalón a casa de la mujer y preguntaron: «¿Dónde están Ajimás y Jonatán?». La mujer contestó: «Han cruzado las aguas». Los buscaron, pero, al no encontrarlos, se volvieron a Jerusalén.
21Cuando ya se habían marchado, subieron de la cisterna y corrieron a informar al rey David. Le dijeron: «Levantaos y cruzad rápidamente las aguas, porque Ajitofel ha dado este consejo contra vosotros».
22David y los que lo acompañaban se dispusieron a cruzar el Jordán. Al despuntar el alba, no quedaba nadie que no lo hubiera cruzado.
23Al ver Ajitofel que no se llevaba a cabo su plan, aparejó el asno y se puso en camino a la casa de su ciudad. Dio instrucciones a los suyos y se ahorcó. Murió y fue enterrado en el sepulcro de su padre.
24David llegó a Majanáin, cuando Absalón cruzaba el Jordán con todos los hombres de Israel.
25Absalón había nombrado a Amasá jefe del ejército, en lugar de Joab. Amasá era hijo de un hombre llamado Yitró, israelita, que se había llegado a Abigail, hija de Najas, hermana de Seruyá, madre de Joab.
26Israel y Absalón acamparon en la tierra de Galaad.
27Cuando David llegó a Majanáin, Sobí, hijo de Najas de Rabá de los amonitas, y Maquir, hijo de Amiel de Lo Debar, y Barzilai, el galaadita de Roguelín,
28trajeron camas, mantas, recipientes de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, alubias, lentejas,
29miel, manteca y quesos de oveja y de vaca. Se lo ofrecieron a David y al pueblo que estaba con él para que comieran, pues se habían dicho: «El pueblo estará hambriento, fatigado y con sed en el desierto».
2 Samuel 18
1David pasó revista al ejército que lo acompañaba y puso al frente del mismo jefes de mil y de cien.
2Luego los envió así: un tercio en manos de Joab, un tercio en manos de Abisay, hijo de Seruyá, hermano de Joab, y un tercio en manos de Itai el de Gat. El rey les dijo: «Yo también saldré con vosotros».
3Pero le contestaron: «No debes salir, porque, si tenemos que huir, no les preocupará; incluso, si muere la mitad de nosotros, tampoco les preocupará, mientras que tú eres como diez mil para nosotros. Es mejor que nos ayudes desde la ciudad».
4El rey les contestó: «Haré lo que mejor os parezca». Y el rey se quedó junto al portón de la ciudad, mientras todo el ejército salía en grupos de cien y de mil.
5El rey ordenó a Joab, a Abisay y a Itai: «Tratadme bien al muchacho, a Absalón». Todo el pueblo oyó la orden del rey a los jefes respecto a Absalón.
6El ejército salió al campo al encuentro de Israel. Y se trabó la batalla en el bosque de Efraín.
7Allí fue derrotado el ejército de Israel por los hombres de David. Aquel día hubo allí una gran mortandad: veinte mil bajas.
8El combate se extendió por el entorno del territorio y el bosque devoró aquel día más hombres que la espada.
9Absalón se encontró frente a los hombres de David. Montaba un mulo y, al pasar el mulo bajo el ramaje de una gran encina, la cabeza se enganchó en la encina y quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió adelante.
10Alguien lo vio y avisó a Joab: «He visto a Absalón colgado de una encina».
11Joab dijo al que le informaba: «Si lo has visto, ¿por qué no lo derribaste allí mismo? Yo te habría dado más de cien gramos de plata y un cinturón».
12Aquel hombre contestó a Joab: «Aunque recibiera en mi mano más de once kilos de plata, no extendería mi mano contra el hijo del rey, pues el rey te dictó a ti, a Abisay y a Itai, a nuestros propios oídos, esta orden: “Guardadme al muchacho, a Absalón”.
13Si yo hubiera obrado mal contra él, nada permanecería oculto al rey. Incluso tú te habrías puesto contra mí».
14Joab replicó: «No quiero quedarme aquí esperando ante ti». Y cogiendo tres venablos en la mano, los clavó en el corazón de Absalón, que estaba aún vivo colgado de la encina.
15Lo rodearon diez criados, escuderos de Joab, que hirieron a Absalón y le dieron muerte.
16Joab tocó el cuerno y retuvo al ejército, que dejó de perseguir a Israel.
17Cogieron a Absalón, lo arrojaron a una gran hoya en el bosque y apilaron encima un montón enorme de piedras. Y todo Israel huyó, cada cual a su tienda.
18Absalón se había erigido en vida una estela que se encuentra en el valle del Rey, pensando: «No tengo hijo alguno que perpetúe mi nombre». Puso a la estela su propio nombre y así se la sigue llamando, hasta este día: Monumento de Absalón.
19Ajimás, hijo de Sadoc, propuso: «Iré corriendo a anunciar al rey la buena noticia de que el Señor le ha hecho justicia, librándolo de la mano de sus enemigos».
20Joab le dijo: «Hoy no serás tú un hombre de buenas noticias. Otro día las anunciarás. Hoy no darías buenas noticias, cuando el hijo del rey ha muerto».
21Entonces Joab ordenó a un cusita: «Ve y anuncia al rey lo que has visto». El cusita se postró ante Joab y echó a correr.
22Ajimás, hijo de Sadoc, le insistió a Joab: «Sea lo que sea, déjame correr tras el cusita». Joab respondió: «¿Para qué vas a correr, hijo mío? No tienes ninguna buena noticia que anunciar».
23«Sea lo que fuere, quiero correr», respondió. Y Ajimás corrió por el camino de la vega adelantando al cusita.
