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Lectura 92 de 365

2 Samuel 7-9 · 1 Corintios 4

Letra: Normal

2 Samuel 7

1Cuando el rey se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor,

2dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».

3Natán dijo al rey: «Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».

4Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:

5«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?

6Desde el día en que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, yo no he habitado en casa alguna, sino que he estado peregrinando de acá para allá, bajo una tienda como morada.

7Durante todo el tiempo que he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso me dirigí a alguno de los jueces a los que encargué pastorear a mi pueblo Israel, diciéndoles: ‘Por qué no me construís una casa de cedro?’”.

8Pues bien, di a mi siervo David: “Así dice el Señor del universo. Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.

9He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra.

10Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño,

11cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.

12En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.

13Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

14Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si obra mal, yo lo castigaré con vara y con golpes de hombres.

15Pero no apartaré de él mi benevolencia, como la aparté de Saúl, al que alejé de mi presencia.

16Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

17Natán trasladó a David estas palabras y la visión.

18Entonces el rey David vino a presentarse ante el Señor y dijo: «¿Quién soy yo, mi Dueño y Señor, y quién la casa de mi padre, para que me hayas engrandecido hasta tal punto?

19Y, por si esto fuera poco a los ojos de mi Dueño y Señor, has hecho también a la casa de tu siervo una promesa para el futuro. ¡Esta es la ley del hombre, Dueño mío y Señor mío!

20¿Y qué más podría decirte David? Tú conoces a tu siervo, Dueño mío y Señor mío.

21Has realizado esta gran proeza por tu palabra y según tu corazón, manifestándosela a tu siervo.

22Por ello eres grande, mi Dueño y Señor, y no hay nadie como tú ni dios alguno fuera de ti, como hemos escuchado con nuestros oídos.

23¿Y quién como tu pueblo, Israel, nación única sobre la tierra, a la que Dios fue a rescatar como pueblo suyo, engrandeciendo su nombre y realizando por vosotros proezas y prodigios en favor de tu tierra, en presencia de tu pueblo, que rescataste de Egipto, de sus gentes y de sus dioses?

24Constituiste a tu pueblo Israel pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios.

25Ahora, pues, Señor Dios, confirma la palabra que has pronunciado acerca de tu siervo y de su casa, y cumple tu promesa.

26Tu nombre sea ensalzado por siempre de este modo: “El Señor del universo es el Dios de Israel y la casa de tu siervo David permanezca estable en tu presencia”.

27Pues tú, Señor del universo, Dios de Israel, has manifestado a tu siervo: “Yo te construiré una casa”. Por eso, tu siervo ha tenido ánimo para dirigirte esta oración.

28Tú, mi Dueño y Señor, eres Dios, tus palabras son verdad y has prometido a tu siervo este bien.

29Dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca para siempre ante ti. Pues tú, mi Dueño y Señor, has hablado, sea bendita la casa de tu siervo para siempre».

2 Samuel 8

1Después de esto David abatió a los filisteos, los humilló y les arrebató Gat y sus zonas de apoyo.

2Abatió también a los moabitas y, haciéndoles echarse en tierra, los midió con un cordel; luego mandó dar muerte a dos de los grupos que había medido, y dejó con vida al tercer grupo. Los moabitas se convirtieron en servidores de David, pagándole tributo.

3Derrotó igualmente a Adadézer, hijo de Ben Rejob, rey de Sobá, cuando se disponía a restablecer su dominio hasta el Éufrates.

4David le capturó mil setecientos hombres de caballería y veinte mil de a pie, y desjarretó todos los caballos de tiro, dejando un centenar de ellos.

5Siria de Damasco vino en ayuda de Adadézer, rey de Sobá, pero David mató a veintidós mil hombres,

6estableció guarniciones en Siria de Damasco y los arameos se convirtieron en servidores de David, pagándole tributo. El Señor concedió el triunfo a David donde quiera que se dirigía.

7David recogió las aljabas de oro que llevaban encima los servidores de Adadézer y las trajo a Jerusalén.

8Y en Tébaj y Berotay, ciudades de Adadézer, se apoderó de mucho bronce.

9Cuando Tou, rey de Jamat, se enteró de que David había derrotado a todo el ejército de Adadézer,

10envió a su hijo Jorán a visitar al rey David, para saludarlo y felicitarlo por haber luchado contra Adadézer y haberlo vencido; pues Tou y Adadézer estaban en guerra. Jorán llevó con él objetos de plata, oro y bronce.