24David estaba sentado entre las dos puertas. El vigía subió a la terraza del portón, sobre la muralla. Alzó los ojos y vio que un hombre venía corriendo en solitario.
25El vigía gritó para anunciárselo al rey. El rey dijo: «Si es uno solo, trae buenas noticias en su boca». Se iba acercando,
26cuando el vigía divisó otro hombre corriendo. Y gritó al portero: «Veo otro hombre corriendo solo». El rey dijo: «También este es portador de buenas noticias».
27El vigía siguió diciendo: «Ya distingo al primero y por el modo de correr es Ajimás, hijo de Sadoc». El rey dijo: «Este es un hombre bueno y viene con buenas noticias».
28Ajimás dijo en alta voz al rey: «Paz». Y se postró ante el rey, rostro en tierra. Después exclamó: «Bendito sea el Señor, tu Dios, que ha acabado con los hombres que habían levantado su mano contra el rey, mi señor».
29El rey preguntó: «¿Está bien el muchacho Absalón?». Ajimás respondió: «Vi un tumulto grande cuando Joab envió a un siervo del rey y a tu siervo, pero no supe qué era».
30El rey dijo: «Retírate y quédate ahí». Se retiró y se quedó allí.
31Cuando llegó el cusita, dijo: «Reciba una buena noticia el rey, mi señor: el Señor te ha hecho justicia hoy, librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti».
32El rey preguntó: «¿Se encuentra bien el muchacho Absalón?». El cusita respondió: «Que a los enemigos de mi señor, el rey, y a todos los que se han levantado contra ti para hacerte mal les ocurra como al muchacho».
1 Corintios 7
1Acerca de lo que habéis escrito, es bueno que el hombre no toque mujer.
2Con todo, por el riesgo de inmoralidad, que cada cual tenga su propia mujer y cada mujer su propio marido.
3Que el marido dé a la mujer lo que es debido y de igual modo la mujer al marido.
4La mujer no dispone de su cuerpo, sino el marido; de igual modo, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer.
5No os privéis uno del otro, si no es de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; después volved a estar juntos, no sea que Satanás os tiente por vuestra incontinencia.
6Esto os lo digo como una concesión, no como una orden,
7aunque deseo que todos los hombres fueran como yo mismo. Pero cada cual tiene su propio don de Dios, unos de un modo y otros de otro.
8Ahora bien, a los no casados y a las viudas les digo: es bueno que se mantengan como yo.
9Pero si no se contienen, cásense; es mejor casarse que abrasarse.
10A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido;
11pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con el marido; y que el marido no repudie a la mujer.
12A los otros les digo yo, no el Señor: si un hermano tiene una mujer no creyente y ella está de acuerdo en vivir con él, que no la repudie.
13Y si una mujer tiene un marido no creyente, y él está de acuerdo en vivir con ella, que no repudie al marido,
14pues el marido no creyente se santifica por la mujer y la mujer no creyente se santifica por el hermano; si fuera de otro modo, vuestros hijos serían impuros, y de hecho son santos.
15Ahora bien, si el no creyente quiere divorciarse, que se divorcie; en estos casos, el hermano o la hermana no están esclavizados; pues Dios os ha llamado en paz.
16¿Qué sabes tú, mujer, si salvarás al marido?, ¿o qué sabes tú, marido, si salvarás a la mujer?
17Por lo demás, que cada cual se comporte como le ha asignado el Señor, como Dios le ha llamado; y esto es lo que ordeno en todas las iglesias.
18Si alguno fue llamado siendo circunciso, que no lo oculte; si fue llamado siendo incircunciso, que no se circuncide.
19La circuncisión no es nada; la incircuncisión tampoco; lo que cuenta es el cumplimiento de los mandamientos de Dios.
20Que cada cual permanezca en la vocación a la que ha sido llamado.
21Si has sido llamado siendo esclavo, no te preocupes, aunque, si tienes la posibilidad de ser libre, aprovéchala.
22Pues el que ha sido llamado en el Señor siendo esclavo es liberto del Señor; de igual modo, el que ha sido llamado siendo libre, es esclavo del Señor.
23Habéis sido comprados a buen precio. No os hagáis esclavos de hombres.
24Hermanos, que cada cual permanezca en la situación en la que fue llamado.
25Acerca de los célibes no tengo precepto del Señor, pero doy mi parecer como alguien que, por la misericordia del Señor, es fiel.
26Considero que, por la angustia que apremia, es bueno para un hombre quedarse así.
27¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre de mujer? No busques mujer;
28pero, si te casas, no pecas; y, si una soltera se casa, tampoco peca. Aunque estos tales sufrirán la tribulación de la carne; y yo quiero ahorrársela.
29Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran;
30los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran;
31los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.
32Quiero que os ahorréis preocupaciones: el no casado se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor;
33en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer,
34y anda dividido. También la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, de ser santa en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.
35Os digo todo esto para vuestro bien; no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.
36Si, a pesar de todo, alguien considera que se comporta inadecuadamente con su doncella virgen, por estar en la flor de su edad y conviene proceder así, actúe conforme a su voluntad; no peca, cásense.
37Pero el que se sienta firme, sin presiones y con total libertad, y esté internamente resuelto a respetar la virginidad de su doncella, hará bien.
38En definitiva, quien se casa con su doncella hace bien, y quien no se casa con ella, hace mejor.
39Una esposa está ligada a su marido mientras este viva. Pero si el marido muere, es libre de casarse con quien quiera; solo que debe hacerlo en el Señor.
40Pero, en mi opinión, es más feliz si permanece así; que también yo creo tener el Espíritu de Dios.