11El rey David también lo consagró al Señor con la plata y el oro que había consagrado, procedente de todas las naciones que había sometido:

12de Siria, Moab y de los hijos de Amón, de los filisteos, de Amalec y del botín de Adadézer, hijo de Rejob, rey de Sobá.

13David adquirió un gran renombre después de batir a dieciocho mil hombres de Siria en el valle de la Sal.

14Estableció guarniciones en todo Edón y los edomitas quedaron como servidores de David. El Señor concedió el triunfo a David donde quiera que se dirigía.

15David reinó sobre todo Israel, administrando el derecho y la justicia al pueblo.

16Joab, hijo de Seruyá, mandaba el ejército; Josafat, hijo de Ajilud era el cronista;

17Sadoc, hijo de Ajitob, y Ajimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Seruyá era el escriba;

18Benaías, hijo de Yehoyadá, mandaba a los quereteos y pelteos. Los hijos de David eran sacerdotes.

2 Samuel 9

1David se preguntó: «¿Quedará algún superviviente de la casa de Saúl? Le trataré con bondad en consideración a Jonatán».

2La casa de Saúl había tenido un siervo, de nombre Sibá. Fue llamado a presencia de David y el rey le preguntó: «¿Eres tú Sibá?». Respondió: «Soy siervo tuyo».

3Siguió preguntando: «No queda ya nadie de la casa de Saúl? Le trataré con bondad por amor a Dios». Respondió: «Queda un hijo de Jonatán, tullido de los pies».

4Prosiguió el rey: «¿Dónde está?». Respondió Sibá: «Se encuentra en casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lo Debar».

5El rey David envió a buscarlo, y lo trajeron de allí.

6Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, llegó a presencia David, cayó sobre su rostro y se postró. David exclamó: «Mefiboset». Él respondió: «He aquí a tu siervo».

7David le dijo: «No temas, pues quiero tratarte con bondad, en consideración a tu padre Jonatán. Te restituiré toda la hacienda de Saúl, tu padre, y comerás siempre a mi mesa».

8Él se postró y dijo: «¿Quién es tu siervo, para que te hayas preocupado por mí, siendo como soy un perro muerto?».

9Entonces David llamó a Sibá, criado de Saúl, y le dijo: «Todo lo perteneciente a Saúl y a su casa se lo he dado al hijo de tu señor.

10Tú, tus hijos y tus servidores labraréis la tierra para él, y traerás el producto para alimento del hijo de tu señor, que comerá de ello. Pero Mefiboset, hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa». Sibá, que tenía quince hijos y veinte servidores,

11contestó al rey: «Tu siervo cumplirá todo cuanto mi señor, el rey, le ha ordenado». Mefiboset comía a la mesa de David, como uno de los hijos del rey.

12Mefiboset tenía un hijo pequeño, llamado Micá, y cuantos vivían en casa de Sibá eran servidores de Mefiboset.

13Mefiboset habitaba en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey. Era tullido de pies.

1 Corintios 4

1Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.

2Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fieles.

3Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas.

4La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor.

5Así, pues, no juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece.

6Hermanos, he aplicado lo anterior a Apolo y a mí por causa vuestra, para que con nuestro caso aprendáis a jugar limpio y no os engriáis el uno contra el otro.

7A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?

8Ya tenéis todo lo que ansiabais, ya sois ricos, habéis conseguido un reino sin nosotros. ¿Qué más quisiera yo? Así reinaríamos juntos.

9Por lo que veo, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres.

10Nosotros unos locos por Cristo, vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros célebres, nosotros despreciados;

11hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio,

12nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos;

13nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy.

14No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos;

15ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús.

16Así pues, os ruego que seáis imitadores míos.

17Por ello os he enviado a Timoteo, hijo mío querido y fiel en el Señor, el cual os recordará mis normas de conducta en Cristo Jesús, conforme las enseño por doquier en todas las iglesias.

18Pensando que yo no iré a visitaros, algunos se han engreído.

19Mas iré pronto a visitaros, si Dios quiere; y entonces conoceré no las palabras de los orgullosos, sino su poder;

20pues el reino de Dios no consiste en palabras sino en poder.

21¿Qué queréis? ¿Que vaya a visitaros con un palo o con amor y espíritu de mansedumbre?